Hace solo un año muchas personas no habían realizado una videollamada en su vida. Sin embargo, desde que el coronavirus irrumpió en nuestras vidas, Zoom, Skype y el resto de aplicaciones para realizar este tipo de actividades se han convertido en un básico de reuniones familiares, laborales o académicas. Todo esto ha tenido sus consecuencias. Algunos usuarios han aprendido a marchas forzadas cómo usar estos programas. Otros se han hecho con trucos para salir mejor en cámara e incluso muchos se han currado un fondo bonito, a veces con libros que jamás han leído. Pero más allá de todas estas anécdotas, también ha influido sobre nuestra huella de carbono. Y es que, aunque el planeta ha tenido un leve respiro en lo que a contaminación se refiere, también ha sufrido los efectos de las videollamadas sobre el medioambiente.

Un estudio recién publicado en Resources, Conservation & Recycling por científicos de las Universidades de Yale y Purdue y del MIT se ha dedicado a analizar cuáles son estos efectos. Lamentablemente han sido bastante perjudiciales, pero hay algunos truquitos para minimizarlos.

Efectos de las videollamadas sobre el medioambiente

En realidad, internet ya se usaba mucho antes de que nos topáramos con el coronavirus. Concretamente, se calcula que la huella de carbono asociada a él había llegado a representar un 3’7% de las emisiones de efecto invernadero.

Es cierto que a nivel de usuario nuestro consumo de energía puede parecer ínfimo. Pero si se acumulan los millones de internautas que hay en el mundo la cosa cambia. Realmente, cualquier actividad en internet influye sobre nuestra huella de carbono. Por ejemplo, según un artículo publicado en El País este verano, cada correo almacenado en nuestro ordenador supone unos 10 gramos de dióxido de carbono al año, cada búsqueda de Google 0’2 gramos y 10 minutos de visualización de un vídeo en Youtube llegan a alcanzar un gramo.

Pero, sin duda, entre los más notables se encuentran los efectos de las videollamadas sobre el medioambiente. En el estudio que se acaba de publicar se calcula que si seguimos con la tendencia de uso de Internet en la pandemia llegará a agotarse el agua equivalente a 300.000 piscinas olímpicas y deberían sembrarse 115.229 kilómetros cuadrados de árboles para captar todo ese exceso de dióxido de carbono. Pero la situación es la que es. En estos momentos las clases universitarias online suponen una alternativa segura a las presenciales y el teletrabajo, si se puede, es nuestra mejor opción. No debemos perder estos hábitos, pero sí podemos modificarlos un poco con una serie de consejos que nos servirán incluso después de la pandemia de COVID-19.

Consejos para proteger al planeta de nuestro consumo de Internet

El consejo principal de los autores de este estudio para prevenir los efectos de las videollamadas sobre el medioambiente es prescindir de la cámara. Una cosa es que los niños quieran ver a sus abuelos y otra la necesidad de plantar 40 caras en la pantalla de una clase online. En estas situaciones, la imagen puede ser prescindible. Además, nos permite seguir en pijama, por lo que todo son ventajas.

Ventajas muy grandes, de hecho; ya que, según los cálculos de esta investigación, si un millón de usuarios de videoconferencias apagaran sus cámaras, las emisiones mensuales de dióxido de carbono se reducirían en 9.023 toneladas.

Cabe destacar que las videollamadas no son las únicas aplicaciones de gran consumo. En general lo son todas las que contengan vídeo. De hecho, de las que se analizaron en este trabajo Netflix fue la que supuso una mayor huella de carbono. En todos estos casos, recomiendan bajar la calidad de la imagen de HD a SD. Si 70 millones de personas llevaran a cabo este gesto, la reducción mensual sería de 2’5 millones de toneladas de CO2.

Finalmente, es importante prestar atención al correo. A veces acumulamos miles de mensajes sin leer o nos suscribimos, consciente o inconscientemente, a decenas de listas de correo que jamás miramos. Todo esto supone un consumo energético importante. Por eso, otra recomendación es revisar nuestro correo más a menudo, conservar solo los mensajes indispensables y no permanecer en listas de correo que ni recordábamos tener.

Todo esto reducirá notablemente nuestra huella sin que tengamos que prescindir totalmente de Internet. Porque, seamos conscientes, eso es algo que ni podemos ni queremos hacer.

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