La noche del 14 al 15 de abril de 1912, los sueños de miles de personas les fueron arrebatados de cuajo después de que el barco que les llevaba hacia ellos se golpeara contra un iceberg que había pasado desapercibido en la negrura de la noche.

La historia del Titanic es más que conocida. El irrompible, el barco de los sueños, ese trasatlántico, cuya partida hacia América había protagonizado titulares en todo el mundo, fue reducido a un montón de escombros en apenas unas horas, dejando tras de sí a más de mil víctimas, y muchos menos supervivientes, de los cuales ninguno vive a día de hoy para rememorar la tragedia que vivieron. Aquella noche el buque sembró el Atlántico de cadáveres, pero hoy es todo un remanso de vida. Vida que, poco a poco, está acabando con él. Y es que, como se puede observar en los últimos vídeos del naufragio, la corrosión salina y las bacterias están degradando paulatinamente lo poco que aún sigue en pie. ¿Pero quiénes son esas bacterias capaces de comerse el metal?

Las bacterias del Titanic

En 2010, un equipo de científicos de la Universidad Dalhousie, de Canadá, y la Universidad de Sevilla publicaron los hallazgos obtenidos tras analizar algunas muestras extraídas de los rustículos del Titanic.

Estos son una serie de estructuras similares a las estalactitas, pero compuestas principalmente por óxido. Pueden verse claramente en las fotos más famosas del naufragio, tanto en las antiguas como en las que han tomado recientemente miembros de la empresa Caladan Oceanic.

Los primeros análisis mostraron que estos “cuernos” fantasmagóricos habían sido el resultado de la descomposición del metal, llevada a cabo por 27 cepas de bacterias, entre las que se encontraba una que no había sido descrita hasta entonces. Se trataba de una Gram negativa, flagelada y capaz de vivir en presencia de oxígeno, a la que bautizaron como Halomonas titanicae, en honor al lugar de su descubrimiento.

En su día, una de las investigadoras responsables del hallazgo, Henrietta Mann, aseguró en Live Science que, si bien el efecto de estas bacterias sobre “el barco de los sueños” estaba siendo trágico, el hallazgo de estos y otros microbios puede ser de gran interés de cara a la eliminación de otras naves o plataformas petroleras depositadas en el fondo marino.

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No todas las embarcaciones tienen la fama del RMS Titanic. Algunas se consideran más que restos de basura submarina, pero el famoso transatlántico es una joya histórica, que desgraciadamente está desapareciendo poco a poco. De hecho, la última vez que se bajó hasta el naufragio para realizar fotos, hace catorce años, los expertos vaticinaron que podría desaparecer antes de 2030. Tras la última expedición a las profundidades no se han hecho aún declaraciones sobre esto; pero, dado el estado en el que se observa todo lo que queda del barco, no parece que vaya a durar mucho tiempo más. Por ejemplo, se ha comprobado que varias partes del barco han colapsado, especialmente en la zona en la que se encontraban los camarotes de lujo y la habitación del capitán. Resulta paradójico, si se tiene en cuenta las grandes diferencias que hubo en su día entre los pasajeros de las diferentes clases sociales. Y es que ni el mar ni las bacterias distinguen entre ricos y pobres. Todo lo que queda del emblemático navío será destruido por igual y, más de un siglo después, dejará de ser preso del océano para convertirse por completo en parte de él.