Kevin Celli-Bird, un vecino de Melbourne apellidado así por el sentido cómico del azar, salió a su patio el 26 de diciembre y encontró en él a una pequeña intrusa. Se trataba de una paloma, aparentemente exhausta, que se había posado sobre su fuente para darse un baño y beber algo de agua. El pájaro se veía demacrado, por lo que este bondadoso australiano decidió cuidarlo hasta que se recuperara. Lo alimentó, le dio cobijo e incluso le puso nombre: Joe.

Pero la que parecía una bonita historia estaba a punto de torcerse, pues pronto Kevin recibió una noticia tan curiosa como amarga. Joe en realidad no era un pajarito australiano. Ni siquiera neozelandés. Era ni más ni menos que estadounidense, pues había llegado hasta su casa tras escapar de una carrera de palomas en Oregon, justo dos meses antes de su entrañable encuentro. Ahora, las autoridades del país oceánico piden el sacrificio del animal.

El curioso viaje de una paloma de carreras

En realidad Joe no es el pájaro que más lejos ha viajado. Las aves migratorias pueden recorrer grandes distancias. La cifra más alta la ostentan los charranes árticos (Sterna paradisaea), que viajan del Ártico al Antártico durante la estación no reproductiva.

Aunque el récord de vuelo lo tiene otro pájaro, un ejemplar de aguja colipinta que se desplazó de Alaska a Nueva Zelanda, recorriendo 12.000 kilómetros en solo 11 días. Sin escalas.

Pero el caso de la paloma protagonista de esta historia es diferente. No es un ave migratoria, sino un pájaro doméstico. Como tal, está preparado para volar deprisa, por su condición de competidora de carreras, pero no tan lejos. Si lo consiguió fue realmente porque hizo un poco de trampa, ya que se cree que cruzó el Pacífico a bordo de un carguero.

Una vez en su destino, voló otros cuantos kilómetros y aterrizó en casa de Kevin. Aun habiendo hecho un tramo en barco, el viajo fue tan cansado como para dejar al pobre Joe destrozado. La historia, con un aparente final feliz, salió en algunos periódicos locales, donde finalmente la leyó algún miembro del Servicio Australiano de Inspección y Cuarentena. Estos se pusieron en contacto con Celli-Bird y le comunicaron que la paloma debía ser sacrificada o deportada. Esto se debe a que cualquier animal doméstico que haya entrado en territorio australiano sin haber pasado por las pruebas necesarias para comprobar su estado de salud debe salir cuanto antes. Con esto se pretende evitar la transmisión de enfermedades provenientes de otras zonas del mundo.

Aún no se ha llevado a cabo la ejecución, pero de repente el final de la historia tiene mucha peor pinta. Todo un Vía Crucis el de esta paloma.

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