– Jul 5, 2019, 12:02 (CET)

‘Stranger Things’, tercera temporada: un verano lleno de lugares comunes, pero divertido

La tercera temporada de Stranger Things se estrenó recientemente en la plataforma de Netflix. Esta es nuestra reseña sin spoilers.

La esperada tercera entrega de Stranger Things se ha estrenado en Netflix. Las nuevas aventuras de los amigos de Hawkins en esta ocasión tienen lugar en el verano de 1985, específicamente en la víspera de la celebración del 4 de julio. A lo largo de los 8 episodios veremos como los enemigos del Upside Down no dan paz a la pandilla, la cual enfrentará nuevos retos, no solo sobrenaturales sino de la vida misma.

Aquí hablaremos de la tercera temporada de Stranger Things sin spoilers.

El caluroso verano del pueblito de Hawkins trajo consigo muchos cambios: un nuevo alcalde, una piscina pública y un flamante centro comercial. Pero, como es costumbre desde los siniestros experimentos del Laboratorio Nacional de Hawkins, las cosas se complicarán con portales a otras dimensiones y criaturas mortales. El enemigo que tanto trabajo costó vencer a Eleven y compañía sigue de "este lado" y, como siempre, no será fácil erradicar su amenaza. Eso sí, en la trabajosa travesía hacia la victoria, encontraremos mucha acción —mucha, mucha más que en las anteriores entregas—, personajes que evolucionan de forma muy interesante, por supuesto, cientos de guiños a la nostalgia ochentera y, por otro lado, bastantes escenas predecibles y clichés.

Es verdad que Stranger Things alcanza cierta "madurez" en su tercera temporada, pero también es justo decir que hace uso de fórmulas más que conocidas a lo largo de su trama, tanto en las partes de acción, como en las de drama y en las de humor. Y es que luego de lo sucedido en las temporadas pasadas y el inevitable crecimiento de los personajes, tendrán que enfrentar nuevas situaciones de la vida. Esto por un lado es muy interesante, porque los hermanos Duffer saber retratar muy bien las etapas de los muchachos y el proceso en el que se encuentra cada uno. Eleven y Mike, por ejemplo, se la pasan juntos el verano, mientras que Dustin regresa de su campamento de ciencia y Will no puede con los cambios que se van presentando en su círculo de amigos y, sí, en su vida personal.

Por otro lado tenemos a nuestro policía de Hawkins favorito: Hopper, quien no sabe como poner límites a su hija. Joyce, quien perdió a su querido Bob en la temporada pasada. La otra pareja, Nancy y Jonhathan están de practicantes en el periódico local y enfrentándose por primera vez a algo más feo que los Demogorgons: la vida adulta. Pero quien sufre la transformación más horrenda es el propio Hawkins, su aire de pueblito tranquilo y típico estadounidense va desapareciendo en aras de la modernidad, la moda, las tiendas de marca y las escaleras eléctricas de un centro comercial. Esto último viene al caso porque el mall es la careta de un plan siniestro que solo traerá muerte y destrucción a Hawkins. ¿Con qué motivo? Por un tema que hoy nos parece lejano, pero que en 1985 se respiraba desde varias décadas atrás: la Guerra Fría.

Aquí es en donde encontramos un tema que, si bien es común y hasta normal en los productos estadounidenses de entretenimiento, no deja de ser cansino: los soviéticos malvados hasta la médula. Es decir, los clásicos soviéticos retratados hasta el hartazgo en series y películas con cara de malos, que pasan toda la serie sin decir casi o ningún diálogo, que parecen indestructibles y que buscan devastar el planeta quién sabe con qué fin. Probablemente es uno de los legados de las sagas de cine de acción que —por favor— ya se debería dejar atrás, y sin embargo, en Stranger Things se utiliza como eje central. Si vemos el lado positivo, el enemigo y sus fechorías propician los enredos y peligros de los protagonistas, pero también genera esos momentos infames de la ficción en los que son representados como seres despersonalizados, como personajes de desecho, en un tono que nos parece decir: qué importa, son soviéticos, y esto era más bien innecesario para la trama.

Hawkins bajo amenaza

Una de los grandes aciertos en esta entrega de Stranger Things es que varios personajes llegan a ser grandiosos. No solo los conocidos, sino también los nuevos. Esto va principalmente por la compañera de trabajo de Steve Harrington, Robin (Maya Hawke) y por Erica (Priah Ferguson), la petulante hermana pequeña de Lucas, que, aunque la conocíamos, jamás la habíamos visto en acción como en esta entrega. Ambas son personajes frescos, divertidos y amenos que brillan en muchos sentidos. Por otro lado, cada personaje tiene su propia complejidad y aquí no encontraremos fallas, pues su evolución es muy entrañable y divertida.

A diferencia de las otras entregas, la pandilla está separada durante la mayor parte del tiempo, siguiendo eventos extraños que parecen inconexos pero que, por sus experiencias pasadas, saben que están relacionados con el Upside Down. Eso sí, una vez se reúnen en el largo y dinámico episodio final, se siente una cohesión muy interesante, llena de emociones, peligros, momentos hilarantes y sí, muchos lugares comunes que nos recordarán a un montón de otras películas y series. A veces esos lugares comunes caen muy bien en la trama pero también es cierto que este recurso está en toda la temporada, podemos decir que para bien y para mal.

Así como los personajes evolucionan y cambian, al final la mayoría tendrá que afrontar situaciones que los transformarán para siempre. Varios de ellos nos tienen reservadas revelaciones importantes y finales inesperados, otros serás arrastrados por los clichés. A pesar de sus fallos, sus puntos débiles e inverosímiles, la tercera temporada de Stranger Things cierra mucho mejor de lo que se espera tras los primeros episodios.

Es cierto que el elemento sorpresa de la primera temporada de Stranger Things se terminó hace mucho tiempo, también que la nostalgia ochentera se ha explotado hasta el límite, sin embargo, la nueva entrega logra superar la segunda —no así la primera— y capitalizar lo mejor de la historia. De cualquier forma el verano Hawkins nos espera con una nueva aventura, con muchos lugares comunes pero entretenidos, y un cierre que ya huele a final definitivo, aunque deja la puerta entreabierta. Ya veremos si los creadores y la plataforma nos darán una cuarta, y esperamos final, temporada de esta serie.

Las temporadas de Stranger Things se encuentran disponibles para todos los suscriptores de Netflix desde el 4 de julio.