Frente la idea emergente de utilizar energías renovables como la solar, eólica e hidráulica respaldadas por una porción suficiente de nuclear que permita descarbonizar la producción eléctrica, la última ola de calor que recorre Europa hace asomar ciertas dudas.

Según informa Reuters, esta segunda gran ola de calor que azota Europa en lo que va de verano ha forzado a reducir la producción de energía eléctrica en las centrales nucleares del país en 5.2 gigavatios, o el equivalente al 8% de la producción nacional francesa.

Son seis reactores en Francia los que se vieron obligados a reducir su potencia de funcionamiento, e incluso a apagarse, el pasado jueves y hasta próximo aviso. Otro reactor más en Alemania. ¿Qué es lo que fuerza esta decisión? ¿Es la energía nuclear una fuente lo suficientemente robusta? Hablamos con el experto y divulgador tras @OperadorNuclear para arrojar algo de luz sobre ello.

Agua no tan fresca, y poca

Las centrales nucleares funcionan como una bomba de calor, que extrae la energía desprendida en la fisión que del combustible hacia un circuito que calienta agua fresca a una temperatura suficiente que le haga mover una serie de turbinas. Por tanto, estas se sitúan habitualmente junto a fuentes de agua abundante. De hecho, salvando unas pocas localizaciones en la costa, la mayoría de las centrales francesas se encuentran próximas a ríos y lagos.

Centrales nucleares en Francia

En mitad de una ola de calor, el agua fresca procedente de los ríos ya no lo es tanto, tanto por cantidad como por temperatura. Esto resulta en dos efectos negativos, el primero es que el rendimiento de la central es menor, puesto que la entrada de agua más caliente reduce la eficiencia. Esta diferencia de causa climatológica se aprecia normalmente también entre verano e invierno, y "si la temperatura ambiente es muy alta, es posible que pierdan algo de rendimiento termodinámico, entre el 5 y el 10% dependiendo de las condiciones", según afirma el experto.

Pero esto no un impedimento per se para su funcionamiento. De hecho, el operador contactado cita el caso de la central nuclear de Palo Verde, en Estados Unidos, que "instalada en el desierto y alejada de cualquier fuente de agua, tiene 4 GW de potencia y no tiene problemas de refrigeración, excepto la pérdida de rendimiento" comentada. Esto, sumado a que "pueden refrigerarse prácticamente en forma de circuito cerrado", las centrales nucleares podrían abastecerse de una cantidad menor de agua de la que "necesitan renovar parte".

Planta Nuclear de Palo Verde, en medio del desierto
Planta Nuclear de Palo Verde, en medio del desierto de Estados Unidos.

El segundo y más relevante efecto y motivo último tras las paradas es que, al venir los ríos con menor cantidad de agua y esta venir más caliente, podría suponer un perjuicio para el ecosistema si la temperatura aumenta por encima de los límites establecidos como seguros para este:

"En todos los países existe una limitación ecológica de calentamiento de los ríos por centrales térmicas para evitar dañar el ecosistema. Habitualmente son 3ºC de media diaria entre la temperatura de entrada del agua de refrigeración y el agua del mismo río una vez devuelta el agua más caliente de la central."

La nuclear, ¿preparada para la crisis climática?

La ola de calor que recorre Europa es excepcional, tanto que se han batido récords de temperaturas no vistos en generaciones, estableciendo alertas rojas una gran cantidad de países. En el caso de Francia, se encuentran con una sequía que ha obligado incluso a restringir el uso de agua. Su capital, París, acumula más de un mes sin precipitaciones, en el que es el comienzo de verano más seco desde 1873, según el WSJ.

Tierra seca
Fotografía: Ramin Khatibi, Unsplash.

El experto nuclear contactado afirma que esta "ola de calor [llega] combinada con muy poco viento, por lo que se decide, coordinadamente con el administrador de la red francesa, bajar potencia con sus centrales flexibles", que permitirían "garantizar el suministro eléctrico y la protección del ecosistema". Y es que las centrales nucleares no son las únicas afectadas, también los molinos de viento se encuentran en torno al 10% de su producción nominal.

Pero esta tendencia se engloba dentro de un escenario de de crisis climática donde se prevee que las olas de calor sean cada vez más frecuentes y severas. ¿Estamos preparados para ellas? El divulgador nos remite de nuevo al caso de Palo Verde y la solución adoptada allí:

"Instalar grandes balsas de almacenamiento de agua combinadas con más torres de refrigeración que permitan la evaporación de forma natural y garanticen que las centrales, durante esos períodos, no utilicen agua de los ríos y no los puedan calentar."

Por tanto, parece viable que la energía nuclear pueda ser esa pata de apoyo en la descarbonización del sistema de producción, incluso en el hipotético de una crisis climática agravada sobre la actual. Francia, a la cabeza en la producción eléctrica por esta vía en Europa se ha visto afectada ligeramente, y en medio de este evento sigue siendo exportador neto de energía libre de emisiones, incluyendo a España.

Llegado el caso, podrían ser necesarias, eso sí, las modificaciones mencionadas –agua embalsada y más torres de refrigeración– sobre las actuales centrales que añadan una capa de garantía extra para evitar tener que recurrir en un futuro a las actuales centrales térmicas basadas en combustibles fósiles como respaldo.

Volviendo al caso concreto de Francia, una hipotética adaptación a un clima más cálido podría seguir los pasos de los diseños españoles:

"En España lo sufrimos cada año, no es nada nuevo, pero al tener un clima más cálido, tenemos más torres de refrigeración. Cofrentes tiene dos torres, Trillo también dos y Ascó una de tiro natural y dos de tiro forzado –con ventiladores–."