No hay nada más adorable que la imagen de un cachorrito, sea del animal que sea. Pero si encima parece que el animal en cuestión te mira con una cálida sonrisa, solo te queda rendirte a ella con el corazón lleno de amor. Suena un poco cursi, y lo cierto es que lo es, pero se acerca mucho a la sensación que genera en muchas personas la imagen del quokka, un marsupial australiano cuya cara resulta tan tierna que incluso los ejemplares adultos generan esa sensación tan placentera.

Esa debe ser la razón por la que el tuitero Hans Pfaal compartió recientemente varias fotografías bajo la frase: “Os dejo un quokka, para que empecéis bien el día”. El tuit original tiene más de 21.000 me gustas y casi 7.000 retuits, pero sobre todo ha desencadenado una ola de nuevas publicaciones en las que otros muchos usuarios de la red social comparten esa y otras imágenes, mostrando su gusto por este animal, al que muchos califican como el más feliz del mundo. No es la primera vez que el quokka se cuela en la red, pues su poco miedo hacia el ser humano le lleva a ser bastante sociable, e incluso prestarse a posar en algunas selfies. Sin embargo, es importante recordar que no deja de ser un animal salvaje, al que debemos tratar con respeto, y que hay mucha historia detrás de esa sonrisa peluda.

La rata que resultó no serlo

En 1696, el explorador Willem de Vlamingh describió durante uno de sus viajes por aguas australianas una isla llena de ratas gigantes, a la que bautizó con el nombre “Rotte Nest”, proveniente del holandés Rattenest, que significa “nido de ratas”.

Con el tiempo se sabría que en realidad aquellas ratas gigantes eran un marsupial de la familia del canguro, pero con una apariencia muy diferente. Sin embargo, el nombre de la isla se mantuvo con pequeñas variaciones, hasta convertirse en la que hoy se conoce como Rottnest. Esta es precisamente el principal hábitat del quokka en la actualidad, aunque también pueden encontrarse en otras ubicaciones de Australia Occidental, como la isla Bald, y en poblaciones aisladas en puntos concretos de Perth y Albany. Además, existe una colonia pequeña en la Reserva Natural de Two Peoples Bay.

Tienen aproximadamente el tamaño de un gato, con un cuerpo de entre 40 y 55 centímetros y una cola bastante corta, en comparación con sus “primos” los canguros. Se alimenta de plantas, que dependen mucho de la zona en la que vive, aunque se decanta principalmente por las suculentas, que le aportan agua de cara a posibles periodos de sequía.

Christine Mendoza/Unsplash

Ojo con los selfies

El quokka es un animal de hábitos principalmente nocturnos, aunque también puede verse de día. De hecho, en las zonas frecuentadas por turistas es muy fácil de ver, pues no teme acercarse a los humanos.

Esta es la razón por la que ha posado en selfies junto a famosos, como el tenista Roger Federer o el actor Chris Hemsworth. Tal ha sido el éxito de estas imágenes que muchos viajeros buscan el momento de hacerse una igual, e incluso en algunas páginas turísticas se dan las directrices necesarias para tomarlas.

Sin embargo, no debemos olvidar que se trata de un animal salvaje. Es importante no tratar de agarrarlo y, por supuesto, no alimentarlo, pues cualquier comida ajena a su dieta puede ser perjudicial para él. Además, a pesar de su afable imagen, no duda en defenderse si se ve en peligro, de ahí que la enfermería de la isla Rottnest reciba numerosas visitas de turistas que han sido mordidos o arañados por ellos, en muchas ocasiones niños.

En cuanto al estado de conservación de este marsupial, se considera una especie vulnerable, principalmente por dos razones. Por un lado, la introducción en su hábitat de especies depredadoras, como el dingo o el zorro rojo europeo, ha llevado a que su población se merme notablemente. Por otro, la deforestación y preparación de grandes terrenos para la implantación de edificaciones y cultivos ha reducido en gran medida la extensión de su hábitat. Está claro que estos animales no tienen demasiadas razones para sonreír. Y sin embargo lo hacen. Los libros de autoayuda podrían usarlo como un filón, aunque en realidad no es más que la forma de su boca y su cara, sin implicaciones emocionales de ningún tipo, pero eso no quita que solo de verlos queramos abrazarlos. Eso sí, mejor no hacerlo si no queremos llevarnos un buen mordisco.