La ilusión de la mano de goma es un “juego” muy sencillo, que se ha usado como experimento en neurociencias durante años. El procedimiento fue descrito por primera vez en 1998 por Matthew Botvinick y Jonathan Cohen, dos investigadores de la Universidad Carnegie Mellon, cuyos resultados se publicaron en un estudio de la prestigiosa Nature.

Se trata de una ilusión óptica, por la cual una persona cuya mano se encuentras oculta puede llegar a percibir como suya una extremidad falsa, de látex, cuando esta se estimula a través de actividades como acariciarla con un pincel. Ha sido muy estudiada, por los mecanismos neuronales que llevan a que esto ocurra, pero también por las aplicaciones que puede tener a nivel sanitario. Por ejemplo, se ha investigado por su importancia en lo referente al conocimiento de la propiocepción, puesto que este es un sentido que se ve afectado en numerosas afecciones de origen neurológico, como el alzhéimer. Ahora, un equipo de científicos de la Universidad de Cambridge ha vuelto a “sacar del trastero” la mano de goma, pero esta vez para explorar sus beneficios en la terapia de pacientes con trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Y, por disparatado que parezca, en los ensayos iniciales, descritos en un estudio de Frontiers in Human Neuroscience, ha dado muy buenos resultados.

La mano falsa en pacientes con TOC

En el experimento clásico de la mano de goma, las personas que participan en él llegan a sentir como propia la mano cuando esta se estimula a la vez que la suya. Esto se manifiesta porque, después de acariciar ambas al mismo tiempo con un pincel, tendían a apartar rápidamente la mano real cuando la falsa era golpeada con un martillo.

Sin embargo, en pacientes con ciertas enfermedades mentales, como la esquizofrenia, esta reacción se daba incluso si los estímulos no eran simultáneos. Esto llevó a un grupo de científicos de la Universidad de Cambridge a pensar que, quizás, podría tener un papel clave para ayudar a las personas con TOC.

Estos individuos presentan diversos comportamientos insistentes y compulsivos, que llegan a interferir con el desarrollo normal de su día a día, afectándoles negativamente. No debe confundirse con la tendencia que todos tenemos a desarrollar ciertos actos algo obsesivos, pero sin que lleguen a perjudicarnos.

Por lo general, estos pacientes se tratan con terapia de exposición, un tratamiento muy común también en otras condiciones, como las fobias. Como su propio nombre indica, consiste en exponer a la personas en cuestión al agente causante de sus problemas, de modo que poco a poco pueda aprender a gestionar las reacciones que esto le supone y encauzarlas para que no les perjudiquen.

En el caso del TOC, son muy comunes las compulsiones relacionadas con la limpieza, especialmente las referentes a la propia higiene. Por ejemplo, muchas de estas personas se lavan las manos insistentemente, llegando a veces incluso a irritarse la piel y hacerse heridas.

En estos casos, la terapia de exposición a veces pasa por ensuciar la mano y ver cómo reaccionan y cuánto tiempo tardan en ir a lavársela. El problema es que es una situación muy dura, por lo que algunos pacientes no son capaces de superarlo y no quieren seguir asistiendo a terapia.

Por eso podría ser tan positiva la ilusión de la mano de goma. Manchando la extremidad falsa se podría conseguir que los pacientes la identificaran como propia, experimentando esas emociones que deben aprender a controlar, pero al partir de que saben que no es su mano se encontrarían más relajados y se prestarían a la terapia con menos reparos.

Pusieron esta teoría a prueba con ayuda de 20 voluntarios con TOC, divididos en dos grupos, uno en el que la mano falsa y la real se acariciaron simultáneamente y otro en el que no se hizo al mismo tiempo. Cinco minutos después, a todos ellos se les colocó también una pequeña cantidad de heces falsas en la mano de goma, mientras que en la otra se dejaba caer un fluido que simulaba el efecto que estaría experimentando si fuese esa la que se ensuciaba.

Pasado este mal trago, se pidió a todos los participantes que evaluaran sus niveles de disgusto, ansiedad y urgencia por lavarse las manos. Todos manifestaron un gran recelo y malestar, que al alargar el experimento se intensificó en los que recibieron las caricias simultáneas.

El juego estaba funcionando. No obstante, antes de comenzar, al saber que todo sería una ilusión óptica. habían estado riendo y aceptaron participar sin miedo.

Esta ha sido solo una fase inicial del proceso, pues queda saber si realmente estas personas se recuperarán del trastorno con la misma eficacia que lo harían con la terapia habitual. De cualquier modo, es un gran paso, que demuestra que un simple juego puede tener una gran utilidad en salud y que, al menos en psicología, todo funciona mejor si empieza con risas.

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