Para saber cómo será el futuro solo tienes que fijarte en qué presentan las grandes y pequeñas tecnológicas en ferias mundiales como el CES (Consumer Electronics Show), el MWC (Mobile World Congress) o Web Summit, entre otras. Pero hace unas décadas, para maravillar a propios y extraños sobre las novedades que veríamos en los próximos años existían las ferias mundiales. Una de ellas, la Feria Mundial de Nueva York de 1939, supuso un antes y un después gracias a una de sus exposiciones estrella, con el sugerente nombre de Futurama. Exacto, como esa gran serie animada en la que seguramente estés pensando.

Precisamente, la serie Futurama de Matt Groening recibió su nombre gracias a la exposición Futurama del mismo nombre. Diseñada por Norman Bel Geddes, Futurama fue la exposición estrella de la Feria Mundial de Nueva York de 1939. Su propósito, enseñar a sus visitantes cómo iba a ser el futuro de 1959/1960.

¿Hasta qué punto acertó en sus predicciones? ¿Cuáles fueron sus errores? ¿Hasta qué punto influyó en nuestra manera de ver el mundo y cómo inspiró a los diseñadores y arquitectos que vendrían durante todo el siglo XX? Bienvenidos a Futurama, “El mundo de mañana”.

Viajando al futuro sin moverte de tu ciudad

¿Recuerdas cuándo fue la última Exposición Mundial? ¿Y cuándo será la próxima? Es muy probable que no lo sepas. No es tu culpa. Lo que hoy conoce como “Expo” a secas, o “World Expo” ha perdido la importancia que tuvo en su momento. Las grandes ferias tecnológicas son hoy el principal aparador del futuro y las exposiciones mundiales han tenido que reinventarse. Solo hay que comparar el revuelo que causó en 1992 la Expo de Sevilla y cómo pasó prácticamente desapercibida la Expo de Zaragoza de 2008. En visitantes, casi 42 millones frente a 5,6 millones.

Las exposiciones mundiales surgen a mitad del siglo XIX con la industrialización. Los ingenieros ingleses sorprendieron al mundo entero con sus grandes máquinas que iban a revolucionar la manera de crear cosas. Desde la primera World Expo de 1851 en Londres, las exposiciones mundiales sirvieron para dar a conocer inventos, ingenios y tecnologías con las que solo podíamos soñar. Estamos hablando de una época en la que las noticias tardaban días o semanas en llegar. Y no a todas partes. Pero que tu invento estuviera en una Exposición Mundial suponía llegar a todo el mundo y encontrar inversores. Vamos, exactamente lo que ocurre hoy con las pequeñas startups que se quieren dar a conocer en las ferias tecnológicas en busca de público y dinero.

Y la Exposición Mundial de Nueva York fue una de las que más han calado en la cultura popular junto a otras como la Exposición Internacional de 1881. En la Expo de 1881 se habló por primera vez de domesticar la electricidad. Y en la Expo de 1939 se entrevió un futuro en el que la tecnología nos iba a poner las cosas más fáciles.

El futuro que llegó con Futurama

El 30 de abril de 1939 se inauguraba la Exposición Mundial de Nueva York. Un domingo caluroso. En su primer día, asistieron unos 206.000 visitantes. Cuando la Exposición cerró sus puertas, un 27 de octubre de 1940, había recibido un total de 44 millones de visitas. Su lema tenía intención, “The World of Tomorrow”, El Mundo de Mañana. Y entre las instalaciones de los más de 33 países participantes, una de las que más llamó la atención fue Futurama.

Futurama lo tenía todo para triunfar. Su patrocinador era General Motors Corporation, uno de los emblemas de Estados Unidos en aquel entonces y el segundo mayor fabricante de automóviles. Sólo superado por Ford Motors. Un gran patrocinador y un responsable de altura, el diseñador industrial Norman Bel Geddes. Un visionario que “construyó” una ciudad de 1960 y que viendo las fotografías de 1939, prácticamente dio en el clavo.

Gran parte de la instalación de Futurama se podía ver cómodamente sentado. Fuente: General Motors

Grandes rascacielos, autopistas interminables, automóviles a granel… Todo a lo grande. Y, curiosamente, esa idea de crecimiento imparable y vertiginoso previsto en 1939 se cumplió si vemos imágenes de cómo eran y son las grandes ciudades estadounidenses de hoy y de aquel lejano 1960. Incluso acertó en el diseño de los edificios y demás construcciones, con la omnipresencia del cristal en grandes ventanales y del cromo y otros metales en vehículos, edificios e infraestructuras.

