Desde su publicación, la trilogía Chaos Walking de Patrick Ness fue considerada una de las historias más curiosas de la ciencia ficción publicada en los últimos década. Con su inevitable etiqueta para “para adultos jóvenes”, también aseguraba llamar la atención de las grandes productoras hollywoodenses. Después del éxito de franquicias como Harry Potter y Los Juegos del Hambre, la industria se encuentra en la búsqueda de la siguiente gran saga. Y la obra de Ness, con su buen uso de la distopía y el conflicto emocional, parecía ser la candidata ideal para serlo.

En 2021, la serie comenzó su gran recorrido hacia un éxito masivo. Lionsgate compró los derechos de Chaos Walking y contrató a Charlie Kaufman para la adaptación. ¿El motivo? La obra tenía un fuerte ingrediente introspectivo, basado en el tránsito interior de sus personajes, algo en lo que Kaufman es un especialista. La historia de Ness se basa en un futuro en los que los pensamientos pueden escucharse, en un flujo constante de imágenes y sonidos llamados escuetamente “Noise”. La especulación sobre algo semejante (además, en un escenario violento), parecía ideal fórmula ideal para que el guionista pudiera crear un extraño paisaje narrativo. 

Pero, ya fuera porque Kaufman fue incapaz de traducir a pantalla algo semejante o que simple perspicacia del guionista, abandonó el proyecto seis meses después. El proyecto comenzó entonces un largo recorrido accidentado de aplazamientos, cambios de productores, dos nuevos guionistas y finalmente, un director poco entusiasta. Doug Liman comenzó a filmar en el 2017 y desde los primeros meses, la producción atravesó todo tipo de inconvenientes y obstáculos creativos. Al final, el conflicto alrededor del set parece haber afectado el resultado definitivo. Chaos Walking es una combinación torpe, poco efectiva y confusa de lo que pudo ser algo mucho mejor y más profundo.

‘Chaos Walking’, un caos sin pies ni cabeza

Tal y como su trailer contó meses atrás, la premisa de los pensamientos convertidos en “ruido blanco” se mantiene intacta desde el libro, pero Liman parece incapaz de sacar provecho de ella. Tampoco lo hace del masivo genocidio femenino que se insinúa y que por necesidad, debería dar un toque cultural concreto a la narración. En lugar de eso, la historia sorprende por su incapacidad para ser otra cosa que un desfile de efectos visuales deslumbrantes, sin mayor sentido. Por supuesto, resulta incluso comprensible después de que la historia pasara nada menos que por seis guionistas. 

Desde Kaufman con la reescritura del guion, incluyendo a Jamie Linden, el propio Patrick Ness, Lindsey Beer, Gary Spinelli hasta John Lee Hancock. Al final, el argumento es un caos narrativo desde sus primeras secuencias. Y es notoria la necesidad de unir las piezas en algo comprensible, sin que Liman lo logre o tenga un momento inspirado en medio del desorden. Chaos Walking es apenas una combinación de situaciones y escenas que juntas entre sí, no parecen tener el más mínimo objetivo.

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Por supuesto, en una historia en que un interminable monólogo interior se traslada al ámbito visual, los efectos especiales lo son todo. O al menos, su pulcritud sería un requisito indispensable para la forma en que se sostiene la historia. Pero Chaos Walking atraviesa un escenario artificial, fruto de una batería de efectos especiales poco efectivos. 

Es inevitable preguntarse en dónde se encuentra la inversión astronómica de 125 millones de dólares. Desde el aspecto deslucido de la ambientación, hasta la forma de expresar la idea global del pensamiento “material”, Chaos Walking tiene una apariencia incompleta y brumosa. La premisa que pudo mostrar de manera singular el mundo de sus personajes, termina por ser una confusión de colores en medio de un diseño pobre. 

Tom Holland en su peor actuación

El escenario post apocaliptico presenta a Todd (un tedioso Tom Holland) que debe enfrentar la más inexplicable situación. No solo sus pensamientos adolescentes son visibles y pueden ser escuchados por cualquiera, sino que no hay mujeres a su alrededor. La combinación crea una cultura en que la masculinidad tiene relación con demostrar el poder individual

Pero no a través de luchas ni tampoco de la competencia, sino en una tierra intermedia brumosa entre la reafirmación y algo más básico. Un atributo borroso que el guion no llega a determinar. ¿Qué es la virilidad en medio de un mundo arrasado? La historia no lo muestra. 

De hecho, durante la tediosa primera hora, Chaos Walking parece más interesado en seguir a Todd sin que la acción parezca conducir a ninguna parte. Además, el guion plantea a este héroe incómodo, como uno que busca el motivo de su necesidad por el silencio. Liman, que toma referencias a varias de sus películas con personajes que enfrentan el sistema como pueden, sostiene al personaje de Holland desde el desconcierto.

Todd tiene un inevitable parecido con el Jason Bourne de The Bourne Identity o el William Cage de Tom Cruise de Edge of Tomorrow. Y sin duda, el director toma un poco de sus films más conocidos, para crear la sensación de destino inevitable. Como Jason y Cage, Todd debe encontrar una forma de superar a este Nuevo Mundo, ambientado en un lejano, retrofuturista y violento 2257 D.C. 

Pero en esta sociedad de hombres nada parece funcionar como debería. Desde los padres de Todd, Ben (Demián Bichir) y Cillian (Kurt Sutter), hasta el alcalde Prentiss (Mads Mikkelsen), los sobrevivientes luchan contra la desesperanza. También lo viril es un riesgo. En especial, cuando la falta de mujeres hace que la demostración de un atributo semejante carezca de sentido. De hecho, tiene más relación con el control del “ruido” (o la necesidad de silencio) en medio de una sociedad sin secretos. En varios de sus momentos más logrados, el guion utiliza la idea como un puente entre situaciones. Pero la ambición de contar a la vez docenas de situaciones a la vez implosiona la película desde su nudo argumental. 

Los inevitables clichés

Todo lo anterior parece hacerse aún más complicado (si era posible) en Chaos Walking cuando una ¿nave? ¿barco espacial? se estrella en Nuevo Mundo. ¿La única sobreviviente? Viola (una Daisy Ridley que repite línea a línea su papel como Rey), a la que Todd debe rescatar para evitar sea asesinada. De pronto la película entra en su punto más confuso. Nadie logra explicar por qué una sociedad masculina desea matar a la única mujer (y por tanto, esperanza de reproducción). O el motivo por el que todos se moviliza en busca de atacar a Todd por el solo hecho de desear silencio. Incluso algo tan simple como ocultar que sus hormonas adolescentes estallan como fuego pirotécnico a su alrededor. 

La huida de Viola y Todd se convierte entonces en el centro de la película. Y Liman, como en varias de sus producciones anteriores, se dedica a seguirles con un considerable tedio creativo. El poco interés que podía haber generado la historia se desploma y se transforma en algo más absurdo, extraño y sin sentido. Como si se tratara de una caótica línea en la que se intentan fusionar una docena de temas distintos

Al final, con su extraño aire de parodia involuntaria de películas como I’m Legend y Children of Men, Chaos Walking es tan inclasificable como aburrida. Quizás lo que más desconcierta en una película que juega con el asombro y una supuesta provocación como principal baza. 

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