Antes de cumplir la veintena, Pablo Neruda ya había publicado uno de sus libros más célebres. Se trataba de Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Entre sus hojas encontramos ternura, pero sobre todo nostalgia, la búsqueda de lo que fue y jamás será. Neruda reflejó como nadie la soledad que en alguna ocasión nos ha lanzado al abismo, la añoranza del pasado. En Galicia también lo llaman saudade.

Quizás sea el poema número veinte el que mejor describa ese recuerdo perdido. ¿Quién no ha levantado la vista para observar "la noche estrellada", maravillándose ante el espectáculo astronómico que asoma en el cielo? ¿Quién no ha sentido alguna vez que "podía escribir los versos más tristes"? En esos momentos nostálgicos, los astros, en palabras del chileno, "tiritan azules a lo lejos". Pero no siempre es posible mirar hacia el pasado, contemplar el baile de estrellas que centellean sobre nosotros.España es el país con mayor potencia luminaria de la Unión Europea

Lo cantaba también Amaral al hablar del "cielo sin estrellas de Madrid". La contaminación lumínica, presente en grandes urbes como la capital española, impide que la nostalgia nos invada. Ya no es posible contemplar la noche estrellada. Ya no es posible observar astros tiritando a lo lejos. La luz que emana de nuestras calles, de las miles de farolas que alumbran rincones y avenidas, oculta el cielo como si no existiera. Como si mirar al pasado estuviera literalmente prohibido.

En España, los núcleos con mayor contaminación lumínica son, por este orden, Valencia, Madrid, Barcelona y Sevilla. Cuatro capitales que se pueden observar desde el espacio, como muestran las imágenes tomadas por la ISS. La Península Ibérica resplandece fulgurante, visible desde 400 kilómetros de altura. De hecho, España es el país que mayor potencia luminaria presenta de toda la Unión Europea. ¿Afecta la contaminación lumínica sólo a la exploración del cielo, como escribiera Neruda? ¿O tiene por contra un impacto negativo sobre nuestra salud?

¿Qué es la contaminación lumínica?

Según Alejandro Sánchez, "la contaminación lumínica es toda introducción de luz no natural en el medio ambiente nocturno". Sin embargo, no todo contamina por igual. En palabras de este investigador de la Universidad Complutense, "la dosis es fundamental". Por poner un ejemplo, no contaminará lo mismo una vela encendida en una habitación que un foco antiaéreo.

¿Pero cuál es la razón por la que España se sitúa a la cabeza de la Unión Europea en cuanto a contaminación lumínica se refiere? Como explica Sánchez a Hipertextual, toda luz nocturna contribuye. Sin embargo, buena parte de la culpa la tiene el alumbrado público, responsable de entre el 40 y el 60% de la contaminación. El alumbrado ornamental, por su parte, es la segunda fuente luminaria.

Los científicos de la Universidad Complutense de Madrid evaluaron el control del consumo eléctrico en alumbrado público, un estudio que el Ministerio de Industria dejó de hacer en 2007, cuando dichas estadísticas se integraron dentro de otras partidas. La investigación de la UCM permitió relacionar la luz emitida por las ciudades durante la noche con el consumo eléctrico desde 1992 a 2012.

Los resultados, como vemos en la gráfica anterior, son desoladores. En 2012, el consumo por habitante fue de 113 kWh, 1,5 veces más que el objetivo fijado en el Plan de Eficiencia Energética 2004-2012. El incremento del consumo eléctrico en alumbrado público no sólo ha provocado un aumento de la contaminación lumínica, sino que incide especialmente en nuestros bolsillos.

El aumento de las tarifas eléctricas ha provocado que el gasto en alumbrado público pase de 450 millones de euros en 2007 a 830 millones en 2012, casi el doble. Además, según el artículo publicado en Journal of Quantitative Spectroscopy and Radiative Transfer, la suma del coste del alumbrado público y privado superaría los 1.000 millones de euros.

Podríamos pensar que la contaminación lumínica procede únicamente de las grandes ciudades. Pero como explica Sánchez, "el impacto ambiental varía mucho, pues depende también del tipo de lámparas". En el caso de las lámparas azules, se observa una mayor contaminación que con el uso de lámparas anaranjadas. Es decir, si evaluamos la contaminación lumínica emitida por una mina de focos brillantes o una gasolinera en medio del campo, veremos que pueden llegar a ser más problemáticas que las luces de un pequeño municipio.

¿Por qué Valencia contamina más?

Valencia es la ciudad más brillante de la Unión EuropeaHasta el momento, los mapas de contaminación lumínica se realizaban mediante modelos físicos obtenidos a partir de las imágenes del satélite. Sin embargo, el grupo de investigación de la Universidad Complutense de Madrid es pionero en la elaboración de dos nuevas técnicas. Por un lado, los mapas de medidas de brillo de cielo mediante adquisición automática, que permiten "barrer el mayor área posible con un vehículo con sensor", según Sánchez. Por otro lado, también se puede realizar una observación directa por imágenes de satélite de alta resolución.

Sea como fuere, los mapas de contaminación nos brindan sorpresas inesperadas. Una de ellas, Valencia. ¿Por qué una población con cerca de 800.000 habitantes contamina más que otras ciudades como Madrid (3 millones) o Barcelona (1 millón y medio)? La mismísima Samantha Cristoforetti, astronauta de la Estación Espacial Internacional, daba ayer las buenas noches con una imagen en la que se observa la situación valenciana con meridiana claridad:

En palabras de Sánchez, "Valencia es la ciudad más brillante de Europa en cuanto a intensidad por metro cuadrado". Detrás de la capital del Turia se encuentra Madrid, que curiosamente produce más luz pero no de forma tan intensa. ¿Por qué Valencia está a la cabeza de la contaminación lumínica europea? La razón podría estar en el incremento del gasto en el alumbrado público, que se multiplicó por 2 entre el año 1990 y el 2000 y otra vez por 2 entre el 2000 y el 2007.

