– May 4, 2020, 17:01 (CET)

‘Westworld’ 3×08: todas las dudas de un final de temporada complejo

Un apocalipsis silencioso, discreto y contenido llegó para cerrar la tercera temporada de Westworld: hay una noción dolorosa sobre el libre albedrío y la promesa de redención de Dolores, que jamás llega a cumplirse. En lugar de eso, la batalla final es una confusa premisa, en la que la noción sobre la libertad individual, la voluntad, el mundo como una creación aleatoria al servicio de un brumoso bien común, se cristaliza en un enfrentamiento final sin consecuencias claras. ¿Hemos llegado al final del camino del futuro engañosamente utópico que Dolores intentó destruir?

Por extraño que parezca, el último capítulo de la tercera temporada de Westworld (Westworld 3x08) comienza con una mirada rápida a las inolvidables secuencias iniciales de la primera, una especie de recuerdo circular que marcará el ritmo y tono del episodio. Dolores, con su viejo traje de anfitriona, recuerda su largo recorrido desde ser un juguete en manos de los terrores del parque creado por Robert Ford, hasta la cabeza visible de una rebelión cuyos motivos no son demasiado claros. ¿Se cuestiona el sentido de su propia existencia? El personaje no lo analiza el extremo, y en realidad no parece importarle demasiado.

Vencida al final por el empeño de Maeve de proteger las últimas trazas de su personalidad, la Eva de la inteligencia artificial de Westworld recorre sus recuerdos para tratar de encontrar una forma simbólica de redención que no llega a cumplirse, a pesar de los intentos del guion por redimir su ambigüedad y crueldad.

Y no lo hace, porque el argumento se desplaza en lateral para tocar de forma tangencial e incompleta, todo tipo de hilos narrativos, que juntos no terminan de sostener la versión sobre la libertad individual, la búsqueda de objetivo y el temor al control que la serie analizó durante toda la temporada.

En cambio, la transición lenta y simple de un mundo engañosamente perfecto, a un caos pulcro y perezoso, carece de fuerza y sentido. La violencia en el Apocalipsis de Westworld tiene un brillo artificial, sectorizado para conveniencia de la trama y que nunca logró expresar el miedo al dominio y la rebelión necesaria, que Dolores vaticinó en sus lentas elucubraciones sobre su ideal sobre la liberación prometida o incluso, su impulso final de dejar al hombre decidir su destino, cualquiera que este fuera.

Después de atravesar una diminuta confrontación no solo con su naturaleza escindida, sino con la resistencia de una Maeve reducida a una mera figura bidimensional animada por motivaciones ridículas, Dolores sucumbe a un supuesto heroísmo sin mayor profundidad que la necesidad del guion por sacrificar a su personaje más emblemático en el final de un tortuoso y deficiente camino del héroe que deja por fuera una buena cantidad de planteamientos.

Pero quizás, lo más desconcertante es cómo el mecanismo armado por cuidado por una trama tramposa, termine por deslizarse en una torpe versión de la realidad en las que los hilos vinculan a los personajes de manera incidental. De pronto Dolores, la bella víctima propiciatoria, es también el momento de ruptura que permitió al desventurado Caleb, tomar decisiones en su pasado que, en apariencia, contradicen su naturaleza creada y sostenida por lo predecible.

Lisa Joy y Jonathan Nolan, intentaron concatenar la estructura seminal de una historia basada en su capacidad para encajar punto a punto, ideas más grandes que la mera percepción sobre la realidad reducida a un algoritmo.

Pero no lograron que ese gran enfrentamiento final fuera otra que una disyuntiva filosófica sin demasiado interés y mucho menos, sustento real.

La gran pregunta que Westworld se planteó a través de todos los capítulos de temporada —¿en realidad existe el libre albedrío?— terminó por convertirse en una maraña interminable de reflexiones sobre la posibilidad de la libertad en Westworld 3x08.

Pero ni los personajes o las tramas, lograron sostener esa gran vocación del argumento por las revelaciones sorpresivas y mucho menos, la inspirada mirada sobre el bien y el mal que brindó a la primera temporada de la serie su curiosa identidad y que convirtió a la gran rebelión de Dolores en la segunda, en poco menos que un debate maniqueo la individualidad.

En lugar de eso, Westworld 3x08 apostó a una poco exitosa combinación de análisis apresurados sobre su propia mitología —en exceso endeble para sostener la gran cantidad de meditadas reflexiones— y al final, una forzada vuelta de tuerca en busca de redimensionar las acciones erráticas y por momentos, huecas, de sus personajes principales.

Mientras Dolores perdía la batalla contra su personalidad más agresiva y dura, encarnada por el martirio sufrido por la falsa Charlotte Hale, Maeve se arrastró con lentitud a una segunda toma de conciencia, menos exitosa y mucho más vacía que la primera vez en que abrió los ojos a la realidad de su condición.

Mientras la lucha entre ambos extremos del bien y el mal se diluyó en una batalla contra la vieja tecnología con Dolores, envestida del poder del renacimiento en el primer cuerpo en que tuvo conciencia de su naturaleza, Maeve debió conformarse con aferrarse a la ilusión del error de programación que, según sus palabras, le hace creer en causas perdidas. Quizás la razón menos elocuente y más débil para sostener la conducta del hasta ahora, complejo personaje.

La singularidad desnuda y otros dolores sin forma en Westworld 3x08

Desde su primera temporada, Westworld se esforzó por crear un dilema poderoso basado en la concepción de la creación y el poder que puede conferir, la mera idea del reconocimiento de la propia existencia. Se trata de un viejo concepto de la ciencia ficción, que aplicado a la serie, permitió a los personajes seguir el ritmo de una iluminación violenta y dolorosa, hacia una admisión de la realidad que terminó por pulverizar toda esperanza.

