salud
– Ene 6, 2020, 11:00 (CET)

Usas mal los supositorios y la culpa no es del garrafón: estos y otros mitos relacionados con la salud al descubierto

La divulgadora Esther Samper desmiente algunas creencias populares en su libro Si escuece, cura.

Las creencias populares también existen en el ámbito de la salud y, por el bien de todos, hay que desmentirlos. Como que la resaca se evita con agua o que la culpa de la resaca la tiene el garrafón. También está muy extendido que los supositorios se ponen por el lado puntiagudo o que la fiebre siempre es mala.

En el libro Si escuece, cura. 50 malas prácticas de salud al descubierto de Esther Samper, esta licenciada en medicina y divulgadora desmiente algunas de estas creencias y otras tantas como que los si los bebés escuchan a Mozart serán más inteligentes, que los alimentos deben descongelarse a temperatura ambiente o que siempre hay que inducir el vómito después de que una persona se intoxique, ya sea con un medicamento o con un tóxico.

Supositorio

¿Cómo se pone un supositorio? ¿Por el lado afilado o por el plano? La intuición e, incluso, el diseñador de los supositorios en el siglo XIX, Henry S. Wellcome, tienen una respuesta sencilla a esta pregunta: introducirlos por el lado afilado es la forma más fácil de que entren por el recto. Sin embargo, nada es tan sencillo como parece.

"Durante alrededor de un siglo, tanto la población general como los profesionales sanitarios recomendaron y aplicaron su introducción en el recto por el extremo afilado, al dictado de la ciencia infusa y la intuición", apunta Samper. "Hasta que llegó el año 1991 y la recomendación general imperante sobre la colocación del supositorio dio un giro de 180 grados, tanto en el sentido metafórico como en el literal". Esto se debe a un estudio que se publicó en The Lancet, titulado Supositorio rectal: sentido común y modo de inserción, ese mismo año y que "rompió todos los esquemas". Cuando se les pidió a los sujetos del estudio que introdujeran un supositorio por el lado puntiagudo y el siguiente por el lado plano, los resultados arrojaron que en el segundo caso "era mucho menos probable tener que introducir el dedo en el ano para colocarlo bien (solo el 1% de los pacientes con este método tenían que recurrir a ello, frente al 83% del método convencional con el extremo afilado". Además, había menos posibilidades de que se expulsara el supositorio de forma involuntaria si se introducía por el lado plano.

No obstante, este estudio no se ha vuelto a replicar y ha sido muy criticado por "varios errores, imprecisiones, fallos en la metodología...". Uno de los artículos más contundentes, también publicado en The Lancet, se titula Inserción del supositorio rectal: fiabilidad de la evidencia como base para la práctica enfermera da varios argumentos en contra del otro estudio, entre ellos que la muestra era muy pequeña o que introducir el supositorio por el extremo plano puede dificultar o imposibilitar la liberación y absorción del principio activo, tal y como recoge Samper.

Según el primer estudio: usas mal los supositorios. Sin embargo, hay que esperar que nuevas investigaciones confirmen (o no) que es así. Pero, ¿será lo suficientemente importante cómo ponerse un supositorio para que se hagan nuevos estudios?

Resaca

Todo el mundo tiene su propio truco para luchar contra la resaca después de una noche de desfase con el alcohol, desde cardo mariano hasta jengibre, pasando por espinacas, tomar ciertas vitaminas o bebidas que proclaman ser la cura contra la resaca como Morning Recovery, Getaday o Mano de Santo... "La cruda realidad", escribe Samper, "es que no existe ninguna cura para la resaca, por mucho que los vendehumos se empeñen en publicitara bombo y platillo que su fabuloso producto es especial y es capaz de conseguir lo que otros no pueden".

Hay personas que metabolizan más rápido que otras el alcohol y sus metabolitos, por lo que tienen menos resaca. Pero hay quienes toleran mal el alcohol, como por ejemplo los asiáticos; las mujeres padecen más los estragos del alcohol que los hombres y las personas de entre 60 y 70 años ya no eliminan igual el alcohol.

Pero, ¿qué es exactamente la resaca? ¿Con qué podemos combatirla? "No está de más recalcar que la medicina más efectiva suele ser la prevención y que no hay ninguna razón sanitaria justificada para beber alcohol", afirma la médica. Los síntomas de la resaca van desde un dolor de cabeza constante y bastante molesto hasta la incapacidad de concentrarse y procesar información, pasando por mareos, náuseas, vómitos, sudoración, sensación de malestar general y debilidad, cansancio y la afectación de la calidad del sueño.

"Todavía desconocemos muchos detalles sobre los mecanismos que se producen durante una resaca. Es un proceso mucho más complejo de lo que podrías pensar en un primer momento y no existen muchos estudios médicos que profundicen al respecto", explica Samper. "En la cultura popular, está bastante difundida la idea de que la resaca se produce principalmente por la deshidratación, pero lo cierto es que hay más factores implicados en su aparición. Por ejemplo, también se producen metabolitos tóxicos por la formación del alcohol, la inflamación del tracto gastrointestinal, la producción de radicales libres (estrés oxidativo), cambios hormonales y alteraciones del sistema inmunitario".

