Un coche autónomo tiene multitud de sensores que captan la información del entorno. A través de algoritmos, el vehículo interpreta esos datos y decide acelerar, frenar o cambiar de dirección. Por ejemplo, si un grupo de personas va a cruzar en un paso de cebra, el coche capta el movimiento y predice sus acciones. Por tanto, decidirá frenar.

¿Pero qué pasa si es hackeado? En caso de un ataque cibernético, el coche podría “no ver” a los peatones y seguir su camino. Según David Ríos, catedrático en el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT), un escenario posible serían “atentados como el de las Ramblas de Barcelona, pero con coches autónomos”.

Esta y otras cuestiones, como el impacto de esta forma de movilidad emergente en el empleo y la economía, son las que estudia el nuevo proyecto europeo Trustonomy, en el que participa el matemático.

“En él trabajamos multitud de profesionales relacionados con este tipo de movilidad, desde compañías de fabricación de coches, aseguradoras, especialistas en cursos de autoescuelas hasta personas expertas en psicología, ingeniería o matemáticas”, explica Ríos.

Por ejemplo, se estudiará la comunicación entre el conductor y el vehículo. “Las últimas muertes provocadas por coches autónomos han sido causadas porque los humanos que los supervisaban no estaban prestando atención”, afirma el investigador. “Para evitar estas situaciones, el coche debe ser capaz de comunicarse de forma efectiva con el conductor, saber cuál es su grado de atención y lanzar advertencias cuando se requiera”, prosigue.

Según la clasificación más común, existen seis categorías para los coches autónomos. Los coches del nivel 0 dependen totalmente del conductor, y en el nivel 5 la conducción es totalmente autónoma, sin intervención humana. Los coches que se han desarrollado hasta el momento son de nivel 4, es decir, solo necesitan la participación del humano en casos de falta de visibilidad o fallo del sistema, pero “es necesario que se avise con suficiente antelación a la persona a bordo para que tome el control”, aclara Ríos.

Además, según las previsiones, habrá un tiempo en el que coexistirán en la carretera los vehículos totalmente autónomos, los semiautomáticos y los tradicionales. Este periodo presentará nuevos desafíos tecnológicos. “Los coches autónomos podrán reconocer qué tipo de vehículos están a su alrededor y actuar de una forma u otra”, detalla Ríos, y añade que se deberán construir modelos de actuación de los conductores humanos.

Afectará al empleo

La principal misión de David Ríos en Trustonomy será estudiar el impacto de este tipo de movilidad en la economía y en la sociedad. El matemático creará “mapas de ventajas y riesgos” para analizar, por ejemplo, cómo afectará al empleo el uso masivo del coche autónomo.

“Hay trabajos relacionados con la conducción que probablemente desaparezcan”, detalla, “así como cambios en las normas de circulación o las pólizas de seguros”.

“Por ejemplo, se deberá decidir de quién es la responsabilidad en caso de accidente, si de las personas a bordo, de la empresa que fabricó el coche, de la desarrolladora del software o incluso de quien haya diseñado el algoritmo”, agrega.

No obstante, el matemático asegura que la movilidad autónoma evitará muchos accidentes porque más del 90 % son producidos por errores humanos: “Mucha gente toma alcohol o drogas y luego conduce. Todo esto desaparecerá con los coches autónomos”.

“Además, tendrá aún menos sentido tener un coche particular. Simplemente llamaremos a un coche autónomo para que nos lleve del trabajo a casa, y el resto del día el vehículo podrá hacer otros trayectos. De esta forma, se podrán resolver muchos problemas de aparcamiento y habrá menos emisiones de gases contaminantes”, añade.

Ríos afirma que los coches autónomos ya son una realidad. “Hay empresas que ya anuncian modelos para el año que viene aunque, según las previsiones, no estarán generalizados hasta dentro de 15 o 20 años”. Aun así, el matemático alega que la movilidad autónoma “es una gran revolución”, y con este proyecto tiene la esperanza de poder preparar a la sociedad para su llegada.

Este artículo fue publicado originalmente en Agencia Sinc