El viernes pasado se escribió un nuevo capítulo en la historia de la era espacial en general y de la Estación Espacial Internacional (EEI) en particular. Por primera vez, dos mujeres realizaron una de las conocidas como caminatas espaciales, en la que dos astronautas salen al exterior para realizar experimentos o tareas de mantenimiento o reparación.

Las encargadas de llevarlo a cabo fueron las ingenieras Christina Koch y Jessica Meir, quienes durante algo más de 7 horas se encargaron de reemplazar un controlador de energía fallido. Lo hicieron bajo la atenta mirada de miles de personas en todo el mundo, pues la NASA se encargó de retransmitir todo el proceso en directo. El “paseo” fue tal éxito que el propio presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quiso dar personalmente la enhorabuena a las dos mujeres. Pero quizás debió leer las noticias antes, pues cometió un error que mostraba que carecía de datos sobre lo que acababa de ocurrir. Y también sobre lo que ha ocurrido en el espacio durante los últimos 35 años.

Un acontecimiento equivocado

Durante la llamada de la Casa Blanca a la Estación Espacial Internacional, Trump felicitó a las dos ingenieras por ser las primeras mujeres en realizar una de estas caminatas espaciales. “Esta es la primera vez que una mujer se encuentra fuera de la estación espacial", dijo sin apartar apenas la vista del papel en el que leía su discurso.

Pero no, no era la primera vez que una mujer realizaba una de estas actividades extravehiculares, como se encargó de comunicarle cortésmente Jessica Meir: “No queremos tener demasiado crédito, porque ha habido muchas otras mujeres caminantes espaciales antes. Esta es la primera vez que hay dos mujeres fuera al mismo tiempo”.
De hecho, aunque para la propia Meir sí que era la primera vez, Christina Koch ya había realizado tres caminatas espaciales antes de esta. Y no fue tampoco la primera, pues su compañera se ha convertido en la décimo quinta en hacerlo.

El hito histórico del que habla el presidente fue en realidad el 25 de julio 1984, cuando la cosmonauta soviética Svetlana Savitskaya realizó uno de estos “paseos”, a bordo de la estación espacial Salyut 7. Quizás, el error de Trump podría justificarse si hubiesen sido las primeras mujeres en realizar estas tareas a bordo de la actual EEI, y no de la Salyut7. Sin embargo, ni siquiera ese es el caso, pues la primera en hacerlo allí fue la estadounidense Tamara Jernigan, en 1999.

Sin duda, lo que han hecho Koch y Meir merece todas las felicitaciones que el presidente de los Estados Unidos les pueda dar, tanto por lo profesionalmente que llevaron a cabo su labor como por haber levantado un poco más esa barrera de género que tanto complicó el acceso de las mujeres a la carrera espacial en sus inicios.

Pero decir que han sido las primeras en realizar una actividad extravehicular supone abandonar en el olvido a Svetlana Savitskaya y a Tamara Jernigan. Y también a Kathryn D. Sullivan, Kathryn Thornton, Linda Godwin, Susan Helms, Nicole P. Stott, Kathleen Rubins, Anne Mc Claine, Tracy Caldwell Dyson, Heidemarie Stefanyshyn-Piper, Sunita Williams y Peggy Whitson. Todas ellas allanaron el camino. Ahora Christina y Jessica lo han recorrido juntas. Han sido las primeras, pero seguro que no serán las últimas.