Cada vez son más frecuentes las noticias sobre especies animales que, después de un tiempo prudencial sin ser vistas, han sido declaradas oficialmente como extintas. Sin embargo, aunque desgraciadamente sea menos habitual, también es posible encontrar publicaciones sobre la situación totalmente contraria. Es el ejemplo del estudio publicado ayer en Nature Ecology and Evolution, en el que se describe la observación de un ejemplar de ciervo ratón vietnamita (Tragulus versicolor), 30 años después de que fuera visto por última vez.

No había sido declarado aún como extinto por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, en cuya lista figura como "con datos deficientes"; pero, dado el tiempo que llevaba sin aparecer, los científicos no eran optimistas al respecto. Ahora, gracias a una cámara trampa ubicada en la cordillera Annamita, entre Vietnam y Laos, han logrado detectar al menos a uno, aunque no se descarta que pueda haber algunos más. Pero este no es el único caso de animal que reapareció justo cuando todos pensaban que ya no existía. A lo largo de la historia se han documentado otros muchos, lamentablemente menos de los que realmente sí habían resultado sucumbir, pero suficientes para recordar que la esperanza es lo último que se pierde.

El trigre de Tasmania (Thylacinus cynocephalus)

La famosa foto en blanco y negro de un tigre de Tasmania mirando a través de la jaula en la que se encuentra es una de las pocas imágenes que se tienen de este marsupial carnívoro, cuyo último ejemplar supuestamente murió en 1936, en un zoológico de la ciudad de Hobart.

Lógicamente, tras más de 80 años sin noticias de él, el animal ya había sido dado por extinto. Se han reportado algunos supuestos avistamientos, pero no han logrado detectarse, por lo que ha permanecido clasificado como tal durante todo este tiempo. Sin embargo, esta vez ha sido precisamente el gobierno australiano el que ha registrado en un documento público la observación por parte de los ciudadanos de varios ejemplares, en los últimos dos años.

Las declaraciones más contundentes fueron las de una pareja de Australia Occidental, que afirmó con un 100% de seguridad haber visto un tigre de Tasmania cruzando la carretera justo frente a su coche en enero de 2018.

De cualquier modo, hasta que pueda asegurarse con una mayor seguridad, la especie sigue clasificada como extinta en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

El sapo partero mallorquín (Alytes muletensis)

La historia de este anfibio es especialmente curiosa, pues el primer hallazgo que se realizó de la misma fue en forma de fósil, en 1977. El naturalista que lo encontró entendió que se trataba de una especie extinta, a la que inicialmente bautizó como Baleaphryne muletensis. Pero todo cambió solo dos años más tarde, cuando se encontró una pequeña población de ellos, cerca del lugar en el que se halló el fósil.

A día de hoy se cree que hay al menos 500 parejas con vida, por lo que se encuentra catalogado como vulnerable y en crecimiento en la famosa Lista Roja.

El leopardo nublado (Neofelis nebulosa brachyura)

La historia del declive de este felino endémico de Taiwán se remonta a los años 80, cuando tuvieron lugar los últimos avistamientos. El deterioro de su hábitat, así como la caza furtiva, habían llevado a que la población cayera en picado, hasta el punto de prácticamente desaparecer.

Entre 2000 y 2004 se colocaron 13.000 cámaras trampa, con el objetivo de captar la imagen de algún ejemplar, pero no hubo éxito, por lo que en 2013 terminó declarándose como extinto. No obstante, este mismo año, en febrero, se comunicó el avistamiento de un ejemplar en el municipio de Daren. Por ahora las autoridades de la zona no han podido confirmarlo, por lo que esta subespecie sigue considerándose extinta. La especie Neofelis nebulosa, en cambio, aparece como vulnerable, con su población en decremento.

El pecarí de Chaco (Catagonus wagneri)

El caso de este mamífero, endémico del Distrito fitogeográfico Chaqueño Occidental de la Provincia fitogeográfica Chaqueña, en América del Sur, es similar al del sapo partero mallorquín.

Fue descrito por primera vez en 1930, por el naturalista argentino Carlos Rusconi, en un libro sobre fósiles. Efectivamente, este era el único estado en el que se había encontrado, por lo que se pensó que era una especie ya extinta, de la que no quedaban ejemplares vivos. Sin embargo, cuarenta años más tarde, otro científico, el zoólogo Ralph Wetzel, documentó en un artículo en la revista Science el hallazgo de una población viva de animales de esta especie.

Desde entonces se han reportado varios avistamientos más, aunque en la Lista Roja se encuentra clasificado como animal en peligro, con su población disminuyendo, por lo que hay un claro riesgo de que termine sucumbiendo a la situación a la que ya pensaron que estaba en los años 30.

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