De amor y monstruos (Love and Monsters) parece una película sencilla, pero no lo es. En el mundo de Joel Dawson (Dylan O’Brien), el apocalipsis que arrasó con el mundo, no es el mayor de sus problemas. Lo es, el desarraigo y la soledad que le acompañan desde que la civilización cayó, víctimas de espeluznantes criaturas. Sobreviviente casi accidental, es también, la voz narradora de una aventura atípica que convierte el largometraje en una singular mirada sobre lo humana. 

De hecho, el director Michael Matthews, plantea su historia desde lo inevitable. ¿Qué harías en medio de la soledad y el aislamiento más absoluto, para encontrar alguien más?. ¿Qué tanto arriesgarías para encontrar ese ansiado contacto humano?

Por supuesto, las comparaciones con lo que ha soportado buena parte del mundo en medio de la pandemia, son inevitables. Pero el director está más interesado en las motivaciones de sus personajes, que en el contexto que le rodea.

De modo que a pesar de su aire de aventura trepidante y drama adolescente, hay un evidente interés por las dimensiones del sufrimiento emocional. Al final, la película y a pesar de toda su pirotecnia de efectos especiales y criaturas espeluznante, es una historia humana. Y esa es quizás su mayor fortaleza. 

Además, para Matthews, el apocalipsis es una región en la que explora ideas concretas sobre nuestra civilización. Al contrario de lo que podría pensarse, no se trata de un paisaje devastados. Es un despliegue de imaginación y entusiasmo narrativo, De amor y monstruos (Love and Monsters) está más interesada en enormes monstruos, que subvierten la realidad. 

La escala y el tamaño es importante en la película, lo mismo que el carisma de sus personajes para hacer creíble una premisa disparatada. Pero de una u otra forma, el film encuentra su ritmo y tono, en una multiplicidad de dimensiones que sostienen una narración extravagante. 

De amor y monstruos (Love and Monsters)

'De amor y monstruos (Love and Monsters)': El fin del mundo a la vuelta de la esquina

Durante los últimos meses, los medios de comunicación han explotado la idea del fin de mundo. Y lo han hecho, en una serie de imágenes asépticas de calles vacías y rostros cubiertos con máscaras. Pero De amor y monstruos (Love and Monsters) mira en otra dirección y de pronto, un tema sensible alcanza una estatura casi humorística, sin serlo. Desde caracoles monstruosos, insectos inclasificables y ciempiés terrorífico, el final de la raza humana viene por cortesía de un fenómeno casi mitológico.

De modo que Joel, sobreviviente al 95% de la población mundial y buen cocinero, es en realidad un chiste ingenioso sobre la tragedia. Lo es, porque en mitad de una situación monstruosa —nunca mejor utilizado el término— es también el sentido de la realidad. 

Entre equipos de compañeros con habilidades para la lucha y habilidades estratégicas, Joel es una rareza. Lo es además, como personaje en medio de un universo dominado por la fuerza física y la astucia embrutecida.

Matthews juega con las posibilidades y echa un cable a tierra para sustentar su hipótesis. ¿Qué tan humanos somos cuando el mundo que conocimos ya no existe?. También es un golpe de efecto que el apocalipsis no tenga una explicación. Joel y el resto de los seres humanos que deambulan por el mundo, ya no se hacen preguntas. 

Monstruos, amor y una sopa minestrone

De amor y monstruos (Love and Monsters)

La supervivencia, es entonces, una cualidad inevitable. Tanto, como huir de las criaturas que amenazan o aceptar que hace siete años, la realidad se desplomó para no reconstruirse de nuevo. ¿Hay evidentes paralelismos con el mundo actual? 

La cuarentena mundial creó un nuevo tipo de ciudadano a la sombra, que ya se habituó al confinamiento y asume el futuro con pesimismo. Y la película de Matthews no sólo pondera sobre esa necesidad de seguir — a pesar de todo — sino que le brinda un lustre brillante e inteligente. 

