La televisión, como medio de comunicación de masas, siempre ha tenido un aura especial debido, en parte, a su secretismo. Incluso hoy en día descubrimos o nos sorprenden detalles que se esconden detrás de cómo se realizan los programas de entretenimiento, los informativos o cualquier otro producto televisivo que sucede en un plató de televisión.

Descubrir que un programa de TV que crees que se emite en directo ha sido grabado días antes, enterarte que detrás del hombre o mujer del tiempo hay una pantalla verde o azul que se conoce como croma y que también se usa en el mundo del cine, o que el presentador de un programa o de un informativo que mira a pantalla y dice cosas que parecen improvisadas, en realidad las está leyendo de una pantalla supletoria donde las frases se suceden al ritmo que son leídas.

Junto al croma, el teleprónter o teleprompter en inglés es posiblemente uno de los inventos que más ayudó a la televisión a salir adelante y que más facilitó el trabajo de presentadores y de cualquiera que tuviera que hablar mirando directamente a la pantalla. Sin tener que bajar la cabeza para consultar los papeles que lleva en la mano o que tiene en la mesa. Es más, no solo es utilizado el teleprompter por profesionales de la televisión. También lo aprovechan políticos y cualquiera que tenga que dar un discurso extenso y no quiere quedarse en blanco frente a un público concurrido.

Antes del teleprompter ya se empleaban carteles gigantescos. Es más, el cine mismo ya usaba este sistema en una época en la que la industria del cine rodaba sin parar y no había tiempo para memorizar frases de diálogo. Pero este invento de la segunda mitad del siglo XX permitió hacer televisión o cine sin conocer el guión y hablando directamente al espectador como si estuviera improvisando en vez de leer.

Memorizar o leer, esa es la cuestión

Hay multitud de anécdotas relacionadas con el uso de carteles y letreros que ayudaban a los actores que no recordaban su texto durante el rodaje de una película. O no lo recordaban o simplemente no habían tenido tiempo de leerlo. Así de estresante era el primer Hollywood sonoro, en el que se rodaban películas como si se tratara de una cadena de montaje.

El uso de ayudas para recordar textos es una herencia del teatro, donde empezó todo. Una figura prácticamente olvidada hoy en día es la del apuntador, una persona que solía colocarse en un lugar escondido a pie del escenario. El público no le veía ni le oía, pero él podía susurrar a los actores sus frases si veían que se quedaban en blanco. No es extraño que uno de los nombres del teleprompter sea teleapuntador, en honor a este oficio ya olvidado.

Una de las anécdotas que más se suelen mencionar cuando hablamos de ayudas para recordar frases en rodajes de ficción es la que protagonizaron el veterano actor Marlon Brando durante la grabación de El padrino. En esta película de culto había diálogos míticos, pero también extensos. De ahí que el curtido Brando colocara hojas con sus diálogos en otros actores, como podemos ver en una famosa fotografía en la que aparece Robert Duvall con el texto de Brando en su pecho. La posición de los actores en la escena era tal que no se veía esa ayuda. Y Marlon Brando podía así consultar alguna frase si no la recordaba.

El propio cine ha mostrado este truco en multitud de películas donde la televisión o el cine son los protagonistas de la película. Curiosamente en escenas en las que el personaje de turno se saltaba el texto mostrado en el cartel para improvisar. La realidad era más bien al revés.

Como curiosidad, no nos hace falta ir muy lejos en el tiempo para recuperar los carteles como ayuda para recordar frases en cine y televisión. El popular y longevo programa de humor Saturday Night Live, con 46 temporadas a sus espaldas, sigue usando carteles de cartón para mostrar los diálogos. De ahí que en ocasiones las miradas de los actores no coincidan. Y, en vez de mirarse a la cara durante un diálogo, parecen mirar al vacío. En realidad, están leyendo los carteles o cue cards en inglés.

El nacimiento del teleprompter

Pero todo cambia a partir de 1950. En esta década, la televisión se convertirá en el medio de comunicación que llegará a los hogares de prácticamente todos los estadounidenses. Y con los años, acabará llegando también a prácticamente cualquier país del mundo.

