Una de las teorías más aceptadas sobre el origen de la vida en la Tierra es la que afirma que los ingredientes necesarios para que se produzca llegaron hasta el planeta directamente desde el espacio, a bordo de asteroides y cometas. Por eso, son muchos los científicos que han centrado su trabajo en buscar esas sustancias indispensables para la vida a lo largo y ancho del espacio.

No es fácil, como es lógico, pero ya se han encontrado algunos, como la hidroxilamina o el ácido tiofórmico. Ahora, un equipo internacional y multidisciplinar de científicos, liderado por Víctor M. Rivilla, del Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA), ha dado con otro más. Y no uno cualquiera. Se trata de un componente muy importante, ya que juega un papel importante en la síntesis de las membranas que componen las células de los seres vivos. 

Un nuevo ingrediente para hallar el origen de la vida

Existen seis elementos que se consideran indispensables para que exista la vida: el carbono, el hidrógeno, el oxígeno, el nitrógeno, el fósforo y el azufre. Con ellos como ingredientes, se fabrican los tres compuestos moleculares necesarios para que podamos hablar de vida: los lípidos, que forman las membranas, el ARN o el ADN, que contienen la información genética, y las proteínas, que median los procesos metabólicos necesarios para el desarrollo y el buen funcionamiento de un ser vivo. 

La etanolamina es el compuesto que acaban de descubrir en el espacio interestelar estos científicos y contiene los cuatro primeros elementos de la lista anterior. Pero eso no es lo único que lo hace especial para explicar el origen de la vida.

También es un precursor del aminoácido glicina. Es decir, una sustancia indispensable para que se den los procesos que llevan a la síntesis de la glicina. Sin él, no existiría. No debemos olvidar que los aminoácidos son esos ladrillitos que constituyen las proteínas, por lo que juegan un papel muy importante en la receta de la vida. Por otro lado, la etanolamina forma parte de los fosfolípidos más simples que componen las membranas celulares. Estas membranas tienen la función de mantener estable el interior de las células, protegiendo su contenido. Queda claro, por lo tanto, que este es un descubrimiento clave para conocer el origen de la vida en nuestro planeta. ¿Pero cómo llegaron hasta él?

Centro de Astrobiología del CSIC

Una aguja en un pajar

Buscar sustancias esenciales para explicar el origen de la vida en la inmensidad del espacio es como dar con una aguja en un pajar. Afortunadamente, hoy en día los científicos disponen de herramientas de gran ayuda para lograrlo. Es el caso del radiotelescopio IRAM, que con sus 30 metros de diámetro se encuentra en el pico del Veleta, en Granada. Y también de otro más grande, de 40 metros, ubicado en el Observatorio de Yebes, en Guadalajara. Ambos sirvieron para desentrañar el rastro químico de la etanolamina, alojada en la nube molecular G+0.693-0.027, en el centro de nuestra galaxia.

El hallazgo fue posible gracias a telescopios ubicados en Granada y Guadalajara

Se encontraba en gran abundancia, cosa que, al compararlo con la abundancia del agua, lleva a pensar que debió formarse inicialmente allí, en el espacio, y luego transferirse a los gránulos que componen los asteroides. Después, algunos de ellos colisionarían con la Tierra, dejando como regalo esta sustancia.

De hecho, una de las autoras del estudio, Izaskun Jiménez-Serra, ha explicado en un comunicado de prensa que sospechan que en este proceso podrían haberse transferido a nuestro planeta unos mil billones de litros de etanolamina. Esto equivale al volumen total del lago Victoria, en África, por lo que no es poca cosa. 

Lógicamente, y por muy evocador que resulte, este estudio, que se acaba de publicar en PNAS, no habla de la existencia de vida extraterrestre. Al menos no como podríamos imaginarla. Pero sí es cierto que no solo sirve para explicar el origen de la vida en la Tierra. También pone en evidencia que por un proceso similar podrían haber surgido organismos vivos en otros planetas y satélites habitables. Al fin y al cabo, para tener vida se necesitan los ingredientes y las condiciones. Muy someramente, es como hacer un bizcocho. Hacen falta harina, huevos, leche, azúcar y levadura. Pero también un horno.

La búsqueda de exoplanetas habitables sirve para dar con los hornos en los que esos ingredientes podrían cuajar. Solo hace falta comprobar si algún cometa o asteroide los dejó allí, listos para amasar. Si aquí se dieron ambas condiciones, podrían darse en otro punto del universo. ¿Dónde? No lo sabemos, pero son muchos los científicos que ya han empezado a buscar.

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