Resulta muy divertido ver los típicos vídeos de Tik Tok de perritos andando sobre dos patas. Cambia el perrito por un adorable conejo blanco y tendrás un éxito seguro. El problema es que, más allá de lo simpáticos que puedan parecer estos animales, los conejos equilibristas en realidad tienen un problema que les hace la vida muy difícil.

No es un truco de circo. Estos conejos pueden apoyar todo su cuerpo sobre el suelo cuando están quietos; pero, a la hora de saltar, les resulta imposible el impulso con sus patas traseras. Lógicamente, esto dificulta que puedan desplazarse para alimentarse o huir ante cualquier peligro. Todo eso sin contar que podrían tener otros síntomas relacionados. Por eso, un equipo de científicos del University College, de Londres, se ha afanado en buscar el origen genético de su padecimiento. Y parece ser que lo han conseguido.

La triste historia de los conejos equilibristas

En 1935, el veterinario francés Etienne Letard comenzó a estudiar la que parecía una curiosa raza de conejos, incapaces de saltar con normalidad. En sus diarios, escribió que se desplazaban “exactamente como un equilibrista humano se mueve sobre sus manos”.

Podría parecer divertido, pero imaginémonos una vida condenados a desplazarnos siempre haciendo el pino. Algo así es lo que le ocurre a estos conejos, bautizados sauteur d’Alfort (saltador de Alfort) en honor al lugar en el que se estudiaron por primera vez: la Escuela de Veterinaria de Maisons-Alfort.

Letard había observado que, cuando se cruzaban con otros conejos, una parte de su descendencia tenía la misma habilidad, sin haber recibido ningún tipo de adiestramiento. Lógicamente, con esta tara eran incapaces de vivir solos en la naturaleza, por lo que solo se conservaron los que se mantuvieron en cautividad para su investigación. Una investigación que, de hecho, no terminó de llegar a buen puerto.

Estos conejos no pueden sobrevivir en la naturaleza

Medio siglo después, en 1990, otro veterinario francés, Samuel Boucher, tomó el relevo de Letard cuando llegó a Maisons-Alfort como residente. Al realizar nuevos cruzamientos, observó que la distribución de la descendencia saltadora y no saltadora se correspondía con la genética mendeliana. Concretamente, con la herencia recesiva de un gen. No sabía cuál, pero estaba dispuesto a buscarlo, ya que no solo podría ayudar a entender qué le ocurría a estos conejos. También podría ser útil para comprender mejor los mecanismos que llevan a algunas patologías humanas, como la enfermedad de Charcot-Marie-Tooth.

De la genética a los vídeos de Tik Tok

Cuando dos individuos se cruzan, los progenitores aportan a la descendencia un alelo de cada uno de sus genes. Estos alelos componen las diferentes alternativas que pueden darse en un mismo gen y, según como se combinen, darán lugar a un resultado u otro.

Pueden ser alelos dominantes o recesivos. Como su propio nombre indica, los primeros dominan sobre los segundos, de modo que si la descendencia recibe uno de cada tipo, mostrará la cualidad  correspondiente al dominante. Esto es algo conocido como fenotipo. Imaginemos por ejemplo el color del pelo de unos ratones, en los que el marrón es dominante y el blanco es recesivo. Los alelos suelen representarse como letras mayúsculas, si son dominantes, y minúsculas, si son recesivos. Hemos visto que cada gen se compone de dos alelos, por lo que, las combinaciones posibles, si usamos por ejemplo la letra ‘a’, son : AA, Aa y aa. Los dos primeros serán marrones, ya que el primero solo tiene esa opción y en el segundo el marrón domina sobre el blanco. La tercera opción, por lo tanto, será la única de color blanco.  

La herencia es recesiva, por lo que los conejos saltadores deben recibir dos copias mutadas del gen

Todo esto lo descubrió en el siglo XIX el fraile Gregor Mendel con sus famosos cruces con guisantes. 

Cuando un individuo tiene para un gen dos alelos iguales (AA o aa) se dirá que es homocigoto. En cambio, si tiene uno de cada (Aa), será heterocigoto. Sabiendo todo esto, haciendo cruces y viendo el porcentaje de los diferentes fenotipos que se da en la descendencia, se puede saber si estamos ante un caracter de herencia dominante o recesiva. Por eso, lo primero que hizo Samuel Boucher fue cruzar conejos saltadores con no saltadores y luego cruzar la descendencia entre sí. Así, al analizar las proporciones, se llegó a la conclusión de que la herencia era recesiva. Es decir, para que un conejo resultara ser un sauteur d’Alfort, ambos progenitores debían aportarle un alelo a. 

Ya sabía que no era un truco aprendido, perfecto para vídeos de animales en la entonces inexistente Tik Tok. Se trataba de un problema genético. ¿Pero en qué gen?

Se estrecha el cerco

Las últimas pesquisas sobre el origen genético de los conejos saltadores de Alfort han llegado en un estudio, recién publicado en PLOS Genetics, del que ha formado parte de nuevo el propio Boucher.

Lo primero que hicieron en él fue cruzar un macho de conejo saltador con una hembra de la raza blanca de Nueva Zelanda, cuyo salto es totalmente normal. Luego, al cruzar la descendencia entre sí, se obtuvieron 52 conejos, de los que el 23 por ciento portaba dos copias del gen mutante similar al padre original. Esto se correspondía con la herencia recesiva. Una vez confirmado esto, se pasó a secuenciar el genoma, en busca del gen responsable.

Los hallazgos confirman otros estudios realizados con ratones

Así, encontraron una mutación en un gen RORB. Estos genes llevan las instrucciones para la síntesis de proteínas con funciones relacionadas con el sistema nervioso. En el caso concreto de esta mutación, si la descendencia heredaba las dos copias mutadas, se generaba la carencia total de unas proteínas de la médula espinal. Esto derivaba en la típica incapacidad para saltar de los conejos de Alfort. Estos resultados, además, apoyan los obtenidos anteriormente en experimentos con ratones. 

Los autores sostienen que necesitan estudiar más a fondo las funciones de estos genes, para saber cómo se relacionan con estos conejos, pero de momento solo han encontrado relación con esta mutación, que se ha convertido en una firme candidata. 

En cuanto a los perros de los vídeos de Tik Tok, no tienen el mismo problema que estos conejos. Normalmente sí son trucos aprendidos, pero eso no lo hace más inocuo. No olvidemos que ciertos adiestramientos de los animales influencers llevan detrás un duro entrenamiento que puede costarles la salud. ¿Realmente vale la pena?

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