Sabemos que el rey de Twitter, por méritos propios, es Donald Trump. En una suerte de relación de amor odio con la red social, en la que el Presidente de los Estados Unidos cuenta con más de 80 millones de seguidores, utiliza la plataforma como altavoz para sus ideas –y ahora mismo su campaña– a la par que carga contra la compañía por lo que considera censura contra sus mensajes.

Lo cierto es que Twitter ha ido con pies de plomo durante los últimos meses. Si hay algo que ha demostrado la empresa de Jack Dorsey es que, al menos de puertas hacia fuera, no está cómoda en su papel como jueza y vigilante de los mensajes de sus usuarios. Y sin embargo ha tenido que dar la cara. Desde mayo vienen catalogando algunos de los mensajes de su mayor usuario, Trump, como potencialmente engañosos. ¿Los temas? El voto por correo, el caso de Black Lives Matter y, por supuesto, el coronavirus han centrado la batalla entre ambas partes durante los últimos meses.

Finalmente, la red social, a la que se sumó Facebook, terminó por asociar algunos de los contenidos del Presidente con la etiqueta de potencialmente peligrosa aconsejando comprobar la información. La respuesta de Trump trajo consigo la acusación de censura contra las voces conservadoras por parte de las redes sociales y la amenaza de regularlas e incluso cerrarlas si él lo considerase necesario.

A pequeña escala, en España, también hemos tenido a nuestro propio "negacionista" de las redes sociales con Miguel Bosé tomando la delantera. Desde un tiempo a esta parte, se ha convertido en el líder de los defensores de las conspiraciones que apuntan a los efectos nocivos del 5G, el virus como resultado de experimentos de control con Soros o Gates –conocidos por sus donaciones para la investigación de vacunas– a la cabeza.

Para Bosé, que venía usando las redes sociales para dar voz a sus ideas, el momento álgido llegaba con la convocatoria de la manifestación convocada para el 16 de agosto. En la cita, que se saldó con un éxito rotundo ante la mirada atónita de una gran parte de la población, se encontraron negacionistas del virus, antimascarillas o antivacunas.

El propio Bosé, que no asistía al evento, arengaba a las masas a darse cita en una de las principales arterias de la capital. Fue en ese momento cuando muchos se preguntaron sobre el papel de Twitter en el control de los mensajes que el personaje público venía mostrando en su cuenta.

La realidad es que Twitter sí que había eliminado alguna de las publicaciones del cantante, aunque desde la compañía no querían especificar cuáles –simplemente las que no cumplen con su normativa–. Días después, la red social "castigaba" a Bosé durante una semana. "He sido un niño malo y me han castigado", explicaba Bosé en un vídeo, "y conmigo muchos han sido castigados" por mostrar diferentes puntos de vista.

A mediados de esta semana, el cantante ya recuperaba el control de su cuenta inaugurando su regreso con una foto con sus perros. Ahora bien, ¿qué ocurre con el contenido que ya reside en su perfil?

Imagen: Morning Brew.

Twitter y las normas claras...

Twitter, aunque confirma a Hipertextual la eliminación de algunos contenidos del cantante, deja claro que no hace comentarios específicos sobre perfiles en concreto por la Ley de Protección de Datos.

La máxima de la tecnológica en este momento reside en la normativa estrenada hace unos meses. Una que se suma a la larga lista de términos y condiciones de Twitter, pero en este caso para afrontar las fake news que hacen referencia directa a la pandemia por el coronavirus, antivacunas o 5G.

En este punto, Twitter apunta en sus términos y condiciones que continuarán "eliminando contenido que ha sido confirmado falso por las autoridades de salud o que es potencialmente engañoso, que tenga el mayor riesgo de causar daño". Ahora sí, para la red social esas afirmaciones deben ser hechos, y no opiniones, que influyan en el comportamiento de los demás. "No tomaremos acciones de cumplimiento de nuestras Reglas en cada Tweet que contenga información incompleta o en disputa sobre COVID-19", explican a este medio. Es, en este punto, donde encontramos el quid de la cuestión sobre el que las fuentes consultadas por Hipertextual no encuentran consenso.

