Solo están en fase de investigación, pero la realidad de los coches autónomos en Europa cada día está más cerca. Con una regulación algo más restrictiva que la que rige en Estados Unidos –ya no solo Tesla, Uber o Google operan en California, también se ha permitido operar a dos nuevas empresas chinas–, la llegada de las primeras pruebas de coches autónomos dibujan una futuro tajante a medio plazo.

La división de este tipo de vehículos de Google, Waymo, ha cerrado un acuerdo en exclusiva con Nissan y Renault. De esta asociación se investigará cómo funcionaría, en un futuro no muy lejano, una flota de coches autónomos para pasajeros y repartos en Francia, y por extensión en el resto de Europa. Japón también entraría dentro del acuerdo, por lo que con esta medida, Waymo se asegura los tres mercados principales a nivel mundial: Estados Unidos, Europa y una parte de Asia. La idea del acuerdo estaría en entender las diferencias de seguridad vigentes en cada región con la idea de implantar su modelo en un corto espacio de tiempo. Un punto esencial; la seguridad sería una de las mayores preocupaciones a la hora de aprobar o no una regulación que permita la circulación comercial de estos vehículos.

Según el CEO de Waymo, John Krafcik, en declaraciones a Techcrunch, esto supone una apertura a nuevos países como China, conocido por su protección respecto a compañías extranjeras. Una situación que, a raíz de la guerra comercial entre Estados Unidos y China se ha acentuado. Y mucho más para Google después de su veto total a los terminales de Huawei anunciado a finales de mayo.

En el caso de Europa, la decisión de tomar a Francia como su punto de operaciones tiene sentido. Ya en 2018, Uber anunció su propio centro de investigación para taxis voladores en la capital del país. El objetivo de la compañía de transporte sería el de comenzar a operar a lo largo de 2022, dos años después de lo que tienen planeado para su negocio de taxis voladores en Estados Unidos. De hecho, hace apenas unos días, Uber presentó su visión de lo que sería un modelo de aeropuerto urbano. Su idea se fundamenta en los acuerdos con los promotores inmobiliarios y las propias ciudades para instalar esta suerte de helipuertos en las azoteas infrautilizadas.