Ford es uno de los fabricantes que más está apostando por la investigación de los coches autónomos y eléctricos. Aunque de momento su base de automóviles en el mercado entran dentro de la combustión clásica, la compañía lleva tiempo anticipándose a un futuro de coches que se conducen solo y se alimentan de batería. El problema es que el desarrollo de coches autónomos no van rápido como la tecnología de soporte que necesitan. Y eso trae problemas de cara a una implantación masiva.

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Esto, a día de hoy, está generando mucha incertidumbre sobre la adopción particular. Y esto es un problema para la implantación masiva y, por tanto, para la vida útil de los coches autónomos. Si tenemos en cuenta la tasa de renovación y durabilidad de los coches particulares de combustión tradicional, esto últimos están un paso de gigante por delante de la vida útil esperada de un autónomo. Además la idea del autónomo está más enfocada a la flota comercial. Los usuarios renuevan menos sus coches, por lo que todo apunta a que el uso colectivo será normal con el tiempo.

El uso del coche particular medio, que en términos generales está parado casi todo el tiempo, junto a las economías de escala que han generado que su mantenimiento se haya abaratado brutalmente, hace que su vida útil media sea especialmente larga. Pero sin una adopción masiva de los autónomos, están destinados a uso en flota, en la que la tasa de desgaste y las necesidades de renovación se multipliquen, sin que se produzca un abaratamiento de sus desarrollo al mismo nivel que el coche tradicional.

Sobre este asunto, el jefe de Ford Autonomous Vehicles, John Rich, ha apuntando en esta entrevista cómo la tasa de renovación y la demanda de automóviles afectarán a la adopción y a la durabilidad de los coches autónomos. El directivo dice que la disminución de la demanda de automóviles apunta a que la vida útil de este tipo de coches será de cuatro años. ¿La razón? Como no está muy clara la implantación masiva particular de este tipo de coches, y se está apostando más bien por servicios de flota, los números no salen.

Por ello, la mayoría de los fabricantes de automóviles parecen estar invirtiendo en nuevas arquitecturas de motores de combustible que prometen una mayor eficiencia de combustible y menos emisiones que nunca. Eso supone un mayor desgaste, y por tanto, mayor necesidad de inversión y renovación que el coche particular actual.

Además, los desafíos de los eléctricos como un vehículo autónomo en este momento incluyen una "falta de infraestructura de carga dpara operar una flota. Las estaciones de carga y la infraestructura deben integrarse en la naturaleza intensiva de capital, de desarrollo de tecnología y operaciones"., apunta el directivo, lo que genera un problema añadido adicional.

En este sentido, además de los costes hay que tener en cuenta que la clave para que este negocio sea rentable es que los coches no paren, porque, según Rich, "si están parados en cargadores, no están ganando dinero". Y al final es la pescadilla que se muerde la cola: se necesita que los coches están siempre en funcionamiento para que el negocio de flotas autónomas salga adelante.

Y a mayor uso, mayor degradación de sus componentes. Si además entran en juego los eléctricos y su batería la cosa se complica aún más, dado que "se necesita una carga rápida diariamente para operar una flota, degrada la batería si se usa con frecuencia".

No obstante, la tecnología avanza con el tiempo, conforme la industria se asiente, los componentes serán más eficientes. Siempre y cuando sea rentable.

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