Para Jorge Morell, dedicado a la consultoría legal en nuevas tecnologías, está muy claro. Pese a que apunta que las políticas de Twitter pueden resultar confusas por abarcar tantas temáticas, para Morell con la gestión del coronavirus "ha quedado bastante claro lo que quieren hacer; si alguien violara las normas respecto al coronavirus se le bloqueará o quitará la cuenta. Este es nuestro territorio y juegas con nuestras normas, básicamente".

...pero de ambigua interpretación

Es precisamente en la ambigüedad y lo abstracto de sus normas donde reside su poder, uno que cada día les acerca más a esa posición de jueces. "Las políticas en Twitter son un poco abstractas, y hemos visto casos dudosos tanto de eliminación de mensajes como de bloqueo de cuentas. La eliminación de mensajes suele realizarse en base a una infracción de los términos y condiciones de la red, pero esto supone al final convertir a la red social de facto en un juez que debe ponderar la libertad de expresión y los otros derechos en conflicto. Este no es un tema sencillo", apunta Sergio Carrasco, también experto en cuestiones legales del ámbito tecnológico.

Es una posición en la que coincide Morell apuntando a la larga lista de casos de insultos y vejaciones en los que, pese a tener unas claras normas sobre la mesa, no se han eliminado tuits o bloqueado cuentas.

Asimismo, en toda esta historia no podemos olvidar un punto importante: Twitter sigue siendo una plataforma privada en la que "primero hacen las normas, y después las interpretan en una suerte de vigilante todopoderoso", explican desde Nolegaltech, "es el propio Twitter quien decide, bajo criterios que no comparten, qué tweets borra y cuáles no".

Un criterio que juega de la mano de un algoritmo y, por supuesto de la vigilancia de los usuarios. A la plataforma no le interesa entrar en esta polémica, ni lo está haciendo porque legalmente no podría. Eso tendría que ser por denuncia de los usuarios", explica Morell, "luego ya su criterio entra en juego y no habrá explicaciones de por qué sí o por qué no"; algo que podemos ver en la presentación de los informes trimestrales en los que la red social habla de todo el contenido eliminado en términos generales y sin entrar en detalle. Reglas que, desde Nolegaltech, "deberíamos poder conocer sobre en qué se basan para tomar y cómo deciden que encajan".

¿Quién es más famoso y relevante?

Twitter afirma que la relevancia del personaje en cuestión no es relevante a la hora de eliminar un contenido o no. Lo cierto es que su propia normativa apunta a que "los contenidos de personajes de interés público constituyen un aporte directo para la comprensión o el debate de un asunto que le preocupa a todo el público" salvo excepciones que afecten a temas de terrorismo, violencia, ilegalidades suicidio o integridad electoral. ¿Quiénes son aquellas personas de interés público? Su texto apuntaría a funcionarios electos y miembros del Gobierno.

Bajo esta normativa, Trump entraría en la categoría de persona pública; Miguel Bosé, pese a sus más de 3 millones de seguidores formaría parte del pueblo llano para la red social. El hecho de borrar o no su contenido aplicaría, en último término, al cuidado del cantante a la hora de expresarse en sus tuits: solo opiniones, muchos links a terceros y mucha ambigüedad.

Para Nolegaltech todo esto termina en un mismo camino: ¿tiene sentido usar Twitter, una plataforma privada, como un espacio de debate público o altavoz de anuncios institucionales? "Hay algunas corrientes que defienden que Twitter debería ser público (controlado por algún organismo, con reglas claras a qué atenerse y órganos de supervisión) o bien estar controlado por los propios usuarios", apuntan. Al similar a Mastodon, pero con la fuerza de usuarios que concentra la red social. Una petición poco realista, desde todo punto, para el imperio creado por Jack Dorsey.

De momento, y por lo visto para siempre, Twitter seguirá siendo dueño y señor del sitio.

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