Juego de tronos, la serie televisiva creada en 2011 por para la HBO por David Benioff y D. B. Weiss como adaptación de las novelas homónimas escritas por George R. R. Martin, terminó en mayo de 2019 y sigue tratándose del último gran fenómeno seriéfilo tras Perdidos (J. J. Abrams, Jeffrey Lieber y Damon Lindelof, 2004-2010) y, en su momento, The X-Files (Chris Carter, desde 1993). Una ficción caracterizada por romper sensacionalmente las expectativas del público y tirar por caminos alejados del tópico, muchas veces llenos de crueldad. Como la ocasión en que Lord Eddard Stark (Sean Bean) es ejecutado.

Fue en el episodio Baelor (1x09), quizá el primer gran “trauma” inesperado para los espectadores de los no pocos que vendrían después. El Señor de Invernalia y Guardián del Norte había sido acusado de traicionar alevosamente a la corona por pretender entregarle el Trono de Hierro a Stannis Baratheon (Stephen Dillane), al que consideraba el heredero legítimo de los Siete Reinos tras descubrir que el padre de los vástagos de la reina, Cersei Lannister (Lena Headey), era su hermano Jaime (Nikolaj Coster-Waldau) y no el difunto rey, Robert Baratheon (Mark Addy).

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Como el también fallecido Jon Arryn (John Standing), lo supo cuando leyó el libro Linajes e historias de las Grandes Casas de los Siete Reinos, con muchas descripciones de nobles caballeros, damas y sus descendientes, centenaria obra del Gran Maestre Malleon y propiedad de quien ocupaba el mismo cargo en ese momento, Pycelle (Julian Glover): los hijos de matrimonios entre los Lannister y los Baratheon siempre tenían el cabello negro de estos últimos, mientras que Joffrey (Jack Gleeson), Myrcella (Aimee Richardson) y Tommen (Dean-Charles Chapman) eran rubios como los Lannister.

El ladino consejero Petyr Baelish (Aidan Gillen), Meñique, les avisa de las intenciones de Ned, vendiéndolo así, cuando este estaba a punto de hacer pública la ilegitimidad de Joffrey como sucesor de Robert. Y el cabeza de la Casa Stark acaba siendo decapitado con su propia espada por Ser Ilyn Payne (Wilko Johnson), la Justicia del Rey, en una terrible ejecución pública y ante la mirada impotente de sus hijas Arya (Maisie Williams) y Sansa (Sophie Turner). Pero ¿por qué Ned no pide un juicio por combate, como Tyron Lannister (Peter Dinklage) en un par de ocasiones, para intentar salvarse? Buena pregunta.

El inocente Tyrion lo exige cuando Lysa Tully (Kate Dickie) le quiere procesar por el intento de asesinato de su sobrino Bran Stark (Isaac Hempstead Wright) y el asesinato efectivo de su esposo, el ya mencionado Jon Arryn; y el mercenario Bronn (Jerome Flynn) gana por él contra Ser Vardis Egen (Brendan McCormack). Pero su segundo juicio no va bien: Gregor Clegane (Hafþór Júlíus Björnsson), la Montaña, le revienta el cráneo a Oberyn Martell (Pedro Pascal), su campeón, y le condenan a muerte por el envenenamiento de Joffrey, que en realidad había sido obra de Olenna Tyrell (Diana Rigg): “Díselo a Cersei; quiero que sepa que fui yo”.

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Pero las cosas llegaron a un punto para Ned Stark en que ya no le podían conceder un juicio por combate: Lord Varys (Conleth Hill) le visita en las mazmorras oscuras de la Fortaleza Roja y le propone confesarse culpable de traición para que le permitan vivir y le envíen al Muro como miembro de la Guardia de la Noche, junto a su supuesto hijo bastardo Jon Snow (Kit Harington); y aunque al principio se niega en redondo, tan honorable como siempre, termina aceptando por la seguridad de Sansa, que sigue a merced de los Lannister. Pero el felón de Joffrey no cumple con su palabra y ordena su ejecución.

Por supuesto, si Ned se confiesa culpable, no hay juicio que valga. Sin embargo, existen más razones por las que nunca hubiera pedido uno por combate, tal como cuenta James Hunt en Screen Rant: su religión era la de los Antiguos Dioses, y tal solicitud la solían llevar a cabo quienes seguían la Fe de los Siete; no estaba en condiciones de luchar, febril, hambriento y con una pierna herida, ni su campeón podría vencer a los grandes guerreros disponibles para los Lannister; y recordaría malamente que Lord Rickard (Wayne Foskett) y Brandon Stark, su padre y su hermano mayor, murieron en un horrible juicio así.

El segundo creía que el príncipe Rhaegar Targaryen (Wilf Scolding) había secuestrado a Lyanna Stark (Aisling Franciosi), la hermana pequeña. Los dos se amaban, y John Snow, cuyo verdadero nombre es Aegon Targaryen, fue el fruto de sus relaciones secretas. Pero Brandon no lo sabía, y fue hasta la Fortaleza Roja para amenazar a Rhaegar, donde solo se encontraba su padre, Aerys Targaryen (David Rintoul), el Rey Loco, que lo arrestó. Y, cuando Rickard pidió un juicio por combate, el monarca chiflado decidió elegir al fuego como su campeón, de modo que el padre de Ned fue pasto de las llamas, y su hermano mayor murió intentando impedirlo. Tristes recuerdos como para escoger un juicio semejante.