Aunque el primer animal que nos viene a la mente al pensar en modelos experimentales es el ratón, existen otras muchas especies que se utilizan en investigación, según cuál sea el área que se está estudiando. En el caso de la memoria, es común estudiar los mecanismos neuronales de los caracoles y las babosas. Y es que, lejos de ser un insulto, los seres humanos tenemos bastantes factores en común con ellos en este aspecto. Lógicamente, nuestro cerebro es mucho más complejo, pero ciertos rasgos de su sistema nervioso, en lo referente al almacenamiento de recuerdos, se asemejan bastante a los de algunos mamíferos, como los propios humanos.

De hecho, en 2018 investigadores de la Universidad de California descubrieron en una babosa gigante, del género Aplysia, un proceso implicado en la consolidación de la memoria a largo plazo, que resultó estar presente también en ratones y otros mamíferos. Ahora, otro grupo de científicos, esta vez de la Universidad de Sussex ha utilizado a los caracoles del género Lymnaea para demostrar científicamente algo que muchas personas ponen en práctica durante su época de estudiantes: si tienes varios exámenes, no te atasques en una sola asignatura, mejor ve mezclándolas.

Memoria de caracol

Para la realización de este estudio, que se ha publicado recientemente en Communications Biology, sus autores tomaron un grupo de caracoles a los que adiestraron para recordar una serie de asociaciones entre ciertas sustancias y una recompensa azucarada o una menos agradable, a base de quinina, que tiene sabor amargo. Las lecciones se dieron con separaciones de una, dos o veinticuatro horas.

Así comprobaron que en una hora la enseñanza anterior permanecía en la memoria a corto plazo y un día después ya se había almacenado en la memoria a largo plazo, pero en dos horas se encontraba en una fase de transición entre ambas. Cabe destacar que tanto ellos como los seres humanos guardamos lo que acabamos de aprender en la memoria a corto plazo, pero finalmente solo guardamos a largo plazo aquello que nuestro cerebro considera importante, como cuando pasamos lo importante a una memoria externa para dejar espacio en el disco duro del ordenador.

En este proceso, los investigadores comprobaron que lo caracoles afianzaban de un modo diferente lo aprendido, según si las dos lecciones eran similares o muy diferentes. Concretamente, si eran conocimientos distintos no importaba el tiempo, pues ambos quedaban grabados en la memoria a largo plazo. En cambio, si estaban muy relacionados, la primera enseñanza se mantenía primero, a continuación la segunda “eclipsaba” a la primera durante la fase de transición, pero finalmente era la primera la que quedaba fijada a largo plazo.

Lógicamente, esto no quiere decir que no se puedan memorizar datos parecidos, sino que llevará más tiempo conseguirlo, en comparación a si son diferentes. Por eso, este hallazgo apoya que resulta positivo cambiar de una asignatura a otra cuando hay que estudiar varias materias, en vez de fijar una completa antes de pasar a la segunda. Es algo que hemos sabido siempre y que muchos hemos experimentado, pero ahora lo confirman unos simpáticos caracoles de charca. Sobran los motivos para ponerlo en práctica.