Cuando el equipo de ginecología del Hospital Universitario de Carolina del Sur vio una masa un tanto extraña en la ecografía de una embarazada en su tercer trimestre, no tenían ni idea de lo que se encontrarían tras el parto. En un principio pensaron que podría tratarse de un quiste o un teratoma. Estos últimos son comunes cuando un embrión “absorbe” a su gemelo durante el desarrollo. Sin embargo, no fue eso lo que vieron en la bebé que nacería unas semanas después. En realidad, la niña tenía dos bocas.
La primera era perfectamente normal. La segunda, en cambio, era la que se correspondía con esa anomalía de la ecografía. Tenía su propio labio, una pequeña cavidad, algunos dientes aún sin erupcionar e incluso una lengua que se movía en sincronía con la principal cuando la bebé se amamantaba.

El caso ha sido descrito en BMJ Case Reports, en un estudio en el que se describe también la operación con la que se logró extirpar la segunda boca a la niña.

¿Existen más bebés con dos bocas?

La niña padecía un caso de diprosopia. Se define así la duplicación de cualquier parte de la cabeza o la cara de un animal.

Puede darse en la cara completa. Es algo que se ha dado en más de una ocasión en gatos, a los que se conoce como gatos Janus. El más conocido de estos felinos fue Frankenlouie, quien además, al morir con quince años, alcanzó el récord al más longevo dentro de este peculiar grupo.

En humanos el tema de las dos caras queda reservado al famoso villano de Batman y a algún caso muy puntual, como el de Edward Mordrake. No obstante, sí que se puede dar en zonas faciales determinadas. Concretamente, se han descrito unos 35 casos desde el año 1900. Son más frecuentes los humanos con dos bocas, aunque no dejan de ser poco habituales en general.

Además, según señalan los autores del estudio, es un fenómeno que suele acompañar a síndromes, como el de Klippel-Feil o el de Pierre Robin. Sin embargo, en esta niña se trataba de un síntoma aislado, que no cuadraba con ninguno de estos trastornos. Además, no se sabe cómo pudo originarse exactamente durante el desarrollo embrionario.

Hamberis et al., BMJ Case Reports, 2020

Una operación exitosa

Por suerte, la segunda boca no parecía estar conectada con la principal y no impedía a la niña respirar ni comer con normalidad.

A pesar de eso, se tomó la decisión de someterla a una intervención quirúrgica para retirarla. Esta se realizó cuando la bebé tenía seis meses. Se extirparon algunos músculos y huesos bucales, tejido del esófago, glándulas salivales y seis dientes, que seguían sin erupcionar.

La operación pudo realizarse con éxito. Solo le quedó algo de hinchazón en el lugar en el que se había encontrado la segunda boca, pero acabó desapareciendo con el tiempo. En revisiones posteriores, se comprobó que tenía cierta dificultad para relajar la parte derecha de su labio inferior, quizás por haber perdido algunos nervios. De cualquier modo, era un síntoma muy leve y de ningún modo incapacitante.

La niña ya no tiene dos bocas, pero su caso quedará registrado para siempre como uno de los poquísimos ejemplos de diprosopia que se han documentado en el ser humano.