Según la ONU, las especies invasoras suponen hoy la segunda causa de pérdida de biodiversidad en el mundo. Además, una de cada tres especies en Europa está en peligro de extinción por este motivo. Se trata de plantas o animales exóticos introducidos deliberada o accidentalmente fuera de su hábitat, donde se reproducen rápidamente, desplazando a las que normalmente ocupan ese lugar. Por ejemplo, los zorros invasores son una de las razones que están llevando a la extinción del ornitorrinco en Australia. Pero no son los únicos.

En Canadá, llevan desde los años 80 lidiando con la acelerada expansión del cangrejo verde europeo (Carcinus maenas), un crustáceo, conocido popularmente como Supervillano, que se ha apoderado de las playas del Parque Nacional Kejimkujik Seaside, en Nueva Escocia, arrasando con muchas de las especies que viven allí. Como suele ocurrir con otras invasoras, la única solución es su ejecución controlada. Esto a veces genera reparos en ciertos grupos animalistas, pero no deja de ser una medida necesaria para mantener la estabilidad de un ecosistema, evitando la muerte de otras muchas especies. Aun así, parte de ese mal sabor de boca se puede evitar si se busca una aplicación útil a esos cangrejos sacrificados. Y eso es precisamente lo que está intentando Audrey Moores, una química de la Universidad de McGill, que ha diseñado un método para obtener materiales alternativos al plástico a partir de sus caparazones.

El lado bueno de las cosas

En la lista de Fisheries and Oceans Canada, el cangrejo verde europeo figura como una de las 10 especies más indeseadas del mundo, tanto por su gran capacidad de expansión como por sus consecuencias devastadoras en los lugares de los que se apodera.

Una hembra puede llegar a poner 175.000 huevos en su vida, lo cual supone una cantidad desorbitada de nuevos crustáceos preparados para conquistar su pequeño trocito del mundo. Son grandes depredadores acuáticos; que, sin embargo, pueden vivir fuera del agua durante varios días, por lo que arrasan con sus presas en ambos ambientes. No obstante, las especies más perjudicadas son las marinas, especialmente mejillones, almejas y cangrejos jóvenes. Todos caen presos de sus pinzas, mientras su población se merma poco a poco, sin que ellos puedan hacer nada. Pero los seres humanos sí podemos. Por desgracia, la solución está en sacrificar a ese exceso de cangrejos verdes, con el fin de mantener un equilibrio en el ecosistema.

Y con el fin de encontrar otra cara algo menos amarga en todo esto, la propuesta de Moores consiste en obtener un material biodegradable, para la fabricación de muchos de los utensilios que hoy en día se elaboran a base de plástico.

En sus primeros experimentos ha aplastado las conchas, hasta obtener un fino polvo que, mezclado con otros reactivos concretos, permite la extracción de la quitina, un carbohidrato que puede encontrarse en lugares como las paredes celulares de los hongos o los exoesqueletos de los artrópodos.

Tratado adecuadamente, da lugar a un material muy resistente y, por supuesto, biodegradable. No obstante, por el momento el resultado ha sido demasiado duro y rígido, por lo que Moores y su equipo esperan realizar en el futuro una serie de cambios en el procedimiento, que permitan la obtención de un material más moldeable, como el plástico.

Lo mejor es que el proceso completo no implica la liberación de ninguna sustancia tóxica al medio, por lo que sería una alternativa excelente a los métodos de fabricación tradicionales. Si esto pudiera llegar a llevarse a la producción a gran escala, sin duda el cangrejo verde pasaría de supervillano a superhéroe.