Una de las tecnologías que lo hicieron posible fue el teleprompter, también conocido como autocue o, en castellano, teleprónter o teleapuntador. La idea de tecnificar esta herramienta heredada del teatro se la debemos al veterano actor de Broadway Fred Barton Jr. Ante la necesidad de memorizar muchas líneas de texto para la televisión, que podían cambiar cada semana o de un día para otro, probó suerte primero con las cue cards que vimos antes, carteles de cartón con grandes letras. Pero cambiar un cartel por otro era algo que requería de mucho trabajo, por lo que buscó alternativas más sencillas de manejar.

Así que ideó un método para unir carteles o cue cards con un rollo motorizado y fue a contárselo al vicepresidente de 20th Century Fox Studios en aquel entonces, Irving Kahn. La idea le pareció tan buena que delegó la tarea de hacer realidad esa idea en uno de sus empleados, Hubert Schlafly. En 1948 la idea de Barton Jr se hace realidad con la pericia de Schlafly. El resultado, un dispositivo formado por la mitad de una maleta y un rollo de papel que gira movido por un motor. La velocidad del motor se podía regular manualmente. Ha nacido el teleprompter.

Fuente: Bobby Ellerbee (Eyes Of A Generation)

El aparato fue patentado en abril de 1949, según explica Smithsonian Magazine. A nombre de Hubert Schlafly, el dispositivo recibirá el nombre de TelePrompTer. A partir de ahí, el trío formado por Fred Barton Jr, Hubert Schlafly e Irving Kahn crearán en 1950 una empresa llamada TelePrompTer Corporation para comercializar el nuevo invento.

Tan popular se hará que el nombre comercial dará nombre al invento, como ocurre con otros nombres comerciales tan populares como iPad, Donuts, Kleenex o Minipimer. Es más, aunque su aplicación inicial era servir para los actores de las series de televisión del momento, conocidas como soap operas, pronto se extendió su utilización en la política y, en adelante, en los platós de los espacios informativos.

El rollo de papel fue evolucionando con el tiempo con ayuda de terceros. Pronto empezaron a usarse espejos para ampliar el texto y facilitar su lectura. Y con la llegada de la electrónica, a partir de los años 60, los textos pasaron a ser digitales en pequeñas pantallas ampliadas mediante espejos. En los años 80, esta tecnología se aliará con la computación para ofrecer textos enviados desde un ordenador a la pantalla.

En cuanto a TelePrompTer Corporation, fue ampliando su negocio invirtiendo en televisión por cable y satélite hasta fusionarse con otra compañía en 1970. El resultado, pasar a ser la empresa de televisión por cable más importante de Estados Unidos. Tras varias ventas, fusiones y cambios de nombre, la empresa que comercializó los primeros teleprónters acabó por desaparecer como tal en la década de los 80 del siglo pasado.

Cómo funciona el teleprompter

Las bases del teleprompter son muy sencillas. Pero no por ello deja de ser un aliado para cualquiera que tenga que hablar a cámara a millones de espectadores. Normalmente viene integrado a la cámara que emite o graba la emisión de plató. A través de una pantalla o de un espejo que amplía una pantalla de tamaño reducido, quien está frente a la cámara a cierta distancia puede leer un texto con relativa comodidad.

Además, la posición de la pantalla o espejo, debajo o encima de la cámara, hace que quien está usando el teleprónter parezca mirar directamente a cámara cuando en realidad está leyendo. El texto se mueve manualmente al ritmo del lector. En algunos modelos es el propio presentador el que acciona un pedal, pero normalmente suele haber una persona al cargo, el operador de cue.

En la actualidad, incluso los youtubers utilizan esta tecnología empleando un ordenador o un iPad o tablet Android para leer un texto que creemos están pronunciando de manera improvisada. Hay varias aplicaciones móviles que permiten hacer esto posible y varios fabricantes que proporcionan el material necesario para integrar un teleprompter casero o profesional en una cámara, sin importar su tamaño, como las marcas comerciales AutoCue o Autoscript.

Y en política, la gran mayoría de políticos emplean algún tipo de tecnología teleprónter para sus mítines y eventos públicos. Bien integrados en las cámaras que graban sus intervenciones y que su organización se encarga de producir y enviar directamente a los medios. O bien empleando gigantescos carteles o pantallas de grandes dimensiones para que puedan leerlas desde la distancia de un atril y de un escenario.

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