Ahora que algunas personas muestran sus reticencias hacia la vacuna del coronavirus, es un momento perfecto para conocer la historia de aquellas que erradicaron o mantuvieron a raya a grandes enemigos microbianos del pasado. Desde la viruela, la única totalmente erradicada, hasta la polio, que pronto podría ser la siguiente, son muchos los científicos que se han involucrado en su desarrollo. Pero por lo general solo se suele hablar de los hombres. Edward Jenner, Louis Pasteur o Jonas Salk son grandes ejemplos a los que recordar. Gracias a su trabajo se han salvado muchas vidas. Sin embargo, también hubo un gran número de mujeres detrás de las vacunas.

Por eso, es un buen momento para saber quiénes fueron ellas. Sería imposible mencionarlas a todas, pues fueron muchas más de las que podríamos pensar. Esta es solo una selección, pero también un homenaje a las que, aun sin aparecer en la lista, ayudaron a ganar innumerables batallas.

Lady Mary Wortley Montagu, la aristócrata que salvó muchas vidas

Cuadro de Jean Baptiste Vanmour

Mary Wortley no era científica. Sin embargo, debe formar parte de esta lista de mujeres detrás de las vacunas, por la importancia que tuvo antes del desarrollo de la de la viruela.

Todo empezó cuando en 1716 su esposo, Edward, fue asignado como embajador en Constantinopla. El matrimonio tuvo que mudarse desde Inglaterra a la actual Turquía, donde Mary se dedicó a aprender sobre las costumbres locales. Así, descubrió que muchas mujeres otomanas realizaban un proceso conocido como variolación, consistente en la inoculación a personas sanas de pus procedente de ampollas de pacientes leves de viruela. De este modo, el inoculado contraía la enfermedad muy levemente. Pero también quedaba protegido frente a futuras infecciones que podrían haber sido más graves. La mujer había perdido a su hermano a causa de esta afección e incluso ella misma tenía la cara desfigurada por el mismo motivo. Por eso, decidió someter a su hijo Edward a la variolación.

Quedó tan complacida con el resultado que en cuanto llegó a Inglaterra se dedicó a dar a conocer el proceso. Por ese entonces faltaban más de 30 años para que naciera Edward Jenner, el científico que realmente desarrolló la vacuna contra la viruela. Sin embargo, si Mary no hubiese llevado la idea a occidente, quizás hubiese tardado más en conocer el procedimiento que sentó las bases de su propio invento.

Isabel Zendal y la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna

El nombre de Isabel de Zendal ha sonado mucho últimamente por un motivo que no le hace la suficiente justicia. Esta enfermera coruñesa fue una de las mujeres detrás de las vacunas más importantes, por su intervención en una aventura que se convirtió en la primera expedición sanitaria internacional de la historia. Se trata de la Expedición Filantrópica de la Vacuna.

Isabel también había perdido a un familiar a causa de la viruela, concretamente a su madre. Tenía 13 años cuando ocurrió esta tragedia, que la llevó a decidir a qué quería dedicarse. Comenzó a ejercer como enfermera siete años después, en el Hospital de la Caridad de La Coruña, primero como ayudante y más tarde como rectora.
Aquel lugar era también un orfanato, que llamó la atención del médico Francisco Javier Balmis. Corría el años 1803. La vacuna de Jenner ya había llegado a España, pero en las colonias españolas de Asia y América aún seguían enfermando muchas personas.

Por eso, el doctor se colocó al frente de una expedición dirigida a llevar en barco la vacuna a todos aquellos recónditos lugares. En ese momento no se conocía ningún método para transportar la vacuna durante tanto tiempo, por lo que se recurrió a 22 niños que sirvieron como “recipiente”. Eran 21 huérfanos y el propio hijo de Isabel. Durante todo el trayecto el virus se fue inoculando de un brazo a otro, de manera que se mantuviera activo hasta llegar a su destino, siempre bajo la supervisión de Isabel.

