– Jul 1, 2020, 16:33 (CET)

Lo bueno, lo malo y lo feo del remake de ‘The Twilight Zone’

Con Jordan Peele como anfitrión, una estética moderna y sus intentos de enlazar en lo posible con el clásico televisivo de los años ’50, The Twilight Zone es un remake que desde sus primeros capítulos, tenía la complicada misión de enfrentarse a un show que marcó una época.

El programa The Twilight Zone se convirtió en decano de las antologías de la televisión — y ejemplo para las que vinieron después —, sino que además logró crear un exitoso subgénero basado en el terror y el suspense con una elegancia narrativa que todavía resulta asombrosa.

Con Rod Serling a la cabeza — y escribiendo el 60% de los capítulos — la noción sobre lo terrorífico del programa marcó un hito en la televisión. Desde Alfred Hitchcock presenta (NBC, CBS), The Outer Limits (ABC), Unsolved Mysteries (NBC, CBS, Lifetime, Paramount Network) hasta la inofensiva pero ingeniosa El club de medianoche de Nickelodeon (USA), la sombra de The Twilight Zone forma parte de la forma en que comprendemos la televisión — y las series — en la actualidad.

De modo que un remake era una idea arriesgada, que llevaba aparejada un alto coste de nostalgia en la audiencia, además del reto implícito de superar —  o al menos, encontrarse a la altura - de su predecesora.

Tenía todas las posibilidades de hacerlo: un grupo de brillantes guionistas detrás de créditos, la producción y conducción del director Jordan Peele y la promesa de traer un tipo de ingenioso juego argumental que bien construido podía resultar novedoso a pesar de su intención no cortar de todos los lazos con su versión original.

Una primera temporada complicada

No obstante, la primera temporada de la producción de CBS All Access no lo logró: estrenada en el año 2019, la serie careció de la brillante cualidad de misterio, suspense y firme estructura narrativa que hizo famosa a la versión transmitida entre 1959 y 1964.

Desde las críticas a la forma de Jordan Peele de presentar los episodios — un elemento tradicional de la serie —, hasta lo deslucido de las historias y capítulos transmitidos, la serie fue una decepción para los fans y para la crítica televisiva, que había apostado que un nuevo remake de alta inversión pudiera crear un producto lo suficientemente sólido como para competir con la actual oferta televisiva.

El show con once capítulos de entre media hora y 55 minutos de duración tiene la misma estructura que el original, con un presentador que introduce los programas e historias autoconclusivas, con argumentos de suspense o terror. Pero a diferencia del clásico, el programa no las tiene todas consigo al momento de reflexionar sobre el meta lenguaje y la sensación de universo compartido que hizo famosa a la obra de Serling.

Jordan Peele luce artificial, sin mayor interés para formar parte del show como un elemento curioso, lo cual sin duda rompe la suspensión de incredulidad tan útil para el programa.

Carente de su estilo original

Cada capítulo carecía de los habituales giros argumentales que hicieron famoso a The Twilight Zone, una combinación de ironía, inteligencia y buen hacer de guion que convirtieron al programa en un suceso de audiencia y crítica. En su lugar, la primera temporada de la nueva versión de la serie optó por episodios de historias con breves moralejas o sermones morales, que no tuvieron el impacto de un giro argumental o mucho menos lograron crear la tensión y asombro que hizo famosa a la versión original.

Apenas un par de capítulos (Not All Me y Six Degrees of Freedom), tuvieron cierta repercusión. Aunque por su alto contenido político o de debate cultural, parecieron más bien reflexiones sobre la realidad que un clásico episodio de The Twilight Zone. Además, sufrió el efecto Black Mirror que ya había reflexionado — y con mucho mejor tino — la idea de la tecnología, el miedo, el consumo y la soledad moderna, un tema recurrente en los largos episodios de la serie.

La primera temporada terminó con números bajos y una lluvia de críticas que pusieron en entredicho un regreso a la pantalla chica. Pero la serie fue renovada, lo cual brindó la oportunidad a los productores de plantearse de manera distinta el lenguaje y el argumento de los capítulos sucesivos, para alcanzar quizás una mayor independencia y capacidad narrativa. Y el resultado sorprendió a la audiencia.

Una vuelta de tuerca

La segunda temporada — estrenada el 25 de junio — parece una correcta e interesante revisión de los problemas de la primera. En especial con la forma en que la serie narra historias, que en esta ocasión toma un nuevo e intrigante segundo aire.

A pesar que varios de sus capítulos tienen una hora de duración, los productores lograron finalmente vencer la falta de identidad del programa — uno de sus mayores problemas — y además, dotar a los nuevos episodios de todo ese poder narrativo que hizo famosa y trascendente a la The Twilight Zone de Serling.

Pero la nueva temporada disfruta especialmente de un renovado interés por lo oculto, lo extraño y lo inusual en manos de directores como Osgood Perkins, Mathias Herndl y varios directores noveles con enorme personalidad propia. El resultado es un grupo de historias que se alejan de los terrores tecnológicos y están más enfocados en homenajear a la versión original, y reflexionar sobre el origen de lo desconocido y la incertidumbre.

Para sorpresa de buena parte de los fans, la segunda temporada también se ha tomado el tiempo de brindarles una nueva dimensión a los episodios clásicos, con homenajes evidentes (como el segundo capítulo The Who of You dirigido por Peter Atencio, que sigue el mismo tenor entre doloroso y dramático — o esa era su intención — del recordado segmento Time Out, de la película Twilight Zone: The Movie de 1983, aunque no logra la efectividad ni mucho menos, el nivel de análisis psicológico del original.

Con todo, sorprende que la premisa funcione a un nivel mucho más sencillo y malicioso, lo que convierte al capítulo en uno de los mejores de la temporada, y también en una muestra de la nueva ambición de la serie por crear un estilo y peso propio.

A diferencia de la primera temporada, la segunda muestra una considerable destreza en la narración, además de una capacidad que sorprende para crear una connotación sobre lo profundo de la oscuridad en la mente humana y sus dolores. De modo que con su nueva versión y renovado interés por lo sobrenatural devenido en metáfora de la naturaleza del hombre contemporáneo, The Twilight Zone logra finalmente convertirse en la serie que prometía ser desde el anuncio temprano de su producción.