– Oct 27, 2019, 8:30 (CET)

Cuando el médico te miente en la cara: ¿por qué se recetan placebos?

La prescripción de placebos en las consultas de los médicos es un acto habitual, sin embargo este fenómeno contrasta con la ética médica y la ley que condenan el engaño de los pacientes. ¿Hay sitio para el placebo en la práctica médica?

Un placebo es una sustancia o intervención sanitaria sin efecto farmacológico o terapéutico (una pastilla de azúcar, por ejemplo) que, sin embargo, es capaz de provocar un efecto positivo en algunas personas que esperan beneficios con este "tratamiento", lo que se conoce como el "efecto placebo". Así, las expectativas de las personas ante un tratamiento pueden influir, hasta cierto punto, en su mejoría. De esta manera, una excelente relación médico-paciente puede ser también un poderoso placebo por sí misma.

Se ha observado que el efecto placebo puede ser bastante evidente en problemas de salud como el dolor, el insomnio o la depresión. Además, el placebo es un recurso imprescindible en las investigaciones médicas, ya que nos permite valorar con más precisión el efecto terapéutico de un fármaco, sin los artificios del efecto placebo. Al margen del uso estándar y reglado del placebo en la investigación de nuevos tratamientos, los placebos son también un recurso habitual y extraoficial para el "tratamiento" de pacientes en multitud de consultas. De hecho, la prescripción de placebos es algo frecuente entre los médicos a lo largo del mundo.

En Inglaterra, por ejemplo, una encuesta realizada a médicos de familia en el año 2013 detectó que el 12 % de ellos había recetado placebos puros (pseudoterapias, píldoras de azúcar o inyecciones salinas) al menos una vez en su carrera profesional y un 97 % de ellos había prescrito placebos impuros (intervenciones con eficacia para ciertas enfermedades pero que se recetan para padecimientos cuya eficacia es desconocida o nula, como las vitaminas o los antibióticos para infecciones virales). La mayoría de estos médicos (66 % para placebos puros y 84 % para placebos impuros) indicaron que recetar placebos era ético bajo algunas circunstancias.

¿Y en España? ¿Cómo de extendido está este comportamiento entre los médicos? Es vox populi entre la comunidad sanitaria que hay galenos que recetan placebos siendo plenamente conscientes de que lo son, pero la falta de estudios centrados en la prescripción de placebos en nuestro país no nos permite conocer su magnitud. Sin embargo, diferentes encuestas realizadas en varios países muestran que entre el 17 % y el 80 % de los médicos recetan placebos de manera rutinaria.

Las justificaciones para recetar placebos a pacientes

Las razones que aportan los facultativos para defender el uso de placebos son variadas y contrastan con la ética y la legalidad de la práctica médica en España. La absoluta mayoría de las veces, los médicos recetan placebos a sus pacientes pensando en su beneficio cuando no existen opciones terapéuticas efectivas o estas no han resultado útiles para el paciente. Dentro de estas situaciones encontraríamos a pacientes que sufren una enfermedad que carece de tratamiento efectivo o tienen un problema de salud sin causa conocida ni tratamiento definido.

Un ejemplo típico en este sentido son las personas que sufren tinnitus o acúfenos (zumbidos constantes en los oídos). En la mayoría de los casos, se desconoce por qué aparecen estos molestos sonidos en los oídos y, a falta de tratamientos efectivos que lo solucionen, cierto porcentaje de los médicos receta vitaminas o zinc. Su prescripción no estaría justificada si no hay déficits vitamínicos o de minerales. No obstante, con la receta del placebo, el paciente no vuelve a casa con las manos vacías, lo que puede calmar su angustia y existe la posibilidad de que el efecto placebo alivie sus problemas con los zumbidos, con un riesgo prácticamente nulo de efectos adversos.

En otras ocasiones, sin embargo, la prescripción del placebo viene motivada por el propio paciente, que demanda injustificadamente un tratamiento para su problema de salud, aunque no exista razón médica para ello. En cierto porcentaje de los pacientes está implantada la idea de que un médico que no receta nada es un "mal médico", pues no estaría aportando soluciones  a sus problemas de salud.