La expedición fue un éxito, con el que se salvaron miles de vidas. Y, por supuesto, aquella enfermera que había perdido a su madre a causa de la viruela tuvo mucho que ver.

Leone Farrell, una de las mujeres detrás de las vacunas más importantes

Leone Farrell fue una bioquímica y microbióloga canadiense que tuvo un papel clave en el desarrollo de muchas de las vacunas más importantes de la historia.

El trabajo que la convierte en merecedora de estar en esta lista de grandes mujeres detrás de las vacunas comenzó en 1934, cuando consiguió un puesto en los Laboratorios de Investigación de Connaught, en Toronto.

Fue allí donde ayudó a desarrollar un método para el mantenimiento de cultivos bacterianos, que permitiera estimular el crecimiento de las bacterias y, con él, el rendimiento de las vacunas. Este procedimiento, bautizado como el método Toronto, fue clave en el desarrollo de la vacuna de la tosferina. Además, en 1941 comenzó a estudiar la toxina de la disentería como “ingrediente” para el desarrollo de una vacuna contra esta enfermedad, que estaba causando tantas bajas durante la Segunda Guerra Mundial.

Más tarde, en 1953, el método Toronto comenzó a usarse también para la producción de virus. Tal fue su éxito, que fue requerido por Jonas Salk, para obtener suficientes partículas virales para el desarrollo de la vacuna de la polio. Para ello, él mismo viajó hasta Toronto, donde se reunión con todo el equipo. Pero Leone no estuvo en aquella reunión, pues se celebró en una sala reservada exclusivamente para hombres.

Isabel Morgan y los virus inactivos

Cuando Edward Jenner desarrolló la vacuna contra la viruela, eliminó muchos efectos secundarios de la variolación al cambiar el virus empleado. Esta vez las pústulas de las que extraía las muestras eran de personas infectadas por la viruela bovina, una variante que no ocasionaba síntomas graves a los humanos. Pero en ningún momento inactivó el virus, como tampoco lo hicieron otros científicos que llegaron después de él.

Sin embargo, en los años 40 del siglo XX un equipo de científicos de la Universidad Johns Hopkins demostró con experimentos en monos que la inmunidad también se podía conseguir a partir de virus inactivos. Entre ellos se encontraba Isabel Morgan. Esto sí que redujo drásticamente los efectos adversos de las vacunas y abrió la puerta a una nueva era en su producción.

Además, fue clave para que Jonas Salk pudiera finalizar con éxito su vacuna contra la polio. Es el motivo por el que Isabel es la única mujer que forma parte del conocido como “muro de la fama de la polio” del Instituto de Rehabilitación Roosevelt Warm Springs , en el que figuran otras 16 personas.

Amy Flaxman y otras mujeres detrás de las vacunas actuales

Si vamos a hablar de mujeres detrás de las vacunas, no podía faltar aquella de la que todo el mundo habla. Afortunadamente, hoy en día las mujeres no tienen tan complicado el acceso a la carrera científica. Sigue habiendo escollos que superar, por supuesto, pero su intervención en este tipo de investigaciones ya no se ve como algo inusual.

Son muchas las científicas que han contribuido al desarrollo de todas las candidatas a vacuna de la COVID-19 que ya se comercializan en algunos países o están a punto de hacerlo.

En el caso de la de la Universidad de Oxford, han participado muchas mujeres, realizando diferentes tareas. Por ejemplo, ha sido muy importante el papel de Amy Flaxman, una investigadora postdoctoral, cuyo trabajo ha sido analizar la respuesta inmunitaria de los voluntarios que han participado en los ensayos clínicos.

Como ella hay muchas más. Algún día, si todo va bien, no tendremos que destacar el trabajo de las científicas, por ser equiparable en oportunidades al de sus compañeros. Por desgracia, aún no es siempre así, por lo que vale la pena recordar su contribución, en el pasado, en el presente y, por supuesto, también en el futuro.

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