Las medidas que actualmente se encuentran en marcha para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero no son suficientes. No hay mejor prueba de ello que el último comunicado de la Organización Meteorológica Mundial, en el que esta semana se ha anunciado que en 2018 alcanzaron un máximo histórico, cuyas consecuencias pueden ser muy graves si no actuamos deprisa para solucionarlo.

Récord en los gases más peligrosos

Según el director de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Petteri Taalas, las cifras no solo no están disminuyendo con el paso de los años, sino que está aumentando la velocidad con la que ascienden.

Concretamente, en 2018 se registró una concentración atmosférica de dióxido de carbono de 407’8 partes por millón (ppm), que supera con creces las 405’5 ppm de 2017. Este incremento anual, es mucho más alto que el que se ha dado temporada tras temporada en la última década, por lo que puede afectar gravemente a las temperaturas globales en menos tiempo del esperado.

Además, no ha sido el único de los conocidos como gases de efecto invernadero que ha experimentado un ascenso tan claro. Ha ocurrido algo similar con el metano, que ha contribuido a un 17% del calentamiento global, en base a las cifras presentadas por la OMM. Se sabe que el 60% de las emisiones de esta sustancia tienen un origen antropogénico o, lo que es lo mismo, propiciado por el ser humano. Es el caso, por ejemplo, del que se libera por la fermentación de los arrozales o las flatulencias de los rumiantes criados como ganado.

En cuanto al óxido nitroso, cuyos efectos son mucho más potentes y duraderos que los del temido CO2, ha causado durante esta época aproximadamente el 6% del calentamiento del planeta, con un 40% procedente de actividades humanas, como el uso de fertilizantes o la quema de biomasa.

El planeta no da abasto

No todos los gases emitidos desde la Tierra llegan a concentrarse en la atmósfera. Afortunadamente, un cuarto de estas emisiones es absorbido por los océanos y otro cuarto por la biosfera. Sin embargo, esto deja un 50% que sigue pudiendo acumularse, dando lugar a consecuencias como un aumento de las temperaturas globales y del nivel el mar, además del deterioro de los ecosistemas, tanto acuáticos como terrestres.

Según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), para evitar que el calentamiento global supere los 1’5ºC desde los niveles preindustriales, esas emisiones netas tendrían que permanecer a cero, pero estamos muy lejos de alcanzar dicho requisito.

Afortunadamente, en su informe Taalas aseguró mantener todavía algo de positividad. Este optimismo se basa en que, a diferencia del pasado, hoy en día hay mucho más conocimiento sobre el problema que en épocas anteriores. Por esto, será más fácil que en un futuro se tomen las medidas adecuadas. El sector privado ya está invirtiendo en nuevas formas de tecnologías verdes y los gobiernos de los diferentes países firmantes del acuerdo de París están tomando medidas de gran utilidad. Incluso Estados Unidos está poniendo su granito de arena, a pesar de la firme convicción de Donald Trump para retirar la nación de dicho acuerdo, pues algunos estados sí que siguen llevando a cabo proyectos de cara a la disminución de emisiones. Hay que actuar deprisa y con convicción, pero aún estamos a tiempo.

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