Tras cierta incertidumbre y bajo la presión del gobierno estadounidense, posicionado a la contra, el Reino Unido ha decidido este martes permitir a Huawei ser uno de los socios técnicos que participen en el despliegue de las redes 5G del país. Este visto bueno es, no obstante, muy limitado.

Así lo han publicado los medios ingleses, como Reuters, que apuntan a una resistencia a las directrices del gobierno de Trump por parte del primer ministro Boris Johnson.

Huawei permanecerá, no obstante, enmarcado dentro de lo que llaman "proveedores de alto riesgo", pero al fin y al cabo, proveedores. De esta forma, Huawei podrá encargarse de las partes "no sensibles" de la infraestructura 5G. Esto es, no tendrá participación en la parte central, sino más bien en el despliegue de antenas y otro tipo de equipamiento más periférico.

Y aun en este caso, su participación estará limitada a un 35% de la inversión total. No obstante, Huawei se ha mostrado satisfecha ante la resolución de la ejecutiva de Reino Unido, cuyo secretario de comunicaciones Nicky Morgan ha calificado de "una solución específica para el Reino Unido por razones específicas del Reino Unido y la decisión aborda los desafíos que enfrentamos en este momento".

En un comunicado obtenido por Hipertextual, Victor Zhang, el vicepresidente de Huawei cataloga esta decisión de tranquilizadora:

"Para Huawei es tranquilizadora la confirmación del gobierno de Reino Unido de permitirnos continuar trabajando con nuestros clientes para seguir con el despliegue 5G en el país. Esta decisión, basada en evidencias, tendrá como resultado una infraestructura de telecomunicaciones más avanzada, más segura y con mayor eficiencia de costes para el futuro, dando al Reino Unido acceso a tecnología líder y garantizando un mercado competitivo."

Este permiso parcial a Huawei tiene dos lecturas posibles. La que realiza el gigante de las telecomunicaciones con base en Shenzen, y la de que a nivel efectivo están limitando el libre comercio en este tipo de infraestructuras, cada vez consideradas más abiertamente como estratégicas. Lo hacen, además, en base a unas advertencias sobre espionaje sobre las que todavía no se ha presentado prueba alguna.

El Reino Unido no es el primer país en establecer limitaciones de este tipo a Huawei. Antes de ellos llegó Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda o Japón. El problema es que, según lo define Therese Raphael en Bloomberg, "los costes de seguridad de una prohibición son hipotéticos y futuros, mientras que los costes económicos serían reales y en el presente".