La industria de los eventos de ocio está siendo una de las más perjudicadas por la pandemia. Tanto los espectáculos culturales como los deportivos se han visto golpeados por la necesidad de evitar grandes masificaciones de público. No hay más que ver los brotes sucedidos en lugares como Córdoba o Murcia para comprender que reunir a muchas personas en un lugar cerrado no es una buena idea si se quiere frenar al coronavirus. No obstante, es comprensible que hay personas que viven de ese tipo de actividades y que todo esto está siendo muy duro para su economía. Por eso, un equipo de científicos alemanes ha puesto en marcha un estudio de lo más peculiar, dirigido a cuantificar contagios en un concierto.

En realidad, si todo va bien, no debería producirse ninguno, pues su objetivo es precisamente diseñar un protocolo que impida que el público contraiga la enfermedad durante estos eventos. Sin embargo, ni con las más estrictas medidas se puede asegurar algo así al 100%, de ahí la peculiaridad del procedimiento.

Tres escenarios para analizar los contagios en un concierto

El experimento, llevado a cabo por científicos del Centro Médico de la Universidad de Halle, en Sajonia, se llevará a cabo el próximo mes de agosto en el estadio Arena de Leipzig.

Se desarrollarán tres procedimientos diferentes. En el primero participarán al completo los 4.000 voluntarios del estudio y se simularán las características habituales de este tipo de eventos antes de la pandemia.

En el segundo también participarán todos ellos, pero con unas condiciones de higiene y seguridad optimizadas. Finalmente, en el tercer escenario, solo entrarán la mitad, ya que será necesario mantener una distancia de 1’5 metros en las gradas.

Cabe destacar que en cada caso el público llegará al estadio en tranvías, para hacer más realista la simulación.

Además, con este mismo objetivo, tendrá lugar una actuación real del cantante alemán Tim Bendzko.

Siempre con mascarilla y gel hidroalcohólico

Los 4.000 participantes, con edades comprendidas entre los 18 y los 50 años, recibirán mascarillas y gel hidroalcohólico en todos los escenarios, incluyendo el que trata de simular las condiciones anteriores a la pandemia.

Además, el gel cuenta con la peculiaridad de ser fluorescente, de modo que se pueda comprobar después cuáles han sido las superficies más tocadas por los asistentes al concierto.

Por otro lado, todos llevarán un dispositivo que enviará información sobre todos los contactos que mantengan a lo largo del espectáculo, incluyendo la duración de los mismos y la distancia a la que se han desarrollado. Así se podrá hacer un rastreo rápido en caso de que se generen contagios.

Participantes sanos… supuestamente

Este estudio busca saber cuáles son las condiciones óptimas para evitar la generación de contagios en un concierto.

Si queremos esto, el primer paso es evitar en la medida de lo posible que accedan a él personas enfermas por COVID-19. Por eso, independientemente de cuál sea el escenario, todos deberán someterse a una encuesta sobre posibles síntomas y realizarse las pruebas pertinentes.

Estas se llevarán a cabo a través de una PCR, sobre muestras extraídas por los propis participantes. Y es aquí donde se encuentra el que posiblemente sea uno de los puntos flacos del estudio. En la web del proyecto, llamado RESTART-19, sus autores explican que se enviará el kit completo a los voluntarios entre 7 y 10 días antes del concierto. Deberán esperar hasta el 20 de agosto, en las 48 horas previas al evento, para recoger las muestras a través de un frotis faríngeo o nasofaríngeo. Una vez recogida la muestra, se deberá llevar a alguno de los laboratorios habilitados para ello, en los que se realizará el análisis pertinente. Se dispondrá de los resultados antes del concierto, de modo que solo puedan asistir los que hayan tenido un resultado negativo.

El problema es que, para que la PCR sea fiable, es esencial que se realice una buena recogida de las muestras. Se debe frotar concretamente en la zona alta de la nasofaringe, conocida como cavum, pues es ahí donde se concentra la mayor carga viral. Si esto no se hace bien, puede que el resultado sea negativo en pacientes que sí estén infectados. No hay más que ver el revuelo que generó entre los expertos el vídeo subido recientemente por la cantante Rosalía, en la que apenas introducían suavemente el hisopo en la zona más externa de la nariz para realizar el frotis.

¿Será así el futuro de los espectáculos?

El estudio cuente con la aprobación del Comité de Bioética de la Universidad Martin Luther Halle-Wittenberg. No obstante, eso no significa que sea totalmente seguro para los participantes.

En la web sobre el experimento avisan que, si bien lo más probable es que no se contagien, no es imposible que ocurra. Según explican, el uso de mascarillas FFP2 reduciría la emisión de gotículas a un 1%, por lo que si todo el mundo la usa correctamente debería haber poco problema.

Ese es un hándicap importante a tener en cuenta, la intervención de los propios participantes. Será necesario que cumplan con las directrices y no se quiten en ningún momento la mascarilla, como también que recojan debidamente la muestra para la PCR. Se aclara que solo podrán quitarse las mascarillas en los descansos, al aire libre y manteniendo las distancias. Es lo que se les pide. Solo queda saber si todos lo harán.

Este experimento servirá también para mostrar si como población ponemos suficiente de nuestra parte. Quizás esa será la parte más complicada.Habrá que esperar a unos días después del concierto para saberlo.