El pasado 6 de enero, SpaceX lanzó su tercer lote de 60 satélites al espacio. Son ya 180 los que forman la constelación artificial del servicio Starlink, con el que la compañía de Elon Musk pretende proporcionar internet de alta velocidad a todo el mundo.

Su llegada al espacio no ha sido bien recibida por la comunidad científica, que se queja de que los satélites pueden alterar la visibilidad del cielo, además de interferir las señales de los radiotelescopios empleados en astrofísica. Para calmar las protestas, a esta última tanda se le ha añadido un recubrimiento oscuro, dirigido a disminuir su reflexión y evitar que su brillo pueda afectar a las observaciones astronómicas. Pero eso no ha impedido que su paso por el cielo haya podido ser captado por multitud de profesionales y aficionados del sector. Es el caso de José Antonio González y José Fernández Arozena, miembros de la empresa Cielos La Palma, dedicada al astroturismo en la isla canaria. El resultado es un vídeo impresionante en el que se observa el paso de los satélites como si de una anómala lluvia de estrellas se tratara. El espectáculo es magnífico, no cabe duda, pero no por eso deja de ser un peligro que estas constelaciones artificiales se hagan con su hueco en el cielo.

Luces viajando por el cielo

El vídeo fue grabado el pasado 13 de enero a partir de las 19:30, en el mirador del Llano Las Brujas.

En él se puede ver claramente la línea recta formada por alguno de los satélites que compusieron esta tercera tanda. No fue posible grabarlos todos, como explica el propio González a El Diario. Sin embargo, pudieron tomar una buena representación de ellos a su paso por la constelación de Auriga, muy cerca de la estrella Capella.

Se espera que en los próximos días se alineen con los otros 120 satélites, que fueron lanzados en los meses de mayo y noviembre. Hasta ahora no han generado interferencias graves, aunque sí se refirieron quejas al respecto el pasado mes de noviembre, cuando alteraron la visibilidad de la lluvia de alfa-monocerótidas.

El problema es que la compañía pretende ir mucho más allá y formar una constelación artificial de hasta 42.000 satélites. Lógicamente, esto sí que preocupa a los investigadores, que temen que el cielo sobre el que trabajan deje de ser el mismo. Y es un problema que puede que un recubrimiento oscuro no solucione.