Desde que se declaró el estado de alarma, los españoles soñamos con el día en el que se anuncie por fin ese deseado pico de contagios de coronavirus y veamos como, con el esfuerzo de todos, comienza a doblarse la curva que tanto hemos visto estirarse hacia arriba en las últimas semanas.

Por eso, estamos más atentos que nunca a las cifras. No son buenas, eso es innegable. Somos el tercer país con más contagios reportados, ya por encima de China, a la que también superamos en fallecidos. Por suerte, también nos encontramos muy cerca de la cabeza en el número de personas curadas, solo por debajo del país asiático en el que se originó la enfermedad. Aunque son cifras tristes, muchos epidemiólogos anuncian que poco a poco se comienza a ver esa tendencia tan buscada. Muy pequeña, casi imperceptible a la vista, pero ahí está. Sin embargo, si buscamos esa tendencia en el número de personas infectadas no parece algo muy fiable.

Al fin y al cabo, es innegable que hay muchos más pacientes con Covid-19, a los que no se les ha llegado a realizar el test. Esto por un lado supone que la tasa de mortalidad es mucho más baja de lo que parece, pues se calcula dividiendo los fallecidos entre el número total de pacientes y este último es más alto de lo que dicen las cifras oficiales. Pero, por otro lado, indica que la cantidad de positivos no nos vale como referente. Es mucho más fiable la de muertos; ya que, por desgracia, estos pasan mucho más desapercibidos. Pero ni siquiera en ese caso las cifras absolutas son el mejor indicador. Es algo en lo que ha insistido mucho en los últimos días el profesor de economía de la Universidad de Navarra Francesc Pujol, tanto en su cuenta de Twitter como en su blog.

En ambos lugares reivindica la importancia del uso de multiplicadores, una forma de evaluar la situación que ha sido compartida por diversos expertos en virología y epidemiología. ¿Pero qué es esto exactamente?

Una cifra poco conocida, pero muy necesaria

Si nos fijamos en la gráfica, ya sea de nuevos positivos, fallecidos o curados, es normal que se vean algunos picos, especialmente al principio. Por eso, para eliminar esos cambios puntuales en la tendencia, conocidos como ruido, lo primero que hace Pujol antes de realizar sus cálculos es considerarlos cada cuatro días.

De este modo se considera la información agrupada de varias jornadas y es más fácil observar una tendencia. Y una de las mejores formas de verla es con el uso de los multiplicadores, que se obtienen dividiendo cada día con la cifra que se registró cuatro jornadas antes. De este modo respondemos a una pregunta: ¿por cuánto hemos multiplicado para obtener la cifra actual?

El objetivo final si queremos acabar con una epidemia es que este número sea un 1; ya que, si multiplicamos por la unidad, significa que nos estamos quedando igual y que, por lo tanto, no hay ningún caso nuevo.

En las tablas y gráficas elaboradas por este economista, que actualiza la información diariamente en su blog, se puede ver que en el caso de los fallecidos, el que más nos interesa por las razones mencionadas antes, llegamos a ascender a 7’5; pero que, afortunadamente, desde que se impusieron las medidas de confinamiento se ha ido descendiendo poco a poco. Justo ayer domingo conseguimos por fin bajar de 2, situándonos con un 1’9, que hoy se ha transformado en un 1’8. Aún queda mucho.

En Italia, cuyo foco se inició una semana antes que el nuestro, ya han alcanzado el 1’44.

¿Significa eso que debemos relajarnos? Ni muchísimo menos. Significa que estamos haciéndolo bien, pero que todavía podemos hacerlo mejor. Cuanto más nos esforcemos ahora, antes podremos volver a nuestras vidas. No es momento para flaquear, debemos ayudar a bajar a esos números.

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