La pandemia de coronavirus ha disparado las ventas de termómetros. Es curioso, pues casi todo el mundo tenía antes uno en casa. Sin embargo, de repente parece necesario usar esos de infrarrojos que vemos tan frecuentemente a la entrada de colegios, centros sanitarios o teatros. No es indispensable, ni siquiera si te has contagiado de coronavirus. Lo que sí puede ser una buena inversión para quienes han contraído la enfermedad es un pulsioxímetro.

Estos dispositivos se colocan en el dedo para medir tanto el pulso como la saturación de oxígeno. Lo primero, en realidad, podemos medirlo nosotros mismos sin necesidad de aparatos. No obstante, para lo segundo sí que los necesitamos. Y es importante, ya que este parámetro es un claro indicador de la gravedad de la COVID-19.

Es algo que ya se sabía, pero un nuevo estudio, publicado en Influenza and Other Respiratory Viruses, pone aún más de manifiesto la necesidad de medirlo y, sobre todo, de saber a qué niveles debe ser un motivo de alarma.

Lo que te cuenta el pulsioxímetro

En abril de 2020, un equipo de científicos japoneses analizó el caso de varios de los pacientes infectados con coronavirus en el crucero Diamond Princess. Muchos habían pasado la enfermedad asintomática. Sin embargo, cuando se les realizó una radiografía de tórax, se comprobó que algunos tenían lesiones pulmonares que evidenciaban que habían tenido un aporte insuficiente de oxígeno durante la infección.

En aquella época ya empezaba a descubrirse uno de los efectos más peligrosos del SARS-CoV-2: su sigilo. Muchos pacientes no mostraban falta de aire, ni tos, pero cuando se les colocaba un pulsioxímetro se veía que la saturación de oxígeno era muy baja. Esto indica que no estaba llegando suficiente oxígeno a su sangre. Es un efecto que puede ser fatal si no se trata a tiempo. Por eso, se comenzó a recomendar que se utilizaran este tipo de dispositivos con pacientes infectados, especialmente si se trataba de ancianos y otros enfermos de riesgo.

Como resultado, las ventas de oxímetros y pulsioxímetros también comenzaron a ascender. Y ahora, tras los resultados de un nuevo trabajo, realizado por científicos de la Universidad de Washington, podemos ver que fue una buena decisión.

Dos parámetros muy relevantes

Este estudio se realizó con 1.095 pacientes que habían sido hospitalizados por COVID-19. La mayoría de ellos no lo hicieron en el momento del diagnóstico, sino después de un empeoramiento durante el aislamiento domiciliario.

Los casos se volvieron especialmente graves cuando la saturación de oxígeno estaba por debajo del 91%

Por eso, estos científicos analizaron qué parámetros se vincularon con un peor pronóstico de la enfermedad. Concretamente, se centraron en la temperatura, la frecuencia cardíaca, la presión sanguínea, la saturación de oxígeno y la frecuencia respiratoria. Solo estas dos últimas se encontraron fuertemente vinculadas a la mortalidad. Y lo peor es que en muchos casos se detectaron sus resultados anormales demasiado tarde. Pero antes de nada, ¿qué resultados se consideran preocupantes?

Según explican en un comunicado los autores de esta investigación, los datos que se asociaron a una mayor gravedad fueron la saturación de oxígeno al 91% o menos y la frecuencia respiratoria a partir de 23 respiraciones por minuto.

Ambas pueden medirse fácilmente en casa, la primera con un oxímetro o un pulsioxímetro y la segunda contando las veces que asciende el abdomen en un minuto. No obstante, son parámetros que tendemos a vigilar menos que la fiebre, por ejemplo.

Por lo general, cuando alguien recibe un diagnóstico de COVID-19 se le dice que acuda inmediatamente al hospital si empieza a padecer problemas para respirar. Pero esos problemas no son siempre perceptibles. Por eso es tan importante vigilar ambos parámetros.

¿Por qué es importante detectarlo cuanto antes?

Cuando un paciente llega al hospital con una saturación de oxígeno baja. se le suministra oxígeno suplementario, para intentar mantenerla entre un 92% y un 96%. Sin embargo, cuando ingresan porque esos problemas respiratorios ya se han hecho perceptibles, suelen tener ya un 91% o menos y eso es algo más difícil de remontar. Además, los daños pulmonares serán más notables.

La fiebre y enfermedades como la EPOC pueden bajar la saturacion de oxígeno sin que sea motivo de alarma

Por eso, es importante usar el pulsioxímetro en casa para evitar llegar a esas cifras. Lo normal se considera entre 95% y 100%, aunque ciertos factores, como la fiebre, y enfermedades como la EPOC pueden reducir el porcentaje sin que sea un indicador de mayor preocupación. Además, cabe destacar que los valores de un oxímetro de los que se venden para uso domiciliario pueden arrojar también resultados algo más bajos. De cualquier modo, ante una bajada brusca, muy por debajo de esos niveles considerados normales, se debe consultar siempre a un médico. 

Es importante, porque, según este estudio, los pacientes que ingresaron con un 91% o menos tuvieron un riesgo de mortalidad entre 1,8 y 4 veces mayor. En cuanto a la frecuencia respiratoria rápida y superficial, por encima de 92 respiraciones por minuto, la probabilidad fue entre 1,9 y 3,2 veces mayor.

Esto no significa que debamos obsesionarnos y consultar nuestra saturación de oxígeno a diario. Pero sí es recomendable que lo hagan quienes han tenido un diagnóstico positivo, del mismo modo que se controlan la fiebre. Eso sí, antes de usar un pulsioxímetro, recuerda no llevar las uñas pintadas. Si las llevas el resultado puede darte un susto, que claramente no tendrá nada que ver con tu saturación de oxígeno real. 

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