Han pasado algo menos de 100 años desde que el entonces reconocido artista Houdini, posteriormente bautizado como uno de los mejores ilusionistas, comenzase a escapar de los candados más imposibles. Cadenas bajo el agua, ojos tapados y, como por arte de magia, ya estaba fuera. Por aquel entonces, pocos eran los fabricantes de candados; uno de ellos, Master Lock, se atrevió incluso a dar consejos al genio del escapismo.

Ahora, ya en el siglo XXI, y sin Houdini a la vista, el mundo de los candados ha pasado a convertirse en un sector altamente sofisticado. Muchos de ellos con base tecnológica, la mayor parte de la compañías de candados han encontrado un nuevo aliado. De aquí a un tiempo, ha sido el sector de los pisos turísticos el que han relanzado el mercado de los candados con una nueva perspectiva.

Airbnb, y el resto de las compañías de alquiler turístico, lo llamaron "llegada autónoma". ¿Cómo hacer que los inquilinos pudiesen entrar sin tener que estar pendiente de sus horarios? La respuesta de la tecnológica fue la de tomar algo que en algunos países era común: los candados para llaves o pequeñas cajas fuertes. En Francia, empleada para niños o personal sanitario, la costumbre de dejar las llaves "escondidas" en un pequeño candado venía de largo; evitando de esta manera que se perdiesen por el camino. En España, y por extensión en México, las cuestiones de seguridad y desconfianza no contemplaban tal hecho; el hecho de dejar una llave colgando en la entrada de la misma casa que abren abría un gran conflicto. De hecho, algunos movimientos de vecinos han intentado acabar con esta tendencia. El 'Comando Loctite', apodado por El País, está formado por aquellas organizaciones de vecinos en contra de estos candados –y muchos de ellos del alquiler turístico–; su trabajo es inutilizar estos sistemas con, evidentemente, pegamento.

Sin embargo, lo que parecía una locura de seguridad, ha terminado siendo una solución para muchos. De forma extrema en aquellos lugares en los que Airbnb tiene más oferta, como puede ser Nueva York, donde las entradas a las casas cuentan a miles los candados de seguridad, Madrid y Barcelona se han unido al modelo.

Master es solo uno de los que ofrecen el sistema, pero la oferta de este modelo es inmensa. Para la compañía americana, el uso de estos modelos ha sido completamente sorpresivo; nacidos en 2004 –cuatro años antes de Airbnb– echan cuentas en España y asumen que prácticamente el 95% de sus ventas están dirigidas a los alquileres turísticos. "En todos los mercados observamos un crecimiento a 2 cifras", explican desde la compañía, "pero el porcentaje de ventas para el uso turístico es imposible de conocer, aunque suponemos que es la mayor parte de los usos en todos los mercados".

En contacto con la tecnológica desde hace tiempo, reconocen que es curioso ver la evolución de los pisos turísticos a través de la venta de estos mismos candados. Lo que comenzó siendo un éxito en algunas zonas costeras en los inicios de los nuevos modelos de alojamiento, principalmente en zonas de Valencia o Mallorca, pronto comenzó a encontrar nuevos paraderos. Desde hace tres años, analizan, el volumen de negocio de ha trasladado a las grandes ciudades: Madrid y Barcelona. Por encima de las expectativas, estas ciudades se han llenado de candados en poco tiempo. La ventaja es que, en algunas zonas, la presencia de estos candados en las puertas de acceso ha servido como sistema para identificar, y sancionar cuando no cumplan la normativa, a los pisos turísticos en las grandes ciudades.

Pese a que todas las compañías de candados avisan de la necesidad de extremar las precauciones cuando las llaves son las que están en juego, no todos siguen las insutrucciones. Dejar los candados fuera de la vista, poner varios para los diferentes niveles de acceso o cambiar las contraseñas con cada nuevo inquilino... Sea como sea, los vecinos no se fían y ya están pidiendo una regulación al respecto.