La anorexia nerviosa, más y mal conocida como “anorexia” (la anorexia como tal supone simplemente una pérdida anormal del apetito), es un trastorno de la conducta alimentaria, considerado a día de hoy como la enfermedad psiquiátrica con una mayor tasa de mortalidad. Afecta aproximadamente entre el 1% y el 2% de la población mundial femenina y del 0’2% al 0’4% de los hombres, siendo las edades más habituales las comprendidas entre los 12 y los 21 años.

Al considerarse como una enfermedad de origen únicamente psiquiátrico, los tratamientos más frecuentes son la psicoterapia y la administración de antidepresivos y otros psicofármacos que tratan los síntomas de ansiedad, tristeza e impulsividad a los que normalmente va asociada. Además, es esencial mantener un plan de recuperación de peso y reeducación tanto dietética como nutricional. Todas estas son las mejores opciones con la idea que tenemos en la actualidad de la anorexia nerviosa, ¿pero qué pasaría si hubiese un componente detrás de su origen que pudiera haber permanecido oculto hasta ahora? Esta es la conclusión a la que ha llegado un equipo compuesto por investigadores de más de 100 instituciones ubicadas por todo el mundo, tras realizar un estudio en el que sacan a la luz una nueva pieza del rompecabezas de este trastorno: el metabolismo.

Genes y metabolismo

Para la realización de este estudio, publicado hoy en Nature Genetics, se utilizaron datos de 16.992 personas con anorexia nerviosa y 55.525 controles, todos ellos procedentes de 17 países de América del Norte, Europa y Australasia. Dicha información había sido recopilada por la Iniciativa de Genética de la Anorexia Nerviosa y el Grupo de Trabajo de Trastornos de la Alimentación del Consorcio de Genómica Psiquiátrica, con el objetivo de analizar el origen de la enfermedad a través del estudio de los genes vinculados a su aparición.

De este modo llegaron a una serie de conclusiones muy importantes. Para empezar, la base genética de la enfermedad se superpone con la de otros trastornos psiquiátricos, como el trastorno obsesivo-compulsivo, la depresión, la ansiedad y la esquizofrenia. Esto apoya la teoría de que tiene un origen psiquiátrico y explica por qué es tan común que las personas que la padecen muestren también síntomas de algunos de estos otros trastornos.
Sin embargo, comprobaron que algunos de estos genes coincidían también con rasgos asociados al metabolismo de los azúcares y las grasas, así como a los que están implicados en el desarrollo de las medidas corporales. Esto implicaría que en las personas con anorexia el organismo podría “utilizar” estos recursos de un modo fuera del habitual. Tendría sentido a la hora de explicar algunas de las grandes cuestiones de la anorexia nerviosa, como por qué algunas personas siguen adelgazando incluso después de que se les haya restablecido una dieta adecuada.

Finalmente, observaron también la presencia de genes vinculados con la actividad física, lo cual explicaría la tendencia de algunas personas anoréxicas a ser muy activas físicamente.

En definitiva, este hallazgo resulta de gran importancia, ya que puede ayudar a redirigir los tratamientos frente a la anorexia, al ofrecer otra vía sobre las que actuar. Además, ofrece nuevas pautas para detectar los factores de riesgo individuales de cada paciente, favoreciendo la posibilidad de obtener diagnósticos mucho más tempranos. Y es que, para actuar contra el enemigo, no hay nada como conocerlo.

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