¿En qué parte de la nevera guardas los huevos? La respuesta a esta pregunta puede parecer algo obvio. Al fin y al cabo, es en la puerta donde se encuentra la bandeja con huevera destinada a colocarlos. Sin embargo, si tu respuesta ha sido esa resulta que llevas toda tu vida cometiendo un error de seguridad alimentaria.

Se debe a que estos alimentos son muy sensibles a la proliferación microbiana y los cambios de temperatura no les sientan nada bien. La puerta de la nevera es el lugar en el que más se notan estos cambios cada vez que abrimos y cerramos el electrodoméstico. Por eso, podrían contaminarse fácilmente. Pero entonces, ¿dónde tenemos que guardarlos exactamente?

Seguridad alimentaria en los estantes de la nevera

La seguridad alimentaria es uno de esos asuntos que creemos que controlamos hasta que empezamos a leer un poco sobre ella. 

Cada vez estamos más concienciados sobre el problema de tomar los huevos crudos, pero aún nos faltan conocimientos de seguridad alimentaria

En el caso de los huevos, gracias a multitud de divulgadores científicos, en la actualidad estamos mucho más concienciados. Pero a veces no lo suficiente. 

Por ejemplo, en una encuesta realizada en 2017, se preguntó a los participantes si consumían huevos crudos. El 84% dijo que no, mostrando un claro conocimiento sobre este tema. Sin embargo, cuando se les preguntó si solían lamer una espátula llena de masa cruda de bizcocho o cualquier otro producto similar, el 86% reconoció haberlo hecho.

Algo parecido ocurre con el tema de los huevos en la nevera. Sabemos que son alimentos que no deben mantenerse crudos, que hay que lavarse las manos después de su manipulación y que es importante limpiar las superficies sobre las que se utilizan. Pero seguimos guardándolos en la puerta. Y no es del todo nuestra culpa, puesto que la huevera del frigorífico sigue colocada ahí. 

Por eso, deberemos hacer caso omiso del lugar en el que se coloca este utensilio y disponer los huevos en su envase original, al fondo de la nevera, a ser posible en la balda superior. 

Cosa de la condensación

Foto por Jakub Kapusnak en Unsplash

Los huevos cuentan con una cáscara porosa sobre la que puede haber multitud de microorganismos, como bacterias del género Salmonella. Los cambios bruscos de temperatura al abrir y cerrar la puerta de la nevera favorecen que se generen gotas de condensación, que pueden arrastrar los microbios hacia el interior del huevo a través de los poros.

Esta es la razón por la que en los supermercados se encuentran a temperatura ambiente. Si estuviesen en el frigorífico, los mantuviéramos a temperatura ambiente en el trayecto hacia casa y, una vez allí, los volviéramos a guardar en frío, estaríamos favoreciendo ese proceso que tanto queremos evitar.

Los cambios de temperatura favorecen la condensación, que penetra por los poros de la cáscara

También es el motivo por el que se desaconseja lavar los huevos cuando se compran. De hecho, no debemos manipularlos hasta el momento en que los vayamos a utilizar. Lo correcto es introducir el envase cerrado en la nevera e ir sacando los huevos de uno en uno a medida que nos hagan falta, sin sacar toda la caja cada vez que nos hagan falta. 

Otros consejos para la correcta manipulación de los huevos

Además de todo lo relacionado con los cambios de temperatura en la puerta de la nevera, también debemos evitar la contaminación cruzada con los huevos. 

Por eso, es importante seguir otras medidas, como no cascarlos en el mismo recipiente en el que los vamos a batir, hacer esto último con suavidad para evitar salpicaduras y, por supuesto, lavar todas las superficies y utensilios empleados. Además, nosotros mismos tendremos que lavarnos las manos cada vez que utilicemos huevos, incluso si no nos manchamos con el interior. El simple hecho de tocar la cáscara ya hace necesario lavarnos, por mucho que nos parezca a simple vista que están limpios.

En definitiva, nuestra concepción de los huevos ha cambiado con los años. Poco a poco se han liberado de ese Sanbenito con el que cargaban en relación al colesterol. Hoy sabemos que su consumo moderado es totalmente correcto en una dieta saludable. Pero es que además están buenísimos. Podemos disfrutarlos de multitud de maneras: en tortilla, escalfados, fritos, cocidos… Disfrutemoslos en todas sus versiones, pero siempre intentando que sea de forma segura.