Una nueva serie de Drácula parece una empresa arriesgada y de alguna forma innecesaria, pues la novela de Bram Stoker , publicada en 1897, ha sido adaptada en numerosas ocasiones. Sin embargo, lo que han conseguido Mark Gatiss y Steven Moffat es un título interesante, que cumple con el canon de la obra de Stoker, con todo el imaginario que hoy en día rodea la obra, y en varios momentos llega a sorprender por su ingenio y la frescura de su adaptación. El pasado 1 de enero del 2020 fue estrenada Dracula en Netflix, acá la repasamos sin spoilers.

Gatiss y Moffat son conocidos por ser los responsables de otra serie de una obra de canon, infinitamente representada y adaptada: Sherlock. Además, el dúo ha trabajado en otro clásico británico: Doctor Who. Steven Moffat, además, fue productor y escritor de Jekyll, basada en la novela 'El extraño caso de doctor Jekyll y el señor Hyde'. Así pues, estamos ante dos exitosos veteranos que dotaron de aire fresco a las novelas y personajes de Arthur Conan Doyle, e intentan repetir la hazaña con la historia gótica por excelencia, la del conde Drácula; aunque, como veremos, no lo consiguen del todo.

Drácula es una miniserie de apenas tres episodios de hora y media cada uno aproximadamente. Desde aquí podemos señalar el acierto de contar la historia del vampiro más famoso de la ficción en tan pocos capítulos, sin embargo, no serán los únicos puntos interesantes de esta nueva adaptación; otros son su narrativa audaz, su producción impecable y su acertado reparto.

Algunos de los actores que han dado vida al conde Drácula ha tenido una proyección importante, tales como Bela Lugosi, Christopher Lee y Gary Oldman. Así pues, el nuevo intérprete, Claes Bang, no lo tenía fácil. Sin embargo, el actor danés cumple con el papel y aporta elementos muy interesantes al personaje y a la historia. Logra insertar en el imaginario nuevos aspectos del conocido vampiro, una empresa ya de por sí compleja. Pero sin duda la sorpresa de Drácula radica en la contraparte del conde: Van Helsing.

El erudito Van Helsing, sin embargo, es adaptado en Drácula como Zoe Van Helsing, interpretado magistralmente por Dolly Wells, una monja muy peculiar que enfrenta al temido vampiro e impide su propósito de esparcir la peste por toda Inglaterra. Van Helsing cuenta con una agudeza e inteligencia que la actriz hace brillar y nos lleva a su lado en la lucha a muerte contra Drácula. La química de ambos actores principales es contagiosa y llamativa. Sobre todo en los dos primeros episodios, los asuntos que abordan son por demás interesantes y atrayentes.

Si bien algunos giros y propuestas de la serie son refrescantes, en la resolución de Drácula radica lo más flaco del título: apresura algunos asuntos, se entretiene en otros no tan interesantes, aparecen personajes que finalmente descarta sin mayores explicaciones y desaprovecha todo lo construido en la primera parte de la historia. Uno de los personajes más destacados de la historia de Drácula es el de Lucy, pero en la adaptación de Netflix se le lleva a una historia forzada y moralizante. Es innegable lo atractivo que resulta adaptar a la era moderna una obra que fue publicada y sigue cautivando al público luego de más de 120 años, sin embargo, los creadores de la serie no consiguen en Drácula lo que lograron con Sherlock , y no por su corte sobrenatural, sino por muchas de las decisiones que fueron tomadas con los personajes y los arcos de la historia.

Nos habría gustado encontrar más gratas sorpresas como la que nos dieron con una Van Helsing mujer, pero más que eso por su arrojo y valentía; nos habría gustado ver más giros interesantes a esta historia ciento de veces representada y contada. Los puntos fuertes del Drácula de esta versión son, sin embargo, muy disfrutables. Es una lástima que aquellas refrescantes sorpresas y giros no se capitalicen hacia el final. De cualquier forma valen mucho la pena los primeros dos episodios de esta miniserie.

Drácula está disponible para todos los suscriptores de Netflix desde el pasado 1 de enero.

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