¿Qué tienen que ver la astronomía y la oncología? A bote pronto, nada. Sin embargo, la colaboración entre científicos de ambas ramas ha dado lugar recientemente al nacimiento de una serie de técnicas que podrían unirse al arsenal de armas del que el ser humano lleva años haciendo acopio para su lucha contra el cáncer.

Este trabajo, que se dará a conocer públicamente mañana durante la Reunión Nacional de Astronomía de Reino Unido, es un claro ejemplo de la importancia que tiene que ramas de la ciencia aparentemente distanciadas pongan en común sus herramientas, con el fin de potenciar los resultados que solo habrían podido obtenerse con una de ellas. En este caso, la protagonista de la historia no es ni más ni menos que una vieja conocida de los astrónomos: la luz.

La luz en astronomía

La luz es una herramienta clave en astronomía, a la que se pueden dar muchísimas aplicaciones muy diferentes.
Por ejemplo, el estudio de la luz dispersada, absorbida y emitida en las nubes de gas y polvo sirve para aportar información muy importante de su contenido.

Además, es de gran utilidad en la búsqueda de exoplanetas, ya que la interacción que estos tienen con la luz de su estrella anfitriona ayuda a los astrónomos a detectarlos, e incluso a saber aproximadamente algunos parámetros de ellos, como su tamaño.

Definitivamente, la interacción de la luz con un cuerpo tiene mucho que decirnos sobre él, da igual si es un planeta o un tumor. Por eso, el científico biomédico de la Universidad de Exeter Charlie Jeynes decidió unir su equipo al de Tim Harries, astrofísico y profesor de la misma institución. Ambos agruparon sus conocimientos en la búsqueda de herramientas útiles para el diagnóstico y el tratamiento de dos de los tipos de cáncer más frecuentes: el de mama y el de piel.

El primero es uno de los tumores con tasas de mortalidad más bajas, pero para ello es necesario que se haga un diagnóstico temprano del mismo, pues en las primeras fases la supervivencia cinco años después asciende al 90% de los casos, mientras que en fases avanzadas solo se alcanza el 15%. Por eso, es importante el desarrollo de técnicas que permitan detectar las células cancerosas poco después de comenzar a proliferar. Para ello, el equipo de Jeynes y Harries ha llevado a cabo un método similar en cierto modo al de los exoplanetas. Se sabe que este tipo de cáncer da lugar a la formación de pequeños depósitos de calcio en los senos. Como resultado, la longitud de onda de la luz que pasa por el tejido enfermo sufre una modificación que puede ser detectada, dando pistas sobre la presencia del tumor.

Para ello se unieron a otro investigador de la Universidad de Exeter, Nick Stone, quien colaboró para refinar ciertos modelos computacionales dedicados al estudio de estrellas y planetas, de modo que sirvieran también para analizar tejidos humanos. Dicho trabajo se encuentra en fases muy iniciales, pero sus autores esperan poder desarrollar en un futuro una prueba rápida que permita el diagnóstico de forma eficaz y evitando biopsias innecesarias.

En cuanto al segundo proyecto, en el que colaboró también la científica de la facultad de medicina Alison Curnow , se basa en el uso de la luz para tratar el cáncer de piel no melanoma.

Esta técnica constaría de dos componentes: un fármaco antitumoral activado por la luz y nanopartículas de oro con la capacidad de calentarse también en presencia de luz.

Por el momento han llevado a cabo simulaciones en las que se irradian el tumor y la nanopartículas, previamente administradas, con un haz de luz en el infrarrojo cercano. Pasado un segundo, las células tumorales se habrían calentado 3ºC, mientras que a los 10 minutos se alcanzarían los 20ºC, suficientes para destruirlas.

Hasta ahora este tipo de técnicas solo se han empleado con animales de laboratorio, pero estos investigadores esperan que los conocimientos sobre la luz de los expertos en astrofísica sirvan para ajustar los parámetros necesarios para extrapolarlo a humanos.

Aún queda mucho trabajo por delante para poder aplicar la información obtenida por estos científicos, pero los pasos que ya han dado sirven de ejemplo sobre algo que el propio Jeynes ha declarado en un comunicado de prensa: los avances en la ciencia fundamental nunca deben verse de forma aislada y la astronomía, por supuesto, no es una excepción. Y es que en esta rama de la ciencia todo es belleza: la belleza de mostrarnos mundos tan lejanos que jamás podríamos ver y ahora también la de ayudar a salvar vidas.