Pero como explica el propio Sánchez en su blog, la población valenciana ha crecido en torno a un 2,5% en este período de tiempo. ¿El resultado? En veinte años el gasto energético se ha disparado un 400%. El científico de la UCM apunta que la situación de Valencia posiblemente refleje "un caso más de despilfarro en esa comunidad, sin que se pueda descartar que sea fruto de la corrupción". Una dura realidad que se aprecia mejor en esta imagen captada por astronautas de la NASA y de la Agencia Espacial Europea en 2013:

¿Pero por qué Valencia, Madrid, Barcelona o Sevilla lideran los ránkings de contaminación lumínica? Para responder a esta cuestión, tenemos que recurrir a la cultura popular. Existe una idea, bastante extendida, que explica que al ser un país mediterráneo con mucho sol, "nos gusta tener una elevada cantidad de luz por la noche", al contrario que otras ciudades como Berlín, caracterizada por su baja contaminación lumínica.

Esta hipótesis, señala Sánchez, es falsa. También lo es el mito de que el alumbrado en autopistas mejora la seguridad vial. Como apunta el investigador, "la elevada contaminación lumínica es el efecto colateral del modelo productivo de país, que invierte una gran cantidad de recursos en infraestructuras sin un adecuado análisis de la necesidad de las mismas". Por comparar sólo unas cifras: en 1992, España tenía un gasto por habitante de 82 kwh/año, una media similar a la europea. En veinte años se ha duplicado el coste, a diferencia de países como Inglaterra, donde se ha mantenido el mismo nivel de iluminación.

¿Cómo sería el cielo con estrellas?

A pesar de que en los últimos años se han realizado ciertas mejoras en las políticas municipales y autonómicas, ninguna ciudad española puede compararse con Berlín, la capital europea menos contaminante. Los avances en materia legislativa de las Comunidades Autónomas, así como la eliminación de los "globos opacados", que desperdiciaban casi el 75% de la energía, han permitido pequeños avances en esta materia.

Sin embargo, el grupo de Sánchez sólo tiene constancia de que los cambios en la regulación hayan tenido algún efecto en regiones como Andalucía, Cataluña y Canarias. Esta situación provoca que no podamos ver el cielo en su máximo esplendor, por lo que tenemos que imaginarlo. ¿Cómo hacerlo? Desde Hipertextual hemos empleado la herramienta Stellarium, un programa de acceso abierto que simula un planetario en tiempo real.

Gracias a este software, observamos el cielo como si pudiéramos hacerlo sin contaminación lumínica. En estas dos imágenes nocturnas, captadas en diferentes puntos de la ciudad de Madrid, es posible comprobar todo lo que no vemos por culpa de las fuentes de luz contaminantes. Pero el problema va mucho más allá de la mera contemplación astronómica, asegura Sánchez. "No somos del todo conscientes de su dimensión económica, cultural, medioambiental y sanitaria", confirma el científico.

contaminación lumínica
A la izquierda, simulación del cielo de Madrid sin contaminación lumínica (Stellarium). A la derecha, cielo que puede verse realmente sobre el Palacio Real. Fuente original de la imagen: Marcus Obal (Wikimedia)

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A la izquierda, simulación del cielo de Madrid sin contaminación lumínica (Stellarium). A la derecha, cielo que puede verse realmente sobre la calle Alcalá de Madrid. Fuente original de la imagen: Antonio García Rodríguez (Wikimedia)

En un estudio publicado en Journal of Geophysical Research, investigadores alemanes evaluaron la influencia de la contaminación lumínica en la actividad de animales nocturnos. Seres vivos como arañas, polillas, escarabajos y grillos emplean la luz celeste para orientarse, como si de una brújula se tratara. Al no poder usar esta guía, "la aptitud evolutiva de estas especies podría mermar", llegando a desequilibrar ecosistemas completos. El impacto de la contaminación lumínica también afecta a los movimientos migratorios de muchas aves.Los ritmos biológicos en los seres humanos también están regulados por la luz

Pero como señala Sánchez, "los ritmos biológicos en los seres humanos también están regulados por la luz". Exponerse a una elevada intensidad lumínica podría no sólo modificar los patrones de sueño, sino que algunos estudios apuntan a que podría incrementar el riesgo de padecer cáncer de mama. Aunque estas investigaciones son muy preliminares, lo cierto es que deberían concienciarnos sobre el grave problema ambiental que supone la contaminación lumínica.

"Tarde o temprano la racionalidad y la eficiencia harán que dejemos de contaminar tanto", comenta el investigador. Sin embargo, no podremos recuperar las especies que hayamos perdido ni el daño afligido sobre la salud. Por eso iniciativas como Cities at night, impulsada por el grupo de la UCM, pretende involucrar a la sociedad en el estudio de este problema ambiental. Este proyecto de ciencia ciudadana está ayudando a localizar, catalogar y mapear la contaminación lumínica del mundo por primera vez en color. Gracias a estas investigaciones, podremos conocer mejor su impacto. Y tal vez algún día, si logramos luchar contra esta problemática ambiental, cuando se apague la luz del Sol, se encenderá de nuevo el cielo.