Para combatir la resaca, Samper apunta una serie de claves a tener en cuenta como que hay que beber más o menos el mismo agua que alcohol entre copa y copa, sobre todo porque el agua te hará sentir lleno y saciado, por lo que no consumirás tanto alcohol. En cuanto a la comida, se aconsejan las ricas en grasa antes de beber, pero alimentos ligeros tanto al ir a acostarse como al levantarse: "El aparato digestivo ya se encuentra bastante tocado por el alcohol y no es nada recomendable sobrecargarlo más todavía con alimentos ricos en grasas que lo irriten todavía más", por lo que recomienda tomar fruta, leche, yogures, zumos o bebidas isotónicas, caldos... que, además, aportan glucosa y sales que compensarán un poco lo perdido.

El clásico ibuprofeno para la resaca también es aconsejable ya que al ser un antiinflamatorio ayudará a que haya menos dolor en el aparato digestivo tras una noche de copas de más. Además, los especialistas desaconsejan totalmente cualquier consumo extra de alcohol: la resaca no se cura con más alcohol.

No es el garrafón, eres tú. "A menudo, se suele culpar al alcohol de garrafón de un determinado bar o pub como el responsable de una muy mala resaca. No es algo imposible, pero sí poco probable. Lo que comúnmente conocemos como alcohol de garrafón son, estrictamente hablando, bebidas alcohólicas de garrafa, a granel, que suelen ser de baja calidad, más baratas y que se han producido por destilaciones incompletas. Para enmascarar su baja calidad, suelen ir acompañadas de ciertos congéneres que aporten sabor y aromas". A pesar de que este alcohol es de peor calidad, no es por su culpa que tengas resaca.

Bajar la fiebre

La fiebre es un síntoma de que nuestro sistema inmunitario está activo y lucha, casi siempre, contra una infección, ya sea provocada por virus y, con menos frecuencia, por bacterias. "La fiebre en sí misma no tiene por qué ser mala", indica la divulgadora. Es cierto que una fiebre alta, mayor de 42ºC, puede provocar daño cerebral irreparable, indica la médica en el libro, y las convulsiones, si se producen, "son leves y suelen aparecer con fiebres bajas y, además, el tratamiento de la fiebre no las previene", añade. El problema de la fiebre es que suele venir relacionada con un malestar general.

Los diferentes estudios consultados por Samper dejan claro que medicar a las personas para bajarles la fiebre no es mejor que no hacerlo. Entonces, ¿qué se debería hacer? "La postura más clara planteada por numerosas instituciones como el Instituto Nacional de Salud y Excelencia Clínica de Estados Unidos, la Clínica Mayo o la Asociación Española de Pediatría es que no hay que combatir la fiebre a diestro y siniestro, sino solo en casos puntuales".

¿Cuándo sería necesario bajar la fiebre? "Estaría indicado su uso, por ejemplo, en niños con fiebre y evidente malestar general y dolor (los que están con fiebre y buen estado no lo necesitarían), cuando se tiene una fiebre de 40º o superior o de larga duración y en determinados enfermos críticos o crónicos", explica Samper. Además, añade, en el caso de los bebés con menos de tres meses que presenten fiebre hay que acudir directamente a urgencias. Además, también habrá que ir a urgencias lo antes posible si aparecen junto a la fiebre otros síntomas como rigidez en la nuca, manchas en la piel, dificultad para respirar, confusión mental, vómitos constantes o dolor al orinar.

Fortasec y otros antidiarréicos

Fortasec no es el único antidiarréico que existe en el mercado ya que su principio activo, la loperamida, se encuentra también en otros como Diarfin, Loperan, Imodium, Salvacolina, Sindiar... "Lo que tienen en común estos fármacos con loperamida es que disminuyen los típicos movimientos intestinales (conocidos como peristaltismo intestinal), por lo que el tránsito intestinal va a cámara lenta", explica Samper. "Además, también aumenta la absorción del agua y los electrolitos en el intestino e incrementa el tono del esfínter anal. Todos estos efectos en su conjunto llevan a que, si se toman estos medicamentos al padecer diarrea, las heces sean menos líquidas, disminuya el número de deposiciones al día, se pierdan menos líquidos y sales y haya menos urgencia e incontinencia que obligue a ir corriendo al aseo", afirma la divulgadora.

A pesar de que estos medicamentos cumplen perfectamente con su función, en principio son desaconsejables, pero ¿por qué? "Porque la causa principal detrás de las diarreas agudas son las gastroenteritis infecciosas por virus, bacterias o toxinas", indica Samper. La diarrea es un mecanismo más de defensa del cuerpo, es decir, es como la fiebre: sirve para deshacerse de los microorganismo o moléculas que están perjudicando al cuerpo. Y, por tanto, aunque es molesta, no es per se mala y hay que dejar que se vaya sola.