La instalación Futurama ocupaba unos 3.251 metros cuadrados y fue considerada una de las maquetas más grandes construidas hasta ese momento. Para hacernos una idea de su tamaño, constaba de más de 500.000 edificios, un millón de árboles y 50.000 vehículos en movimiento. Y para disfrutar de Futurama, los visitantes no necesitaban moverse. Solo tenías que sentarte en un cómodo asiento que se movía lentamente para que pudieras ver todos los dioramas que conformaban Futurama. Y para disfrutar de las maquetas a distinta escala, la instalación jugaba con ventanales de distinta graduación.

Fotografía de Perisphere repleto de visitantes. Autor, Leo Husick. A la derecha, portada de la guía oficial de la Feria con Perisphere y Trylon. Fuente: The Henry Ford

Si Futurama era espectacular por dentro también lo era por fuera. El pabellón que lo albergaba era un globo blanco gigantesco. A él se entraba por unas escaleras y se salía por una rampa. El nombre de ese curioso edificio de 55 metros de diámetro era Perisphere y había sido diseñado por los arquitectos Wallace Harrison y J. Andre Fouilhoux. También habían diseñado Trylon, una estructura con forma de aguja que hacía las veces de escalera. Lamentablemente, hoy en día no puedes visitar estas estructuras porque sus materiales fueron usados para crear armamento para la Segunda Guerra Mundial. De ahí que solo existan fotografías en blanco y negro o ilustraciones de la época.

Un futuro, a lo grande, y automatizado

Espectacular por fuera y espectacular por dentro. Pero, ¿hasta qué punto acertaron Futurama y la Feria Mundial de Nueva York en retratar el futuro 1960 o nuestro actual presente? Más allá de las grandes avenidas repletas de automóviles y de los rascacielos impresionantes incluso para los estándares actuales, en Futurama se hacen propuestas muy interesantes para lidiar con semejantes estructuras gigantescas.

Para empezar, Norman Bel Geddes introduce algo que para nosotros es muy normal: las autopistas. En 1939 las ciudades todavía estaban conectadas por carreteras al uso. La introducción de las autopistas o autovías cambiaría en años venideros cómo se han ido ampliando las ciudades y cómo se han conectado entre ellas creando redes a lo largo y ancho del mapa, reduciendo las distancias gracias a las velocidades que se podían alcanzar en estas nuevas vías, más seguras y amplias que las carreteras convencionales.

El futuro que se podía ver en Futurama estaba repleto de buenas intenciones. Vehículos semiautomáticos controlados a distancia, instalaciones eléctricas para abastecer las necesidades del momento, granjas automatizadas, vehículos voladores para uso privado… Toda una amalgama de deseos que debían hacerse realidad en 1960 y que, en parte, hoy en día vemos como algo normal. Y otras novedades que no han llegado a nuestros días como debería. Y es que en la ciudad de Futurama, las personas podían circular libremente por las calles y por los puentes que cruzaban los carriles sin verse interrumpidos o amenazados por la omnipresencia de los automóviles.

El legado de Futurama

Como hemos visto, queda mucho de la Feria Mundial de Nueva York y de Futurama en el mundo que vivimos. Claro está, sin la inocencia, las buenas intenciones y el optimismo que reinaba en aquel lejano 1939. Hoy, las ciudades siguen creciendo pero se enfrentan a la reivindicación del espacio por parte del ciudadano de a pie frente a un automóvil que ha sido el centro durante demasiado tiempo.

Tras el cierre de la Feria en 1940, prácticamente todas las instalaciones fueron desmanteladas por las necesidades bélicas que vendrían. En el recuerdo, fotografías de la época recopiladas en varios libros. Algunos de ellos difíciles de encontrar, salvo en algunas bibliotecas, como la guía oficial, “Official Guide Book 1939 New York Worlds Fair”.

Otro ejemplo del impacto de Futurama en la sociedad de entonces fue la atracción de Disneyland Tomorrowland. Inaugurada en el verano de 1955, tuvo el apoyo y participación de empresas como Monsanto o American Motors. Curiosamente, esta atracción predecía un futuro situado en 1986.

Con los años, esta atracción se ha ido actualizando. Lo mismo ocurrió con Futurama, que fue recordada en la Feria Mundial de Nueva York de 1964. El pabellón de General Motors incluyó una atracción llamada Futurama o La Nueva Futurama. Pero, claro está, no fue tan relevante como su equivalente de 1939.