La realidad es que la prescripción innecesaria de fármacos es una mala praxis médica y la atención médica no es un servicio en el que "el consumidor siempre tiene la razón". A pesar de ello, es cotidiano que determinados pacientes exijan a sus médicos antibióticos para el tratamiento de gripes o de resfriados convencidos de que así los curarán. La raíz del problema en estos casos está en una falta de alfabetización sanitaria. Desconocen que los antibióticos son totalmente inútiles para estos problemas de salud (son placebos impuros en estos casos)  y su prescripción injustificada incrementa las probabilidades de resistencias a antibióticos, fomentando la aparición de superbacterias.

Los médicos, especialmente los especialistas en Medicina de Familia, cuentan con muy poco tiempo por paciente (en España, de media, entre 5 y 10 minutos para cada uno). Muchas veces no es posible hacer pedagogía sanitaria explicando las razones a los pacientes para no recetar tratamientos innecesarios o por qué su problema de salud no se va a solucionar con ningún fármaco. Además, discutir estas cuestiones puede llevar al enfrentamiento con el paciente (e incluso agresiones) por las frustraciones que se despiertan. Ante este panorama, hay médicos que recetan placebos para "conformar" a los pacientes, que salen así contentos de la consulta con un tratamiento que no sirve, en principio, para nada.  

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¿Y qué dice la ética y la ley en España sobre recetar placebos?

En la actualidad, la prescripción de placebos en la práctica clínica no está ni autorizada ni prohibida expresamente por la legislación vigente. No obstante, hay un detalle importante a tener en cuenta: el engaño sí está prohibido. La ley de Autonomía del Paciente obliga a los profesionales sanitarios a informar verazmente y con detalles sobre sus enfermedades y las diferentes opciones terapéuticas. La prescripción de placebos, sin que se explique expresamente que lo son, lleva al engaño del paciente o a la omisión de información y, por tanto, podría ser considerado un delito. Además, también se vulnera la confianza entre médico y paciente. El propio Código de Ética y Deontología Médica consta de dos artículos que no dejan lugar para el placebo como tratamiento en la clínica:

– Artículo 15.1. El médico informará al paciente de forma comprensible, con veracidad, ponderación y prudencia.

– Artículo 26.2. No son éticas las prácticas inspiradas en el charlatanismo, las carentes de base científica y que prometen a los enfermos la curación, los procedimientos ilusorios o insuficientemente probados que se proponen como eficaces, la simulación de tratamientos médicos o intervenciones quirúrgicas y el uso de productos de composición no conocida.

¿Y qué opinan los pacientes al respecto? Un estudio observó que el 70% de los pacientes querrían ser informados explícitamente si recibían placebo. Además, el 54% afirmó que se sentirían decepcionados si escuchasen que han sido tratados, sin su conocimiento, con placebos puros (pastilla de azúcar) y un 44% se sentiría así por recibir placebos impuros (hierbas medicinales). Aun así, otros estudios muestran que más del 70% de ellos consideraría aceptable el uso del placebo si el médico cree que podría ser beneficioso.  

La solución: un placebo ético, amparado por la ley y el código médico

¿Cómo pueden los médicos recetar placebos sin vulnerar la confianza del paciente y bajo el amparo de la ley y de la ética médica? Explicando a los pacientes claramente que se tratan de placebos. Aunque durante mucho tiempo se ha pensado que el hecho de explicar a un paciente que lo que está tomando es solo un placebo podría eliminar cualquier efecto placebo, se ha visto que, a pesar de este acto de transparencia, el placebo puede seguir ofreciendo efectos positivos. En ese sentido, se ha observado que el placebo actúa en el cerebro aunque el enfermo sepa que es una sustancia sin efecto. Ante estos hallazgos, hay poco lugar para las mentiras piadosas en el ámbito médico.