Gracias a la vacuna, pocas personas conocen hoy en día los brutales ataques de tos provocados por la tos ferina. Al menos en los países desarrollados. En el resto, esta enfermedad sigue matando a decenas de miles de personas cada año.

Como ocurre con otras afecciones, el peligro podría volver a extenderse a causa de los grupos anti vacunas, aunque en esta ocasión no recae sobre ellos todo el peso de la culpa. Y es que, según se explica en un estudio recién publicado en Vaccine, la bacteria causante de la enfermedad, Bordetella pertussis, está evolucionando para resistir a la vacuna. De momento seguimos protegidos con ella, pero es un hallazgo que pone sobre la mesa la necesidad de empezar a trabajar en una nueva estrategia de protección.

La vuelta de la tos ferina

Este estudio ha sido llevado a cabo por científicos de la UNSW de Sydney, de ahí que se haya analizado la evolución de la bacteria frente a la vacuna celular utilizada en Australia. No obstante, es una variante muy similar a las empleadas en el resto del mundo, por lo que sus resultados pueden extrapolarse a otros países.

Llegaron a esta conclusión después de analizar las proteínas que envuelven a varias cepas de B.pertussis y comprobar que cada vez producen más proteínas de unión a nutrientes y transporte y menos inmunogénicas. Esto se traduce en que se están volviendo más eficientes para “alimentarse”, a la vez que logran evitar la respuesta generada por la vacuna. Al fin y al cabo, el papel de estos fármacos se basa en imitar una infección, sin síntomas, para que el cuerpo genere las defensas necesarias para luchar contra la bacteria en caso de que esta finalmente penetre en el organismo. Estas armas generadas gracias a la vacunación se ponen en funcionamiento después de que se detecte la entrada del patógeno, a través de sus proteínas inmunogénicas. Sin embargo, si estas dejan de generarse, puede pasar desapercibido y generar la infección sin que el cuerpo pueda luchar.

Otra consecuencia de esta disminución de proteínas sería que el sistema inmunitario del hospedador no desarrollaría una respuesta tras la infección, por lo que podría tener ya la bacteria y no haberse dado cuenta, por no manifestar los primeros síntomas.

A pesar de estos resultados, los autores del estudio insisten encarecidamente en que esto no significa que debamos abandonar las vacunas actuales, pues de momento siguen siendo seguras y eficaces. Es cierto que parece ser que las vacunas acelulares aportan un poco menos de protección que las basadas en el microorganismo inactivo, pero aun así siguen salvando miles de vidas en todo el mundo si se administran como es debido. No obstante, sí que admiten que la comunidad científica debería tomar cartas en el asunto y ponerse manos a la obra, en busca de una nueva vacuna, a ser posible en los próximos 5-10 años.

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