Ya lo decía Pocahontas, si te concentras puedes ver colores en el viento. En realidad, esto es más poético que realista, pero lo que sí es cierto, es que no es necesario ningún tipo de concentración para discernir los colores del cielo. Normalmente es azul, por supuesto, pero bajo ciertas condiciones puede variar mucho su tonalidad. Desde los tornados hasta los incendios, son muchos los fenómenos capaces de colorear esa bóveda que flota sobre nuestras cabezas, a veces dándole una apariencia pacífica y otras convirtiéndola en el mismísimo infierno.

De esto último saben mucho los habitantes de Oregón, quienes esta semana vieron como el cielo se teñía de un apocalíptico tono rojizo. ¿Pero por qué? Y, sobre todo, ¿a qué se deben el resto de colores del cielo?

Empezando por lo fácil: ¿por qué vemos el cielo azul?

El color del cielo, azul durante el día y anaranjado al atardecer, se debe a un fenómeno conocido como dispersión de Rayleigh.

Este se origina cuando la luz del Sol o cualquier otra radiación electromagnética son dispersadas por partículas muy pequeñas, como las presentes en la atmósfera. Aunque concebimos la luz solar como algo amarillo, en realidad está compuesta por un espectro de color que va desde las frecuencias más bajas, azules y violetas, hasta las más altas, rojas y anaranjadas. El conjunto, cuando todas se superponen entre sí, es la luz blanca. Sin embargo, cuando pasa por un prisma o por las gotas de agua, como al formarse el arco iris, se ven todos los colores.

En cambio, si se topa con partículas muy pequeñas o con los diferentes gases que componen el aire, especialmente oxígeno y nitrógeno, la cosa cambia. Al pasar esto, la luz se dispersa, pero cómo llegue hasta nosotros depende de la altura del astro rey. Durante el día, este se encuentra muy alto en el cielo, por lo que el camino para llegar hasta nosotros, que actuamos como observadores, es corto. En ese recorrido las partículas de aire “chocan” pocas veces con los rayos solares, dispersando ligeramente la luz en frecuencias más bajas, violeta y azul. El resultado en realidad sería un cielo más bien violeta. No obstante, los ojos humanos son más sensibles a la luz azul, por lo que será el color que veamos durante el día.

Cielo rojo al atardecer

Al amanecer y al atardecer, el Sol está más bajo en el cielo, por lo que la luz debe recorrer un camino más largo. Durante ese periplo, irá topándose con nuevas moléculas de aire, que seguirán dispersando la luz, alcanzando las frecuencias más altas, correspondientes al rojo, el amarillo y el naranja.

Esta es la razón por la que los colores del cielo en esos dos momentos del día alcanzan tonos más cálidos.

Cuando los colores del cielo evocan el Apocalipsis

Esta semana los habitantes del estado de Oregón vieron cómo los colores del cielo se tornaban en una serie de tonos rojizos, adquiriendo un aspecto infernal.

Ocurrió durante todo el día, por lo que nada tenían que ver el amanecer o el ocaso. Sin embargo, la razón también estaba relacionada con la dispersión de Rayleigh.

Muy cerca, los bosques estaban ardiendo en uno de los incendios forestales más duros que se recuerdan en la zona. Podría pensarse que eran las llamas las que directamente se encargaban de colorear el cielo. Pero no. En realidad, la razón es que a las partículas habituales del aire se sumaron las procedentes del humo. Esto aumentó notablemente la dispersión, de modo que, aun encontrándose el Sol alto en el cielo, llegaron a alcanzarse las frecuencias más altas, con tonalidades rojas y naranjas.

Si ves el cielo verde, ponte a cubierto

Otro de los colores del cielo asociados a fenómenos puntuales es el verde. Es un tono muy conocido por las personas que viven en lugares en los que los tornados son especialmente frecuentes.

Y es que, si bien no siempre tienen por qué ser el preámbulo de estos fenómenos meteorológicos, suelen ir juntos en una cantidad muy alta de ocasiones.

Tanto, que tradicionalmente se creía que el cielo se tornaba de color verde por las ranas, hojas y vegetación absorbidas por el tornado que se acercaba. Lógicamente, el motivo no era este.

Ocurre cuando se forman nubes de tormenta, muy cargadas de agua, que durante el atardecer absorben la luz roja y reflejan la azul. Sería algo así como si capturaran y escondieran la primera, dejando ver solo la segunda. El resultado, por lo tanto, sería azul. Sin embargo, al mezclarse con los tonos amarillentos del ocaso el resultado es un color verde, que indica que tendrán lugar lluvias torrenciales; que, quizás, podrían ir también acompañadas de tornados. Sea como sea, mejor ponerse a cubierto.

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