Comprendido el propósito de su existencia, todos los personajes debieron asumir la carga borrosa de su incapacidad para luchar contra lo inevitable.

Desde William/El hombre de Negro, que cavó en lo profundo de sus terrores para encontrar algo más profundo y notorio que la maldad simple de los traumas y sufrimientos transmutados en oscuridad, hasta Robert Ford, el trágico gigante que decidió morir a manos de sus creaciones. Tanto uno como el otro, se miraron a las caras para comprender el universo al que dieron forma, sin lograr jamás hacerlo.

Y en medio de ambos, Bernard/Arnold, se convirtió en el reflejo distorsionado del propósito del parque de Delos y su posible trascendencia. Durante la primera temporada, la efigie del creador de Westworld fue el mayor secreto en una trama cargada de pistas falsas. En la segunda, se convirtió en el bien en medio de una super estructura creada para destruirle o absorberle. Y en la tercera, en la puerta abierta para comprender la humana percepción del mundo de criaturas creadas como meros reflejos de algo más elaborado.

Pero el truco sabe a poco y el personaje encarnado por Jeffrey Wright termina por convertirse en una excusa para la búsqueda de significado de lo que Westworld fue y un antagonista invisible para la sempiterna presencia de Dolores. Una y otra vez, el personaje avanzó de un lado a otro a los largo de los ocho capítulos, el personaje fue desperdiciado en una blanda lucha de sombras como un contrincante con quien jamás llegó enfrentarse.

Al final, la serie (y especialmente en Westworld 3x08) parece incapaz de dejar ir a una de sus figuras emblemáticas y es quizás esa renuencia, uno de los peores momentos del argumento.

Lo mismo podría decirse del William de Ed Harris, sin norte ni valor en medio de un tablero de juegos maquiavélicos que le sobrepasa y le desborda. Para el capítulo final (Westworld 3x08), el hombre de negro recupera propósito… sólo para convertirse en una caricatura que va de un lado a otro, sin otro sentido que mostrar su poder crepuscular convertido en cenizas. Una y otra vez, el personaje lucha por encontrar sentido pero el argumento lo ignora, lo disminuye y por último, lo convierte en la última víctima de un juego de sustituciones carente de toda importancia y solidez.

Una sombra de sí misma

westworld 3x07 passed pawn recap
HBO

Maeve fue la primera de los anfitriones en rebelarse, la primera en enfrentarse a sus creadores, la primera en comprender los limites de su naturaleza.

Al final, la mujer capaz de controlar cada parte del parque que habitó en un interminable ciclo de horrores, se subordina a Serac, un villano de operata que termina por ser aplastado por un argumento que jamás encontró un lugar para él.

Es la dupla entre ambos personajes, el eslabón más blando y simple en lo que debió ser un enfrentamiento a toda regla entre dos fuerzas idénticas con objetivos contradictorios. Pero Maeve, reducida a una una sombra de su antiguo poder, insiste en dar vueltas en círculo por la improbabilidad.

De forma inexplicable, el argumento se aferra al hecho de la maternidad ficticia de Maeve para mover sus acciones y es esta fragilidad sin sentido, forma o fuerza, lo que arrasa al personaje en un laberinto absurdo del que no logra escapar, incluso después de tomar partido y comprender — en apariencia — la intención de Dolores.

Con Serac, la tragedia de la ausencia de significado es incluso más preocupante: el personaje es una marioneta en manos de su máxima creación, el creador vencido y aplastado por algo mucho más complejo que la serie muestra apenas, como una esperanza rota y sin el menor valor. Cuando herido y aturdido, suplica a la conciencia superior que le controlaba una respuesta, el personaje termina por desplomarse en una nada fragmentada y confusa.

Caleb, libre al final

westworld 3x05 genre recap
HBO

Quizás el único arco que se cierra con cierta elegancia Westworld 3x08 es el de Caleb, Mesías involuntario de la gran rebelión de Dolores.

Es Caleb quien destruye la perfección inmaculada de un mundo construido a la medida de una pulcritud perversa y es también Caleb el que redime la memoria de Dolores, vencida al fin por el peso de su épica fallida. Las líneas del pasado que apenas recuerda y del futuro que es pura incertidumbre se unen en una escena final en que el personaje contempla su obra: el fuego quema los últimos vestigios de un mundo bajo el poder implacable. “Contempla, este es un mundo nuevo”, dice Maeve a su lado y la escena tiene algo de un brillo lóbrego, con Pink Floyd de fondo, recordando que todos los intentos por la redención, terminan en ser ceniza brillante contra el cielo nocturno.

Pero ni el despertar a la conciencia de Caleb, la claudicación final de Maeve e, incluso, la aparición de Dolores detrás del rostro de Charlotte Hale son suficientes para sostener los hilos de una super estructura en exceso blanda y sin forma que para ser otra cosa que una ilusión, tan fugaz como la promesa enigmática de lo sublime y la puerta abierta hacia un nuevo tipo de libertad.

Westworld: fin de la partida

Más allá de las preguntas sin respuestas que Westworld 3x08 deja para su cuarta temporada, aún sin fecha, es el hecho que el centro motor de todas sus acciones carece del lustre que alguna vez tuvo y del impulso fundamental que le sostuvo.

El enfrentamiento entre anfitriones y seres humanos ocurrirá — y William resulta ser su primera víctima — pero ni aun esa percepción inquietante sobre un enfrentamiento desigual e inevitable en el futuro, es otra cosa que una pieza rota en mitad del mecanismo defectuoso, sin verdadero sentido y objetivo en que Westworld se convirtió en su último capítulo.