La pandemia causada por la crisis sanitaria del coronavirus está dejando más incertidumbres que realidades sobre la mesa. Ni si quiera está del todo claro cuándo el mundo podrá volver a una cierta normalidad o, al menos, salir a la calle. Con esto, las empresas sufren las consecuencias en sus propias cuentas. Una de tantas es, por supuesto Uber. El unicornio mundialmente conocido, y una de las tecnológicas mejor financiadas del momento, no tiene nada clara su evolución para este año. Y así lo han anunciado: Uber retira su guía 2020 publicada el pasado 6 de febrero.

En dicho documento, público en el área de inversores de la compañía, Uber recogía sus previsiones de resultados financieros para este año: ingresos netos ajustados, EBITDA y reservas. La pandemia ha hecho volar todo por los aires. "Dada la naturaleza evolutiva de COVID-19 y la incertidumbre que ha causado a todas las industrias en todas partes del mundo, es imposible predecir con precisión el impacto acumulativo de la pandemia en nuestros resultados financieros futuros", alegan.

Además de reducir su actividad en todas las geografías en las que se encuentran operando, lo que tendrá un impacto grande en las cuentas de la compañía, Uber se ampara en las inversiones que ha hecho entre sus conductores –principalmente en Estados Unidos– como forma de atenuar la caída de sus ingresos.

En otros lugares, como es el caso de España, esta ayuda corre a cargo del propio Estado por el sistema de trabajo en el país. No es Uber, o Cabify en su defecto, el que contacta con los conductores. Sería a través de compañías VTC las que disponiendo de las licencias de circulación contratarían a los profesionales. Todas las compañías dedicadas a esta actividad ya han procedido a la declaración de ERTES entre sus contratados; algunas de ellas, como adelanta La Información, han visto aprobada su petición. Otras como Moove Cars, operando para Uber principalmente, han visto rechazada esta petición. Igualmente, los costes no recaen sobre las ya inciertas cuentas de Uber.

No está clara la dimensión del descenso, puesto que Uber se compone por un gran número de modelos de negocio –Uber Eats sigue activo–, pero el taxi el España cifra su caída de los ingresos en más de un 80%, lo que indica que la actividad de Uber rozaría esos máximos.

En cualquier caso, estas ayudas y el descenso de los ingresos tendrá un efecto de casi 17 millones de dólares (con un máximo de 22 millones) para los tres primeros del año. Entre 60 y 80 millones para el segundo trimestre del año, el que está previsto que sufra las consecuencias de las últimas semanas de confinamiento y la poca actividad de la economía. Los ingresos anuales, por supuesto, también se verán reducidos; aunque la compañía no quiere hacer previsiones de momento.

Pese a la retirada de la guía, la llamada a accionistas prevista para el próximo 7 de mayo, en la que se analizarán las cuentas del primer trimestre, sigue en píe. Lo que dará una visión más certera del impacto de la crisis por el coronavirus en la industria de la movilidad en las ciudades, así como la respuesta de los inversores de la compañía.

Unos inversores, por cierto, que esperaban que 2020 fuese al año de los ajustes definitivos para Uber. Justo a finales de 2019. y con la idea de ajustar ingresos y gastos, Uber anunciaba un plan de recortes en su plantilla no estratégica –principalmente de marketing– para reducir gastos tras su deficiente salida a bolsa a mediados del año pasado. Era, ante todo, un pozo sin fondo para quemar dinero; una situación que durante las millonarias rondas de financiación estaba soportada por los accionistas, pero que en los mercados públicos no se ha visto con buenos ojos. El objetivo de Uber, ahora probablemente descartado por el coronavirus, era el de ganar dinero y superar las pérdidas de 1.000 millones de euros del último trimestre del año pasado.