La tecnología no ha estado tan presente en nuestras vidas como en los días que corren. Justo en estos momentos tiene lugar una de las mayores ferias de tecnología, el CES de Las Vegas, donde se presentan un sinfín de innovaciones para todos los gustos y sectores. Y es justo ahora cuando la innovación está perdiendo sus puestos en cuanto a sus bondades en la sociedad. O al menos eso se desprende de la III Encuesta de percepción social de la innovación en España de la Fundación Cotec.

La situación política y, por extensión económica, tanto del país como del resto del mundo, la irrupción de nuevas tecnologías que han cambiado los sistemas productivos –a una velocidad mucho mayor que anteriores revoluciones– y los cambios en el ámbito laboral –teniendo en cuenta el impacto en algunos sectores económicos, que pondrían a la cabeza ejemplos como los de Glovo y Cabify o Uber– o una mayor preocupación por las desigualdades que podría generar la tecnología tanto a nivel de género, nivel educativo y disposición geográfica han sido determinantes para la obtención de los resultados de este año.

No tan rápido. La mayor parte de los españoles, según los resultados de Cotec, cree que la innovación es positiva, pero menos en en años anteriores. De un 89% en 2017, el colectivo ha pasado a un 73% en el último año.

¿Los motivos de esta caída? La mayor parte los encuestados tiene claro que España no está a la cabeza de la innovación en Europa, y uno de sus motivos se centran en la falta de inversión –un voto unánime del 80% de los encuestados, independientemente de su color político–. Y no les falta razón: uno de los mayores retos de la atascada política en España es el de aumentar el gasto en I+D+i hasta el 2% del PIB y acabar con el sistema de préstamos a la investigación que, desde hace tiempo, impiden que los presupuestos se ejecuten de una forma real.

Y lo curioso es quién cree que la innovación no está haciendo nada por la sociedad o, al menos, es un sistema para empeorar su calidad de vida. Según los datos, los jóvenes de entre 18 y 20 años (los considerados nativos digitales), las mujeres y la población con menos estudios (limitados a la primaria) son los que desde 2017 han cambiado más de opinión.

"¿Ignorancia o falta de información?", se pregunta Jorge Barrero director de Cotec, quizá un planteamiento erróneo de la innovación. No está clara la respuesta, pero sí generaría una preocupación a futuro. Sería una demostración, en este caso, de que la innovación deja de lado a los colectivos más vulnerables de la sociedad y que, pese a la masificación del concepto de democratización [inserte aquí el sector que desee], la innovación solo estaría mejorando la vida de los sectores con mayores estudios –y no tanto a una vinculación del poder adquisitivo– y principalmente hombres. De hecho, solo la mitad de los encuestados cree que la tecnología pueda reducir la brecha de género en la sociedad.

O incluso, las desigualdades sociales, en las que los 37 segmentos encuestados solo uno cree que la tecnología disminuya la desigualdad: los votantes de VOX. Los debates sobre los nuevos empleos, relacionados con el sector de los riders o amas de casa asociadas a una aplicación de servicios–dos de los grupos que menos puntos otorgan a la innovación– se llevan posicionando desde hace tiempo en el centro del debate sobre la realidad de la tecnología en los empleos.

La innovación seguiría siendo elitista, masculina y para las grandes ciudades. Porque, como explica Aleix Pons de Cotec, "la percepción en las ciudades no es la misma que en las zonas rurales". En un momento en el que la preocupación por la España vaciada se contempla la tecnología como una de las soluciones factibles. Sin embargo, según los datos de Cotec, "son las zonas rurales las más escépticas" y, por tanto no creen que la tecnología soluciones la situación.