Esta no es una película de monstruos. O lo es, pero en realidad las criaturas peligrosas que diezmaron la humanidad, son un bosque confuso que empuja hacia algo más esencial. Lo que realmente importa al director es dejar claro que De amor y monstruos (Love and Monsters), explora otras cuestiones más allá de la supervivencia. 

¿Por qué hacemos lo que hacemos en situaciones críticas?. ¿Qué nos empuja a correr riesgos y a buscar un objetivo en medio del caos? Son cuestionamientos ambiciosos que se extienden durante el argumento pero que no se responde de inmediato. Y allí radica la efectividad para concebir un argumento que podría ser trivial, a no ser por lo algo fundamental. 

Su negativa a mostrar al superviviente como víctimas de las circunstancias. Joel, en toda su gloria discreta, solitario, nervioso y aterrorizado, es una mirada al desastre. Una lo suficientemente consistente como para resultar creíble e incluso, entrañable.

'De amor y monstruos (Love and Monsters)': el riesgo del amor a la distancia de un monstruo

Pero a pesar de sus intentos de pasar el apocalipsis alejado de problemas y en soledad, Joel es sólo un adolescentes. Y lo demuestra, cuando decide correr el riesgo de abandonar zona segura, sólo para ver a Aimee (Jessica Henwick), una de antigua compañera de clases. 

La película juega con la noción de las razones por las que corremos riesgos y de hasta que punto, estamos decididos a correrlos. Una idea interesante en medio del cine actual, que muestra héroes sin dudas, más trágicos que sólo nerviosos y naturalmente aterrorizados.

Pero Joel toma la decisión de correr en la dirección de Aimee, no obstante el miedo y a pesar de todos los obstáculos que encontrará antes o después. Y aunque el tono de la película es más humorístico que crispado, más angustiado que severo, logra un equilibrio interesante. Este héroe que no lo es en absoluto, subvierte por completo el orden de la idea sobre la valentía. En medio de una época de superhéroes infalibles u otros con aspecto casi místico, Joel es una bocanada refrescante de aire fresco.

Porque Joel no intenta salvar el mundo, ni tampoco va en busca de una cura milagrosa ni sus motivaciones son ideales. Corre a través de monstruos, peligros y criaturas que podrían devorarle de una bocanada por amor. ¿Parece una razón sencilla y cursi?.

Matthews pondera la idea y crea en De amor y monstruos (Love and Monsters) un conflicto curioso. ¿Qué es realmente valioso cuando todo lo que conocías dejó de existir? ¿Qué deseas obtener cuando cada cosa que conferías importancia desapareció?

De amor y monstruos (Love and Monsters)

En un mundo de pantallas, teleconferencias y teletrabajo, en que la vida social desapareció y la realidad se subvierte, esas son buenas preguntas. La película las plantea desde la conexión con la percepción de la emoción, de los motivos para correr peligro. 

Y lo hace desde la ciencia ficción y toques de horror fantástico que asombra por su buen hacer. Joel corre en busca de una chica a la que apenas conoce, pero representa para él, todo lo que el mundo fue alguna vez. 

El argumento está interesado en mostrar que todos, en algún punto, somos héroes de pequeñas épicas. Sin duda, el centro medular de una narración intrigante, entrañable y al final, poderosa incluso en sus modestas aspiraciones. Un humilde batalla por sobrevivir cada día. Algo que ahora mismo, nos resulta más familiar de lo que cualquiera querría reconocer.

'De amor y monstruos (Love and Monsters)' en Netflix y algunos cines

De amor y monstruos (Love and Monsters) se estrenó en octubre de 2020 en algunos cines, pero finalmente ha llegado a plataformas de streaming, incluyendo Netflix en su distribución internacional. En épocas de pandemia, parece ser la forma más sensata de ver la película, que ha sido nominada a los Premios Oscar por mejores efectos visuales.