Los supermercados llevan años cobrando por las bolsas de plástico, en otros ahora sucede lo mismo con las de papel. Pero mucha gente se lleva sus propias bolsas, ya sean de plástico para reutilizarlas, o en muchas ocasiones de tela. Pero, en realidad, ¿cuáles son las bolsas que contaminan menos?

Si nos quedamos en la parte superficial, es decir, en cuál contamina menos a la hora de producirse, la respuesta sería clara: las de plástico. Sin embargo, el problema va mucho más allá de la producción sino que también hay que tener en cuenta otros dos factores: cuántas veces se pueden usar las bolsas y si se reciclan bien. Pero vamos por partes.

Las bolsas de plástico son las que tienen menor huella de carbono, es decir, son las menos costosas de producir. Sin embargo, tardan entre 400 y 1000 años en descomponerse, por lo que contaminan el medioambiente y se acumulan en los océanos. Las bolsas que nos dan en el supermercado están hechas de polietileno de alta densidad (PEAD). No podemos obviar que derivan del petróleo, que es un recurso finito.

Actualmente, hay cada vez más bolsas de plástico que sí pueden biodegradarse bajo ciertas circunstancias. Suelen estar hechas de fécula de patata o maíz, lo que es un inconveniente también ya que se destinan los cultivos de estos alimentos a hacer estas bolsas. No obstante, desde Ecoembes ya han comenzado a hacer su propio plástico que no contamina y que, aunque usa fécula de patata, esta puede provenir de nuestros propios desechos, por lo que no serían necesarios cultivos extra. La idea es usarlo para envases que pueden biodegradarse y compostar bajo condiciones muy específicas.

Por su parte, las bolsas de papel son biodegradables y fáciles de reciclar o compostar. Sin embargo, la producción de estas requiere mucha agua, combustible y árboles talados. Además, no se suele usar papel reciclado ya que el nuevo tiene fibras más largas y fuertes. Es muy importante tener siempre en cuenta de dónde viene el papel: "No debemos olvidar que el papel se hace con fibra de celulosa proveniente de árboles (que limpian el aire, controlan el clima, filtran el agua, evitan desprendimientos y dan sombra... entre otras muchas cosas)", tal y como explican Patricia Reina Toresano y Fernando Gómez Soria en su libro Vivir sin plástico. "Para producir una bolsa de papel se necesita cuatro veces más energía que para fabricar una de plástico. La mayoría de las bolsas de papel se producen calentando la madera a altas temperaturas con una mezcla de químicos, lo que genera tóxicos que contaminan el aire y el agua", recogen del estudio Comparison of Environmental Impact of Plastic, Paper and Cloth Bags, publicado en 2011 en Reino Unido.

Otra curiosidad que se cuenta en este estudio es que "se necesitarían siete camiones para transportar la misma cantidad de bolsas de papel que puede ser transportado por un solo camión lleno de bolsas de plástico". Esta es una forma más que tienen las bolsas de papel de contaminar.

Además, aunque tenemos la idea de que el papel es biodegradable, "nada se degrada por completo en vertederos modernos debido a la falta de agua, luz, oxígeno y otros importantes elementos necesarios para completar el proceso de degradación", tal y como se explica en el estudio publicado en Reino Unido.

Por ahora, todos los puntos se lo llevan las bolsas de plástico. Sin embargo, ¿qué pasa con las de tela? Estas suelen estar hechas de algodón, "un cultivo particularmente intensivo en pesticidas y que consume agua", indican en Stanford Magazine.

Sin embargo, no todas las bolsas reutilizables son de algodón, hay otras que están hechas de polipropileno no tejido, que es un tipo de plástico más duradero. En este caso, a pesar de ser plástico, es un tejido menos costoso que el algodón, tal y como señala Stanford Magazine.

Por último, las bolsas de plástico están condenadas a terminar en el vertedero. Sí, podemos usarlas un par de veces, pero terminarán allí probablemente como bolsa de basura. En el caso de las de papel, para que sean sostenibles hay que haberlas usado al menos tres veces y, después, terminarán también en el vertedero, donde, además, ocupan más espacio que las de plástico. En el caso de la de tela, aunque hay que usarla 131 veces para que sea sostenible, tenemos que tener en cuenta que es mucho más fuerte que las anteriores, es decir, no se rompe con facilidad. Además, está pensada exactamente para ser reutilizada el máximo número de veces posibles. En el caso de las de polipropileno no tejido para ser sostenibles se necesitan tan solo 11 usos para que haya un equilibrio entre el coste de fabricación y su uso.

Por todo esto, la próxima vez que vayas a salir de casa, lo mejor es llevar siempre encima al menos una bolsa de tela (si la vas a usar más de 131 veces) o polipropileno no tejido por si hay que hacer alguna compra de último minuto. Así uno evitará no solo tener que pagar por las de papel o plástico sino que estará ayudando al medioambiente.

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