Una madre es capaz de hacer casi cualquier cosa por la salud de sus hijos. Incluso si eso incluye hacerles comer pequeñas cantidades de sus propias heces. Esto puede parecer una broma pesada y muy escatológica, pero es precisamente la propuesta que recibieron un grupo de embarazadas, cuyos casos se describen en un estudio publicado hoy en Cell. En él, se analiza cómo puede influir a los bebés nacidos por cesárea comer caca de sus madres nada más venir al mundo.

El motivo de realizar este peculiar estudio fue la comprobación de que los pequeños que no nacen por parto natural suelen desarrollar más alergias. Esto puede deberse a que no han estado expuestos a la microbiota de sus madres al entrar en contacto con sus vaginas. Por eso, algunos trabajos analizan la eficacia de lavar a estos niños con una pequeña cantidad de fluido vaginal. Pero los autores de este último estudio, procedentes de la Universidad de Helsinki y la Universidad de Wageningen de los Países Bajos, fueron más allá.

En los últimos años se han desarrollado numerosas investigaciones sobre el uso de trasplantes fecales como método para reforzar la microbiota de pacientes con enfermedades en las que esta se ve afectada. Los bebés recién nacidos son demasiado pequeños para hacerlo a través del ano. Por eso, pensaron en la opción de diluir una pequeña cantidad de heces de sus madres en la leche materna. El estudio se realizó con un número bajo de participantes, por lo que será necesario llevar a cabo otro más completo en un futuro. Sin embargo, los resultados obtenidos parecen muy prometedores.

Comer caca para crecer con menos alergias

Para reclutar participantes para el estudio se dejaron folletos informativos en las salas de espera de varios ginecólogos. Pasado un tiempo adecuado, un total de 30 embarazadas con cesáreas programadas acudieron a informarse sobre el estudio, aunque solo 17 aceptaron participar.

Una vez recibido su consentimiento, se les realizaron las pruebas pertinentes para decidir si eran aptas para el procedimiento. Para empezar, es importante tener en cuenta que las heces pueden contener bacterias patógenas; que quizás no lleguen a generar problemas serios a las personas que las poseen en su intestino, pero sí podrían afectar a los bebés. Por eso, aquellas en las que se detectaron este tipo de microorganismos, fueron retiradas del estudio. Se hizo lo mismo con las que contaban con otros factores de riesgo para los pequeños, como haber tomado antibióticos recientemente.

Finalmente, había siete mujeres que cumplían todos los requisitos y que estaban dispuestas a hacer a sus bebés comer caca para proporcionarles una salud mejor en el futuro. Las muestras fecales se recogieron tres semanas antes de la cesárea. En cuanto a los niños, se analizaron también sus heces, tanto inmediatamente después del nacimiento como después, a los dos días, una semana, dos semanas, tres semanas y tres meses. Además, se les tomó una muestra de sangre dos días después de que nacieran.

Resultados a los tres meses

Una vez recogidas todas las muestras, se comprobó que los bebés que habían tomado leche materna con una pequeña cantidad de heces tenían una microbiota similar a la de los que había nacido por parto natural. En cambio, los que vinieron al mundo por cesárea, pero no habían participado en el experimento, tenían una variedad mucho menor de microbios beneficiosos en sus heces.

Estas comparaciones pudieron hacerse gracias al análisis de datos del propio hospital en el que se realizó la investigación.

Este enriquecimiento de la microbiota de los bebés les ayuda a ^^fortalecer su sistema inmunitario**, que nace especialmente débil, pero se va entrenado, a medida que entran en contacto con los microbios de su entorno. Por eso, los resultados fueron muy positivos.

En cuanto a la percepción de las madres, aunque hacer comer caca a sus bebés debió ser de lo más raro que habían hecho en sus vidas, se mostraron muy satisfechas. De hecho, en un comunicado publicado por los autores citan el caso de una que dio a luz a mellizos. En su momento se le propuso que solo uno de ellos recibiera las heces, de modo que el otro participara como control, pero ella se opuso a impedirle a uno de sus bebés la oportunidad de tener una mejor salud.

No lo hagáis en casa

Teniendo en cuenta que se ven cosas tan extrañas como las madres que se comen la placenta de sus hijos después de dar a luz, estos investigadores temen que, al darse a conocer el estudio, alguien decida por su cuenta hacer a sus bebés comer caca si nacen por cesárea.

“Tanto las madres como las muestras se controlan minuciosamente para detectar posibles infecciones”, cuenta a Hipertextual Stur Andersson, uno de los autores del estudio. Por eso, es algo que no pueda hacerse fuera de un hospital.

De cualquier modo, aún queda mucho para que esto pueda hacerse fácilmente, incluso en un centro sanitario. Será necesaria más investigación. De momento, planean estudiar el desarrollo del sistema inmunitario en los bebés por cesárea que reciben este tratamiento y compararlo con los que no. A diferencia del estudio actual, que fue observacional, los estudios futuros tendrían un grupo de control y estarían cegados a las madres, de modo que no supieran si su bebé ha recibido leche con una pequeña cantidad de sus heces o solo leche.

En cuanto a la posibilidad de que en algún momento haya donantes de heces para estos procedimientos, como se hace ya para los trasplantes fecales convencionales, es algo que de momento no han contemplado. “Hemos restringido nuestro estudio a administrar a los bebés una muestra de la microbiota de su propia madre, imitando así el proceso del parto vaginal normal”, aclara Andersson. “El uso potencial de ‘superdonadores’ comunes requiere más estudios de seguridad y no está en nuestra agenda actual”.

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