Pasada la noche de las brujas y los muertos, llega el momento de dar la bienvenida a noviembre, un mes que viene cargado de eventos astronómicos pocos conocidos, pero por los que vale la pena salir en su busca. Eso sí, visto lo visto, en el hemisferio norte ya va tocando abrigarse para presenciarlos.

La lluvia de meteoros de las táuridas

A pesar de ser mucho menos conocidas y menos espectaculares que las perseidas, las táuridas componen una lluvia de estrellas muy interesante, ya que no todos los meteoros proceden de un mismo origen. Aunque para todos la radiante (el punto del que parecen salir) es la constelación de Tauro, consta de fragmentos provenientes de dos cuerpos celestes: el asteroides 2004 TG10 y el cometa 2P Encke.

Se trata de una lluvia bastante larga, que este año ha empezado el 7 de septiembre y seguirá generando un leve lagrimeo hasta el 10 de diciembre. No obstante, como siempre, cuenta con una noche en la que la actividad llegará a su pico máximo, en este caso con una frecuencia de entre 5 y 10 meteoros por hora. Será la madrugada del 5 al 6 de noviembre, un buen momento, pues la Luna se encontrará en cuarto creciente y ofrecerá un cielo suficientemente oscuro para poder disfrutar de ellas. Podrán verse a cualquier hora de la noche, aunque el mejor momento será justo después de las 12. Eso sí, a ser posible, en un lugar bien alejado de la contaminación lumínica. La fase de nuestro satélite será buena para la observación, pero no hay cielo oscuro que las luces de la ciudad no puedan destrozar.

Mercurio a través del Sol

El 11 de noviembre Mercurio se moverá directamente entre la Tierra y el Sol, por lo que podrá verse el disco oscuro del planeta moviéndose a través de la cara del astro rey. Por supuesto, para ello será necesario un telescopio dispuesto con filtros solares, para evitar daños oculares.

Se trata de un fenómeno poco frecuente. De hecho, no se repetirá hasta 2039, por lo que vale la pena aprovechar la ocasión. Podrá verse en buena parte del planeta: América Central y del Sur, varias partes de América del Norte, Europa, Oriente Medio y África. No obstante, los mejores lugares para verlo serán el este de Estados Unidos y América Central y del Sur. De cualquier modo, en este mapa se señala con detalle cuáles serán las regiones afortunadas y en qué medida.

Otra lluvia un poco más abundante, pero con menos luz

Aún con los restos de las táuridas goteando sobre la Tierra, la noche del 17 al 18 de noviembre tendrá lugar otra lluvia de meteoros: las leónidas. En este caso se trata de los restos de polvo del cometa Tempel-Tuttle, que llegan hasta nosotros cada año, pero también con un pico cíclico cada 33 años, en el que se pueden observar cientos de estrellas rayando el cielo cada hora. Por desgracia, el último de estos puntos álgidos tuvo lugar en 2001, por lo que de momento nos tendremos que aguantar con una lluvia mucho más comedida, de aproximadamente 15 meteoros por hora.

Otro problema que se presenta este año es que en la noche del 17 al 18 la Luna llevará poco tiempo menguando, por lo que aún habrá mucha luz en el cielo y algunos meteoros podrían pasar desapercibidos. Aun así, no perdemos nada por aprovechar para salir un ratito al aire libre e intentar “cazar” alguno.

Conjunción de Venus y Júpiter

El 24 de noviembre los dos planetas brillarán juntos en el cielo, a 1’4º uno del otro. Podrán verse en el cielo occidental, justo después del atardecer.

Luna Nueva: aprovecha y mira al cielo

El 26 de noviembre, la Luna alcanzará esta fase en la que dispondremos de un cielo totalmente oscuro que hará las delicias de los amantes de la astronomía. Si quieres salir a mirar las estrellas, sin duda este será el mejor momento.

Máxima elongación de Mercurio

Para acabar, el 28 de noviembre Mercurio alcanzará su máxima elongación, por lo que se podrá ver en su punto más alto sobre el horizonte después del amanecer.