La inteligencia de los perros no es tan legendaria como la de otros animales, como los delfines, aunque sí es cierto que son bastante listos. Eso sí, unos más que otros. Suelen aprender por refuerzo, como bien demostró Pavlov en su famoso experimento. No obstante, a unos les cuesta más trabajo que a otros.

Es algo que han podido comprobar las personas que trabajan en centros de acogida de mascotas o que simplemente tienen muchos perros en casa. Con todos ellos han utilizado los mismos métodos, para enseñarles a dar la patita o a traer la pelota, pero los resultados suelen ser muy dispares, especialmente si son de razas diferentes. Si solo tienes un amigo peludo y no cuentas con otros con los que comparar, puede que te estés preguntando cómo de inteligente es el tuyo.

Lo primero que debes tener en cuenta es que no importa. Sea cual sea su inteligencia, será un amigo incondicional, como seguramente ya habrás comprobado. Si, de todos modos, sigues queriendo saberlo, puedes reproducir en casa los experimentos llevados a cabo recientemente por un equipo de científicos de la Universidad Eötvös Loránd, de Budapest.

Experimentos para medir la inteligencia de los perros

En este estudio, publicado en Nature, se evaluó la inteligencia de los perros analizando su capacidad para aprender nuevas palabras. Concretamente, se centraron en los nombres de sus juguetes.

Las dos protagonistas principales fueron una border collie de 4 años, llamada Whisky, y una Yorkshire terrier de 9, bautizada como Vicky Nina.

Los dueños de ambas aseguraron que habían aprendido los nombres de sus juguetes espontáneamente durante su vida diaria, mientras jugaban con ellos. Y no eran pocos, pues Whisky tenía 59 y Vicky Nina 42.

El primer paso era comprobar si realmente conocían los nombres o no era más que una percepción de sus amigos humanos. Por eso, la primera fase del experimento consistió en ir nombrando varios de estos objetos y pedirles que los trajeran. Un paso importante aquí, que debemos tener en cuenta si realizamos el experimento en casa, es que ni los científicos ni los dueños podían ver los juguetes. Esto es necesario para que no influyan la decisión de los perros, por ejemplo dirigiendo inconscientemente la mirada hacia el objeto en cuestión.

A continuación, se introdujeron nuevos juguetes y se les pidió también que los trajeran. Whisky lo hizo en todas las ocasiones. Vicky Nina solo en un 52’5% de los intentos. Puede parecer poco, pero está muy por encima de la media.

¿Y si los estaban eligiendo por eliminación?

Cabe la posibilidad de que al pedir a un perro que traiga un nuevo juguete, entre un conjunto de objetos que ya conoce, traiga ese simplemente por eliminación.

Por eso, para medir la inteligencia de los perros es necesario un segundo experimento. En el caso de este estudio, se dejó a Whisky y Vicky Nina que jugaran con dos nuevos juguetes, justo después de decirles su nombre. Tras cuatro repeticiones, se procedió a pedirles que trajeran uno de ellos y ambas lo hicieron en una cantidad de intentos muy superior a la esperable por azar. Eso sí, los aciertos disminuyeron a los 10 minutos y decayeron notablemente con el paso de una hora, por lo que se necesitaría más entrenamiento para afianzarlos.

Finalmente, para terminar el estudio se repitieron todos los pasos con los perros de 20 voluntarios. No obstante, los resultados fueron mucho peores.

Esto indicaría que Whisky y Vicky Nina son perritas especialmente inteligentes. ¿Pero por qué?

El papel de la raza

Cabe destacar que las razas de Whisky y Vicky Nina son muy empleadas en estudios de este tipo.

Una parte muy relevante de los experimentos dedicados a analizar la inteligencia de los perros se realiza con border collies. Esto se debe a que son animales con mucha motivación para persistir en las tareas de adiestramiento. Precisamente por ese motivo se han empleado desde mucho tiempo atrás como pastores y en la actualidad constituyen una de las razas más preciadas en deportes caninos.

Pero este entrenamiento no solo tiene implicaciones positivas a nivel físico. También pueden aprender tareas mentales complicadas. Buen ejemplo de ello es el de Betsy, una perrita que llegó a aprender 340 palabras diferentes, o Chaser, que en 2011 fue capaz de reconocer más de 1.000 objetos, tanto por aprendizaje de sus nombre como razonando por exclusión.

Algo parecido ocurre con los Yorkshire terrier; que, según explican en un artículo de The Conversation, también disfrutan mucho de la estimulación física y mental. Un ejemplo famoso es el de Smoky, un perrito introducido en 1944 en el campo de batalla de la Segunda Guerra Mundial por el cabo estadounidense William Wynnie. En ese tiempo no solo aprendió numerosos trucos para divertimento de las tropas; sino que, según su dueño, llegó a salvarle la vida, guiándole durante un bombardeo para que esquivara la artillería enemiga.

Puede que tu perro no haya logrado aprender tan rápido como Whisky, Vicky Nina, Betsy, Chaser o Smoky. Pero, seamos honestos, no necesitas que conozca el nombre de 100 juguetes para quererlo, como ellos tampoco necesitan que seamos genios para cuidarnos.

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