– Sep 2, 2019, 10:00 (CET)

No, el CERN no va a destruir la Tierra

El reputado astrofísico Martin Rees habla en su último libro sobre las posibilidades de que el LHC acabe con la Tierra y el universo, pero ¿cuáles son las posibilidades reales?

En el futuro: perspectivas para la humanidad es el último libro publicado por el reputado astrofísico Martin Rees (1942). En uno de sus capítulos, el que fue presidente de la Royal Society entre 2005 y 2010 y doctorado en física por la Universidad de Cambridge, aprovecha para hablar de tres teorías relacionadas con el Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés) que se encuentra en el CERN de Ginebra (Suiza) y que implicarían la destrucción de la Tierra tal y como la conocemos. Pero, ¿hasta qué punto son posibles estas tres teorías?

No es la primera vez que se habla de las posibilidades de que el LHC destruya la Tierra, pero no hay que alarmarse. Ya se dijo que las posibilidades eran ínfimas y, a día de hoy, eso no ha cambiado. Así que para Alberto Corbí, profesor de la Escuela Superior de Ingeniería y Tecnología (ESIT) de la UNIR, este capítulo del libro simplemente es una "broma simpática" de un hombre tan laureado que puede hacer este tipo de declaraciones. "Aunque él mismo dice en el libro que es todo teórico", añade Corbí. Así que, el capítulo de este libro podría llamarse, incluso, Maneras de morir de las que no vamos a morir, según Martin Rees.

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Hay que señalar que Rees es uno de los grandes astrofísicos en estos momentos y se ha dedicado a estudiar el papel de la materia oscura en la formación y las propiedades de las galaxias, además de la distribución de los cuásares y su relación con los agujeros negros. Es profesor de Cosmología y Astrofísica en la Universidad de Cambridge y a sus espaldas carga con más de quinientos artículos.

"Martin Rees habla en este capítulo a modo de sorna de tres teorías que son muy improbables", explica desde el otro lado del teléfono a Hipertextual. Plantea que el LHC puede crear un agujero negro que vaya comiéndose toda la materia de la Tierra y el universo hasta hacerlo desaparecer; que la Tierra podría transformarse en un enorme strangelet y que podría producirse una transición de fase que desgarraría el continuo espacio-tiempo. ¿Qué probabilidades hay de que cualquiera de estas teorías se convierta en realidad?

"La probabilidad existe", apunta Corbí. "Pero es irrisoria", añade rápidamente el físico. "Es lo que dice la teoría", comenta en varias ocasiones. No obstante, es importante tener en cuenta que lo que se está haciendo en el LHC desde hace muchísimos años es, simplemente, trasladar un fenómeno (el choque de partículas) a un lugar concreto en el que los investigadores pueden observar qué sucede y, de esta forma, conseguir ver cosas que de otro modo nos serían imposibles, como ocurrió con el bosón de Higgs, predicho con anterioridad, pero cuyo descubrimiento fue esencial para la física. Y todo gracias a este experimento subterráneo.

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"Estas colisiones, estos eventos, ya se están dando en la naturaleza. Siempre, todo el rato", indica Corbí. "No es una ciencia nueva y totalmente artificial. Solo llevamos lo que ocurre en la naturaleza a un lugar más controlado en el que podemos mirar más de cerca", añade el físico. Estos choques se dan, ejemplica Corbí, dentro del Sol, pero también con los rayos cósmicos que nos "llegan con las mismas energías, son las mismas partículas y chocan de la misma manera. Además, llevan haciéndolo desde el principio de los tiempo y seguimos aquí", señala Corbí. "El número de veces que chocan las cosas se llama luminosidad" y sirve para medir desde las partículas de alta energía que provienen del espacio y chocan con la Tierra hasta las veces que las partículas que están dentro del Sol chocan unas contra otras, tal y como explica el físico. "Y lo hacen de la misma manera que se está llevando a cabo en el CERN", afirma.

Además, aunque hemos logrado unas energías bastante altas, no se pueden comparar con las que se dan en la naturaleza, "son irrisorias", aunque "muy potentes": "La verdad es que como raza inteligente del universo nos podemos sentir orgullosos de las altísimas energías a las que llegamos a hacer en el LHC, pero a escala del universo no es nada", indica. "Es como si dos niños de dos años hicieran chocar sus canicas y el universo hiciera chocar dos cañonazos, uno contra otro. Nosotros estamos en la escala de dos canicas. Pero aún así podemos descubrir cosas y lo estamos haciendo", señala.

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NASA/CXC/M.Weiss (Wikimedia)

De las tres teorías, la menos improbable sería la del agujero negro, cuenta Corbí. No obstante, seguimos moviéndonos en posibilidades mínimas de que se den por todo lo anteriormente. Pero ¿qué pasa con las otras dos teorías? ¿Qué harían en el universo si llegasen a suceder?

Strangelet es una partícula hipotética según algunas teorías de la física actual. "Están en el límite de la teoría", comenta Corbí. Además de propiedades como la carga o la masa, se añadiría otra más: la extrañeza. "Y si tú cambias algo, lo cambias o alteras todo. Cambiando la cantidad de extrañeza, cambiarías la materia y el mundo, la realidad. Sería parecido a que desapareciera la realidad tal y como la conocemos. Esta propiedad la tendría toda la materia y cambiándola, se cambiaría toda la realidad", explica el físico.

Por otra parte, para entender la transición de fase que desgarraría el continuo espacio-tiempo hay que saber que el vacío en física cuántica es distinto a lo que podemos entender como vacío. "Para nosotros el vacío es la ausencia de cosas, pero en la física cuántica sí pueden haber partículas subatómicas", afirma Corbí. "La física teórica no solo predice que puede haber un vacío sino distintos tipos de vacíos y lo que dice Rees es que en una de estas altas colisiones energéticas podríamos pasar de un tipo de vacío a otro y es como si cambiaras los cimientos del universo". "Sobre él se construiría otra cosa distinta", señala Corbí.

"Estas tres teorías serían contaminantes: si ocurren en un punto, por ejemplo el LHC, se expanden por todo el universo a la velocidad de la luz, con lo cual todo el universo sería contaminado", explica el físico.

Así pues, lo que Rees cuenta en este capítulo de su nuevo libro es que la "teoría lo aguanta todo", según comenta Corbí. "Aguanta que puedas contaminar de extrañeza a tu vecino y aguanta también que puedas cambiar el estado de vacío de tu vencindario. Pero que son probabilidades ínfimas", añade. Así que tan solo hay que quedarse con estas opciones como un mensaje simpático de una de las personas más influyentes de la astrofísica actual.