A raíz de la crisis del coronavirus, el pangolín se ha labrado una fama injusta como culpable potencial de lo sucedido. No se sabe si realmente fue esta la especie de transición que ayudó al SARS-CoV-2 a saltar de murciélagos a humanos. Sin embargo, incluso si lo fuera, el quid de la cuestión es que el pangolín no elige. Somos los humanos los que cometemos errores como comprar animales en el mercado negro o comer carne que no ha pasado los controles sanitarios pertinentes.

Por supuesto que él no es el enemigo, en todo caso, el único enemigo al que nos podemos referir últimamente es el propio coronavirus. Pero ahora, además, el pangolín sí que puede convertirse en superhéroe. Al menos, puede dar pistas muy interesantes a los mayores héroes de la pandemia: los científicos y los sanitarios.

El secreto mejor guardado por el pangolín

No está del todo claro si el virus causante de la COVID-19 pasó a los humanos directamente desde un pangolín. Lo que sí se sabe bien es que estos curiosos animales albergan a menudo a otros muchos coronavirus.

Sin embargo, no parece enfermar. Por ese motivo, un grupo de científicos de la Universidad de Medicina de Viena ha llevado a cabo un estudio dirigido a establecer las “herramientas” que permiten a este animal tolerar tan bien este tipo de patologías.

Para ello, compararon su genoma con el de otros mamíferos, incluyendo humanos, perros, gatos y vacas. Comprobaron que la mayor diferencia en sus sistemas inmunitarios reside en la ausencia en los pangolines de dos genes de señalización, cuyo papel es alertar de la presencia de patógenos. Resulta curioso que esto pueda ser una ventaja.

No obstante, llama la atención de los científicos, especialmente después de que las últimas investigaciones hayan apuntado a un exceso de respuesta inmune como causante de una de las complicaciones de la COVID-19.
Se trata del fenómeno conocido como tormenta de citoquinas, que genera una respuesta inflamatoria excesiva. Los investigadores llevan desde entonces buscando una forma de frenar posibles reacciones demasiado intensas, pero controlando que tampoco sean muy leves, para evitar infecciones secundarias. La importancia está en el equilibrio y quizás el pangolín podría tener la respuesta para lograrlo.

Próximos pasos

Según explican en un comunicado los autores del estudio, publicado en Frontiers in Immunology, en este trabajo inicial se han identificado diferencias genéticas entre el pangolín y otros mamíferos, pero no se ha investigado el impacto que pueden tener en la respuesta antiviral.

Aún no saben cómo sobreviven al coronavirus, pero deducen que esos dos genes tienen algo que ver. Además, han detectado otro gen, llamado RIG-I, que también tiene una función señalizadora y podría estar relacionado. Es un buen punto de partida, pero ni mucho menos el final. Aún queda mucho que investigar al respecto.